jueves, 11 de septiembre de 2008
lunes, 8 de septiembre de 2008
Orar con el Padrenuestro (9): “Padre, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal”
Padre,
sé que la tentación forma parte de la vida…
Encuentro muchos obstáculos en mi camino
que intentan alejarme de Ti…
Muchas veces me acecha la mentira,
la desconfianza, el desánimo…
Muchas veces siento que no merece la pena seguirte
y que incluso les va mejor a quienes no viven
según el Evangelio…
Padre, líbrame de la tentación de creerme más que los demás,
de pensar que puedo vivir sin Ti o al margen de Ti,
de confiar más en el dinero, en la imagen, en el poder.
Padre, protégeme en mi camino,
fortalece mi voluntad,
haz firme mi corazón
para vivir como auténtico hijo tuyo.
Inspirado en un escrito del P. Jorge de la Cueva, SJ, publicado en Magnificat del mes de agosto 2008, pp. 26-31.
sé que la tentación forma parte de la vida…
Encuentro muchos obstáculos en mi camino
que intentan alejarme de Ti…
Muchas veces me acecha la mentira,
la desconfianza, el desánimo…
Muchas veces siento que no merece la pena seguirte
y que incluso les va mejor a quienes no viven
según el Evangelio…
Padre, líbrame de la tentación de creerme más que los demás,
de pensar que puedo vivir sin Ti o al margen de Ti,
de confiar más en el dinero, en la imagen, en el poder.
Padre, protégeme en mi camino,
fortalece mi voluntad,
haz firme mi corazón
para vivir como auténtico hijo tuyo.
Inspirado en un escrito del P. Jorge de la Cueva, SJ, publicado en Magnificat del mes de agosto 2008, pp. 26-31.
sábado, 6 de septiembre de 2008
Padre nuestro de la alegría (Colaboración)
Padre Nuestro
que estás en la alegría,
que sea cada día santificado tu gozo.
Que venga, Señor,
tu risa a nuestras caras
y el cielo y tierra se haga
tu buen humor.
Danos hoy nuestra sonrisa cotidiana.
Perdónanos porque nos cuesta contagiarla
como nosotros perdonamos caras largas.
Y no nos dejes creer que esta vida es amarga
y líbranos del mal…
HUMOR
jueves, 4 de septiembre de 2008
Orar con el Padrenuestro (8): “Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos…”
Padre,
todos los días, cuando rezo el Padrenuestro,
te pido que perdones mis pecados…,
pero reconozco que, en realidad,
me resulta muy difícil sentirme pecador…
Me siento como el joven rico
porque no robo, no mato, cumplo con lo que está mandado…
O como el fariseo que te oraba en el templo
y te daba gracias porque era un hombre bueno,
no como otros…
Y, sí, Padre, en el fondo no me siento pecador
y siento que hay otros peores que yo,
a quienes juzgo y con quienes me comparo…
Padre,
quisiera sentir, más bien,
como el Hijo Pródigo…
¡Cuántas veces me he alejado de tu casa,
de tu amor, de tu voluntad…!
Y cuántas veces me has acogido con los brazos abiertos…
Padre, que me sienta necesitado de tu amor,
de tu perdón, de tu misericordia…,
pues sólo así tendré un corazón misericordioso.
Padre, que aprenda a perdonar de corazón, como Tú me perdonas.
Que no anide en mí el rencor ni el deseo de venganza…
que no guarde eternamente las ofensas…
Y que tenga la humildad y el coraje de pedir perdón…
Padre, que aprenda a perdonar
como Tú me perdonas…
Inspirado en un escrito del P. Jorge de la Cueva, SJ, publicado en Magnificat del mes de agosto 2008, pp. 26-31.
todos los días, cuando rezo el Padrenuestro,
te pido que perdones mis pecados…,
pero reconozco que, en realidad,
me resulta muy difícil sentirme pecador…
Me siento como el joven rico
porque no robo, no mato, cumplo con lo que está mandado…
O como el fariseo que te oraba en el templo
y te daba gracias porque era un hombre bueno,
no como otros…
Y, sí, Padre, en el fondo no me siento pecador
y siento que hay otros peores que yo,
a quienes juzgo y con quienes me comparo…
Padre,
quisiera sentir, más bien,
como el Hijo Pródigo…
¡Cuántas veces me he alejado de tu casa,
de tu amor, de tu voluntad…!
Y cuántas veces me has acogido con los brazos abiertos…
Padre, que me sienta necesitado de tu amor,
de tu perdón, de tu misericordia…,
pues sólo así tendré un corazón misericordioso.
Padre, que aprenda a perdonar de corazón, como Tú me perdonas.
