Mostrando entradas con la etiqueta Comentario san Mateo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Comentario san Mateo. Mostrar todas las entradas

sábado, 15 de abril de 2023

Domingo de Ramos (Ciclo A): ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! (Mt 21, 1-11)

 
1. LEE: Mt 21, 1-11

El Domingo de Ramos es el pórtico de la Semana Santa. En la liturgia se recuerda la entrada gloriosa de Jesús en Jerusalén y también se lee el relato de la Pasión. Con ello se resalta la dimensión sufriente y, a la vez, gloriosa, que contemplaremos en los días santos que se aproximan. Jesús entra montado en un burro. Es el rey manso y humilde que trae la paz, en contraste al poder que oprime y domina. Preparemos el corazón para acoger a aquel que viene en nombre del Señor a dar su vida como muestra suprema del amor de Dios a cada uno de nosotros y unamos al pueblo que lo aclama y lo acoge jubiloso.

2. MEDITA
  • ¿Comparto yo ese modo de ser sencillo y humilde de Jesús?
  • Los discípulos hacen exactamente lo que Jesús les dice, ¿y yo?
  • ¿Está mi mirada fija en Jesús, en su entrega amorosa, ahora que ya estamos a punto de empezar la Semana Santa?
3. ORA
  • Dialoga con el Señor... 
  • Pídele… Dale gracias… 
  • Haz silencio en tu interior…
4. COMPROMÉTETE
  • ¿A qué te invita su Palabra? 
  • ¿Qué podrías mejorar o cambiar?

jueves, 2 de marzo de 2023

II Domingo de Cuaresma (Ciclo A): "Este es mi Hijo amado..., escúchenlo" (Mt 17, 1-9)


1. LEE: Mt 17, 1-9

El Miércoles de Ceniza empezamos la Cuaresma, un tiempo de conversión, de afianzar nuestro seguimiento a Jesús, de ir creciendo como discípulos suyos. Ese día, el evangelio nos recordaba las tres grandes “prácticas cuaresmales”: la limosna, la oración y el ayuno, que tocan nuestra relación con el prójimo, con Dios y con nosotros mismos. De este modo, dábamos inicio a un itinerario espiritual como preparación a la gran fiesta de la Resurrección de Jesús.

El domingo pasado, primero de la Cuaresma, se nos proponía ir al desierto para tomar consciencia del modo en que solemos ser tentados, para así desenmascararlas y vencerlas. Este domingo, se nos propone un segundo paso, subir a la montaña con Jesús; obviamente, de manera simbólica.

La montaña tiene un gran simbolismo espiritual. La montaña es un lugar de encuentro con Dios. Moisés y Elías, por ejemplo, tuvieron profundas experiencias espirituales en lo alto de la montaña. Se nos invita, por tanto, a dedicar un tiempo y un espacio para profundizar en nuestra relación con el Señor.

Poco antes (seis días atrás, nos dice el evangelio), Pedro había reconocido a Jesús como el Mesías (Mt 16,13-20). Entonces, Jesús hizo a sus discípulos el llamado “primer anuncio de la pasión” (en total serán tres). Allí les comparte el destino que le espera: será tomado prisionero, torturado y ejecutado y, al tercer día, resucitará (Mt 16,21). Ante esto, Pedro lo toma aparte para disuadirlo y recibe de Jesús una respuesta muy dura: “¡Apártate de mí, Satanás… tú no piensas como Dios sino como los hombres!” (Mt 16,22-23). Increíblemente, el mismo que poco antes lo había reconocido como el Mesías de Dios, ahora es instrumento de Satanás… Así es nuestra vida…, podemos ser instrumentos de Dios o instrumentos del mal, aún creyendo que estamos actuando bien…

Después de esta reprimenda, Jesús les dice las condiciones que deben cumplir quienes quieran seguirlo, entre ellas, negarnos a nosotros mismos (¡dejar de ponernos en el centro!) y tomar nuestra cruz (Mt 16,24-27).

Todo esto debió dejar muy impactados a quienes lo escucharon… Y, en este contexto, Jesús toma consigo a Pedro, Santiago y Juan (precisamente quienes luego serán testigos de su oración en Getsemaní) para que lo acompañen a lo alto de la montaña y así fortalecerlos en su fe.