Que no anide en mí el rencor ni el deseo de venganza…
que no guarde eternamente las ofensas…
Y que tenga la humildad y el coraje de pedir perdón…
Padre, que aprenda a perdonar
como Tú me perdonas…
Inspirado en un escrito del P. Jorge de la Cueva, SJ, publicado en Magnificat del mes de agosto 2008, pp. 26-31.
lunes, 1 de septiembre de 2008
Orar con el Padrenuestro (7): "Padre, danos hoy el pan de cada día"
Padre mío,
enséñame a vivir abandonado a tu Providencia,
pues sé que cada día me darás lo que necesito…
No te pido riquezas, ni fama, ni poder…
te pido sencillamente lo que necesito para vivir:
el pan del cuerpo y del espíritu:
el pan de la ternura, el pan del perdón,
el pan de la confianza, el pan del amor…
Padre,
que no viva obsesionado por el futuro,
que no me angustie pensando en el porvenir.
Sí, Padre, tú conoces mi vida
y sabes que muchas veces estoy inquieto por el mañana.
Padre, que no pretenda controlar todas las situaciones
ni tener todas las soluciones en mis manos…,
¡hay tantas cosas que no dependen de mí!
Por eso, quiero vivir abandonado en tus manos,
en tu Providencia que cuida de mí
a través de tantas personas que pones en mi camino.
Y, sobre todo, Padre,
que viva en acción de gracias
por ese pan que me das cada día:
la vida, el amor, las personas que llenan de luz
y de sentido mi existencia…
y por estar Tú en mi vida,
cuidando de mi débil y frágil existencia
y alimentándome con la Eucaristía.
¡Gracias!
Inspirado en un escrito del P. Jorge de la Cueva, SJ, publicado en Magnificat del mes de agosto 2008, pp. 26-31.
enséñame a vivir abandonado a tu Providencia,
pues sé que cada día me darás lo que necesito…
No te pido riquezas, ni fama, ni poder…
te pido sencillamente lo que necesito para vivir:
el pan del cuerpo y del espíritu:
el pan de la ternura, el pan del perdón,
el pan de la confianza, el pan del amor…
Padre,
que no viva obsesionado por el futuro,
que no me angustie pensando en el porvenir.
Sí, Padre, tú conoces mi vida
y sabes que muchas veces estoy inquieto por el mañana.
Padre, que no pretenda controlar todas las situaciones
ni tener todas las soluciones en mis manos…,
¡hay tantas cosas que no dependen de mí!
Por eso, quiero vivir abandonado en tus manos,
en tu Providencia que cuida de mí
a través de tantas personas que pones en mi camino.
Y, sobre todo, Padre,
que viva en acción de gracias
por ese pan que me das cada día:
la vida, el amor, las personas que llenan de luz
y de sentido mi existencia…
y por estar Tú en mi vida,
cuidando de mi débil y frágil existencia
y alimentándome con la Eucaristía.
¡Gracias!
Inspirado en un escrito del P. Jorge de la Cueva, SJ, publicado en Magnificat del mes de agosto 2008, pp. 26-31.
domingo, 31 de agosto de 2008
Meditando sobre el Padre nuestro (Colaboración)
Meditando las reflexiones sobre el Padre Nuestro, pienso que Jesús enseñó a los que le seguían a hablar con su Padre con esta oración alrededor de una mesa, mirándose las caras, haciendo penetrar a través de los gestos, las miradas y…!como no! con la palabra, cada una de las Enseñanzas que su Padre le había encomendado para instaurar su Reino.
Quiero compartir con vosotros algunas de las cosas suscitadas:
Padre nuestro… palabra clave, Dios nos ha creado para que consigamos ser hombres libres, sin los miedos que nos brotan de las “esclavitudes” que vamos haciendo nuestras y nos van paralizando hasta conseguir que seamos los “muertos” más activos que demanda la sociedad.
Santificado…
Tu nombre es Padre, que lo repita una y otra vez hasta sentir en lo más profundo de mi ser que soy hij@ tuy@.
Venga…
Padre, tu Reino es mi desarrollo progresivo en el que voy encontrándome contigo que eres Dios, en el que quieres que sienta a todos como hermanos, donde mi “yo” pase a ser TU yo.
Hágase…
Padre, tu voluntad es que sea hija tuya y que por encima de todo consiga ser persona libre sin que ninguna esclavitud me la arrebate
Danos…
Una mesa, un trabajo, una familia, pero…sobre todo danos TU REINO Y TU JUSTICIA.
Perdona…
Padre, permíteme romper las cadenas de todos los miedos que me tienen paralizada, concédeme el no juzgar, sobre todo de mi misma, enséñame a perdonarme y perdonaré a mis hermanos.