Allí, Jesús se “transfigura”, es decir, les revela su identidad más profunda, aparece resplandeciente, como quién es, ¡Hijo de Dios! Y, junto a Él, vemos a Moisés y Elías, representantes de la Ley y los profetas, hablando con Jesús. ¡Todo el Antiguo Testamento reconoce a Jesús como el mesías esperado! y, poco después, desaparecen, quedando Jesús solo… porque ahora, toda nuestra mirada y nuestra escucha, se centran en Él…

Pedro queda sobrecogido, entusiasmado, hasta el punto que quisiera quedarse ahí para siempre… (es lo que nos pasa a nosotros cuando tenemos una experiencia espiritual que nos llena de paz). Y, entonces, cuando él quiere quedarse instalado en ese momento sublime, una voz (¡el Padre!), les dice: “Este es mi Hijo” (igual que ya había dicho en el bautismo), y añade: “Escúchenlo”. ¡Esta es la invitación que se nos hace en esta segunda semana de Cuaresma, subir a la montaña para tener un encuentro con Dios, para escucharlo… Y, para la Biblia, escuchar y hacer, es inseparable. Subimos a la montaña para escuchar al Señor y para hacer lo que Él nos dice (si recuerdan, fue lo que la Virgen les dijo a aquellos sirvientes en las Bodas de Caná: “Hagan lo que Él les diga”).

Por eso, subimos a la montaña no para quedarnos ahí sino para, una vez que hemos escuchado, bajar a la llanura, bajar a nuestra vida cotidiana, pero bajar transfigurados, llenos de Dios, llenos de paz… para, en nuestras tareas de cada día, ser presencia de Dios en medio de nuestro mundo y, serlo, viviendo las actitudes y los valores que Jesús vivió y que nos transmiten los evangelio.

2. MEDITA
  • ¿Con qué frecuencia “subo a la montaña” para tener momentos de encuentro con Dios?
  • ¿Cuánto tiempo dedico a escuchar su Palabra?
  • Recuerda alguna experiencia en que Jesús se te ha hecho presente de manera especial.
3. ORA
  • Dialoga con el Señor...
  • Pídele… Dale gracias…
  • Haz silencio en tu interior…
4. COMPROMÉTETE
  • ¿A qué te invita su Palabra?
  • ¿Qué podrías mejorar o cambiar?

jueves, 23 de febrero de 2023

I Domingo de Cuaresma (Ciclo A): Tentaciones de Jesús en el desierto (Mt 4,1-11)

 

1. LEE: Mt 4, 1-11

El miércoles pasado iniciamos la Cuaresma, un período largo de preparación (40 días) hacia la Pascua, la gran celebración cristiana del triunfo de Jesús sobre la muerte, y anuncio y confirmación de nuestro destino final: la casa del Padre.

El color morado, propio de este tiempo, nos habla de interioridad. Y, sí, es un tiempo propicio para hacer silencio, para reflexionar, para revisar nuestra vida, para ponernos a punto… Para ello, el evangelio del Miércoles de Ceniza nos invitaba a cultivar las tres grandes “prácticas” cristianas: la limosna, la oración y el ayuno (¡en este orden!). La limosna es una llamada a poner al otro en el centro, una llamada a compartir, a la solidaridad, a estar pendientes de las necesidades de los demás, de su necesidad de escucha, de atención, de pan, de trabajo. La oración es una invitación a cultivar nuestra relación con Dios, a dedicar tiempo a estar con Él, a leer y meditar su Palabra. Y el ayuno nos ayuda a recuperar el dominio sobre nosotros mismos, sobre nuestras apetencias y deseos.

Hoy celebramos el primer domingo de Cuaresma, el primero de cinco (el sexto será Domingo de Ramos). Cada domingo, las lecturas han sido elegidas para ayudarnos a recorrer un itinerario de preparación espiritual. Y este itinerario inicia con la consideración de las llamadas “Tentaciones de Jesús en el desierto”.

Meditar en las tentaciones de Jesús nos puede ayudar a tomar consciencia de nuestras propias tentaciones. Conocerlas para desenmascararlas y vencerlas.

La clave para desentrañar la esencia de cada una de ellas está en la respuesta que da Jesús al diablo. Etimológicamente, “diablo” quiere decir el que divide, el que separa, precisamente porque lo que intenta es separarnos de Dios, dividirnos entre nosotros, fracturarnos por dentro.

Jesús lleva 40 días en el desierto, bajo un ayuno estricto. Al final, lógicamente, tiene hambre. Es entonces cuando va a intervenir el tentador. Se va a aprovechar de su debilidad, de su necesidad y le va a proponer algo razonable: «si eres Hijo de Dios, convierte estas piedras en pan». ¿Dónde está la trampa? En primer lugar, lo reta a demostrar que es Hijo de Dios violentando la naturaleza de las cosas en beneficio propio. En el bautismo, Jesús sintió con fuerza cómo el Padre lo llamaba Hijo. La tentación nos hace dudar de esta convicción profunda, nos incita a demostrarla pretendiendo que Dios satisfaga nuestras necesidades o buscando satisfacer nuestros deseos y necesidades con “pan”, con cosas materiales. Por eso, Jesús responde: «No solo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios»… También de pan, por supuesto, pero no solo… Cuántas veces se nos olvida que hay un “hambre” que solo lo puede satisfacer Dios.

Luego, el diablo lo lleva nada menos que al Templo, el lugar privilegiado de encuentro con Dios. Pero no lo lleva para que ore, sino para que monte un espectáculo, para que cometa una temeridad, para poner a prueba a Dios. Y, nuevamente empieza diciendo: «Si eres Hijo de Dios…» Por eso, Jesús responde: «No tentarás, no pondrás a prueba a Dios». Es decir, no dudarás de que Dios está contigo, no le pedirás “pruebas”, no pretenderás que haga lo que tú le pidas para creer en Él. Al Templo no se va tanto a pedir cuanto a orar, a poner nuestra vida en manos de Dios... Y cuántas veces lo hacemos… Creeré en Ti si… Cuántos han perdido la fe porque Dios no respondió a sus requerimientos… De hecho, cuando Jesús estuvo en la cruz lo tentaron diciéndole, si eres Hijo de Dios, ¡demuéstralo!, baja de la cruz… Si eres Hijo de Dios, que Él te salve… Y Jesús se mantuvo firme, con una confianza absoluta en su Padre Dios, sin pedirle pruebas extraordinarias… ¿Y nosotros?

Para la tercera tentación, el diablo lo sube a lo alto del monte… Si nos fijamos, lo lleva cada vez más alto. Es la tentación del poder entendido como dominio. Porque el problema no es el poder, todos tenemos poder, Jesús tuvo poder; el problema es usar el poder para colocarme a mí mismo en el centro, para abusar, para ser servido, no para servir. Y ese deseo de dominio, de control, puede llevarme a “venderme”, a sacrificar mis valores, mi familia, a traicionar a mis amigos… a olvidarme de Dios y adorar, rendirme a otros “dioses”… Es la tentación extrema, pues nos lleva a, de facto, prescindir de Dios y, hecho esto, a cometer cualquier tipo de atrocidad… Por eso, Jesús responde: «Solo a Dios adorarás…»

Estas tres tentaciones son prototípicas. Jesús las sufrió a lo largo de toda su vida pública y, más fuertemente aún, en la Pasión. Y también cada uno de nosotros las sufrimos, si bien muchas veces ni siquiera somos conscientes de ello.

Que este tiempo de cuaresma que empezamos sea una oportunidad para vivir momentos de desierto, de interioridad, de silencio; tiempo para leer y orar la Palabra de Dios; para descubrir todo aquello que nos aleja de Dios, del hermano… Tiempo para conocer nuestras tentaciones y vencerlas, para crecer en nuestro ser de hijos y hermanos.

2. MEDITA
  • ¿Soy consciente del modo como yo soy tentado?
  • ¿Cómo satisfago mi necesidad de seguridad? ¿Con “cosas”, con la búsqueda de prestigio y/o poder, o tengo puesta mi seguridad y confianza en Dios?
  • ¿Son la eucaristía y la Palabra de Dios mi alimento espiritual?
  • ¿En qué ocasiones yo también pongo a prueba a Dios?
  • ¿Uso mi “poder” para servir o para dominar?
3. ORA
  • Dialoga con el Señor...
  • Pídele… Dale gracias…
  • Haz silencio en tu interior…
4. COMPROMÉTETE
  • ¿A qué te invita su Palabra?
  • ¿Qué podrías mejorar o cambiar?

jueves, 16 de febrero de 2023

VII Domingo (Ciclo A): Amemos como somos amados por Dios (Mt 5, 38-48)

 

1. LEE: MATEO 5, 38-48

El evangelio de hoy nos presenta dos enseñanzas de Jesús muy importantes, que van al núcleo de su propuesta. Estas tocan dos temas “sensibles”: cuál debe ser nuestra respuesta cuando somos víctimas de alguna injusticia o forma de violencia, y cuál nuestro comportamiento con quienes nos han hecho daño.