No nos…
Padre, enséñame a vivir por mí misma, no por el sendero que los demás quieren que viva.
Mi historia no está cerrada, está unida a la tuya, no está nada terminado.
Líbranos…
De construir mi casa sobre una Roca diferente a la Tuya.
Quiero compartir con vosotros algunas de las cosas suscitadas:
Padre nuestro… palabra clave, Dios nos ha creado para que consigamos ser hombres libres, sin los miedos que nos brotan de las “esclavitudes” que vamos haciendo nuestras y nos van paralizando hasta conseguir que seamos los “muertos” más activos que demanda la sociedad.
Santificado…
Tu nombre es Padre, que lo repita una y otra vez hasta sentir en lo más profundo de mi ser que soy hij@ tuy@.
Venga…
Padre, tu Reino es mi desarrollo progresivo en el que voy encontrándome contigo que eres Dios, en el que quieres que sienta a todos como hermanos, donde mi “yo” pase a ser TU yo.
Hágase…
Padre, tu voluntad es que sea hija tuya y que por encima de todo consiga ser persona libre sin que ninguna esclavitud me la arrebate
Danos…
Una mesa, un trabajo, una familia, pero…sobre todo danos TU REINO Y TU JUSTICIA.
Perdona…
Padre, permíteme romper las cadenas de todos los miedos que me tienen paralizada, concédeme el no juzgar, sobre todo de mi misma, enséñame a perdonarme y perdonaré a mis hermanos.
No nos…
Padre, enséñame a vivir por mí misma, no por el sendero que los demás quieren que viva.
Mi historia no está cerrada, está unida a la tuya, no está nada terminado.
Líbranos…
De construir mi casa sobre una Roca diferente a la Tuya.
jueves, 28 de agosto de 2008
Orar con el Padrenuestro (6): "Padre, hágase tu voluntad..."
Padre mío, quiero decir, como Jesús,
que no se haga mi voluntad sino la tuya…
Sí, Padre, quiero anteponer tu voluntad
a mis proyectos, mis gustos, mis caprichos…
Quiero que el motor, la guía y la brújula
de mi vida sea la identificación con tus designios…,
pues tu voluntad es la paz, la felicidad y la justicia
para todos los hombres, para mí mismo/a…
Padre, me entrego a tu voluntad
porque sé que tú sólo puedes desear lo mejor para mía…
Me entrego a tu voluntad
porque sé que esta voluntad es que ame y sirva
sin medida, sin llevar cuenta…,
que ame y sirva a todos, igual que hizo Jesús…
Padre, que viva mis ocupaciones de cada día
con el amor del hijo
que sabe que en lo que hace,
cumple los deseos de su Padre…
Que la atención a mi familia,
que mi responsabilidad en el trabajo,
que mi cercanía con los amigos,
que mi interés por los necesitados
sea el modo concreto de cumplir tu voluntad…
Padre mío…
Quiero repetirte desde el fondo de mi corazón:
“Hágase tu voluntad”…
en mi vida, en mi familia, en mi mundo…
Y que el abandono confiado en tus brazos
sea para mí fuente de paz y de confianza
pues sé que mi vida está en tus manos.
Inspirado en un escrito del P. Jorge de la Cueva, SJ, publicado en Magnificat del mes de agosto 2008, pp. 26-31.
que no se haga mi voluntad sino la tuya…
Sí, Padre, quiero anteponer tu voluntad
a mis proyectos, mis gustos, mis caprichos…
Quiero que el motor, la guía y la brújula
de mi vida sea la identificación con tus designios…,
pues tu voluntad es la paz, la felicidad y la justicia
para todos los hombres, para mí mismo/a…
Padre, me entrego a tu voluntad
porque sé que tú sólo puedes desear lo mejor para mía…
Me entrego a tu voluntad
porque sé que esta voluntad es que ame y sirva
sin medida, sin llevar cuenta…,
que ame y sirva a todos, igual que hizo Jesús…
Padre, que viva mis ocupaciones de cada día
con el amor del hijo
que sabe que en lo que hace,
cumple los deseos de su Padre…
Que la atención a mi familia,
que mi responsabilidad en el trabajo,
que mi cercanía con los amigos,
que mi interés por los necesitados
sea el modo concreto de cumplir tu voluntad…
Padre mío…
Quiero repetirte desde el fondo de mi corazón:
“Hágase tu voluntad”…
en mi vida, en mi familia, en mi mundo…
Y que el abandono confiado en tus brazos
sea para mí fuente de paz y de confianza
pues sé que mi vida está en tus manos.
Inspirado en un escrito del P. Jorge de la Cueva, SJ, publicado en Magnificat del mes de agosto 2008, pp. 26-31.
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