En el primer caso, Jesús pide superar el “ojo por ojo y diente por diente”. Esta norma hace referencia a la ley del Talión, que lo que pretendía era una justicia proporcional, es decir, si alguien te quita un ojo, solo le puedes quitar uno, no dos, lo cual supuso un gran avance. Sin embargo, para Jesús no es suficiente. Para él, la única manera de terminar con la espiral de violencia (la ley del Talión terminaría por dejarnos a todos ciegos) es no responder al mal con mal, más aún, vencer el mal a fuerza de bien.

Esta invitación de Jesús, a muchas personas les parece demasiado extrema. Sin embargo, nos olvidamos que Jesús vivió así. Él renunció a toda forma de violencia, hasta el punto de morir injustamente en la cruz.

Con todo, esto no significa que asumamos una postura pasiva, que no hagamos nada. Fue precisamente esta cita del Sermón de la Montaña la que inspiró a Gandhi la lucha por la independencia de la India con métodos no violentos. Lo que se rechaza categóricamente es responder a la violencia con violencia.

La segunda enseñanza hace referencia a una disposición del libro del Levítico (19,18) y que refleja muy bien el sentir popular: «Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo»; es decir, amarás a quien te ama y rechazarás a quien te rechaza pues, no tengo por qué hacer el bien a quien me hace mal. ¡Bastante con no hacerle ni desearle mal! Y, sin embargo, Jesús va más allá pues, si actuamos así, ¿qué hacemos de extraordinario?, eso lo hace cualquiera. Jesús pone unos ejemplos extremos, exagerados. Habla de amar al enemigo precisamente para ilustrarnos un amor extremo, exagerado. 

Dicho esto, conviene aclarar que, cuando Jesús nos dice que lo propio del cristiano es amar incluso al enemigo, no se refiere a sentir afecto por él, ¡no mandamos sobre nuestros sentimientos! Lo que se nos pide es hacerle el bien, rezar por él; es decir, lo que se nos dice es que el amor no es un sentimiento, es una decisión. Yo amo no porque el otro lo merezca o porque espero algo de él, sino porque mi decisión es amar, independientemente de lo que el otro haga o me haga.

Ahora bien, lo importante es cómo Jesús justifica esa postura. Y su argumento es simple: se trata de actuar como actúa nuestro Padre celestial con la humanidad, con nosotros, conmigo. Y, ¿cómo actúa? Con un amor infinito, hagamos lo que hagamos, hasta cuando dimos muerte a su Hijo… Y si somos hijos suyos, lo normal es que actuemos como Él actúa. Más aún, es actuando así como alcanzamos nuestra “perfección”, es decir, alcanzamos la plenitud de nuestro ser, pues llegamos a ser plenamente imagen y semejanza de Dios que es amor.

El evangelio de hoy es uno de esos evangelios “difíciles”, exigentes. Aunque, si lo leemos despacio, no se nos pide más de lo que de hecho recibimos de Dios, un amor sin límites, e imitar el modo como vivió Jesús. Además, se nos revela el camino de la verdadera perfección, que no es la ausencia de defectos ni una vida sin tacha, sino que la perfección está en crecer en nuestra capacidad de amar a todos, siempre, sin condiciones, sin excepciones…, como somos amados por nuestro Padre/Madre Dios.

2. MEDITA
  • ¿Cómo vivo la invitación que me hace Jesús a amar a todos, siempre, incondicionalmente, incluso a los enemigos, a quienes me han hecho daño?
  • ¿Se podría reconocer al Dios de Jesús viéndome a mí en mi re­lación con los demás?
  • ¿Cómo me siento ante lo que propone Jesús?
3. ORA
  • Dialoga con el Señor...
  • Pídele… Dale gracias…
  • Haz silencio en tu interior…
4. COMPROMÉTETE
  • ¿A qué te invita su Palabra?
  • ¿Qué podrías mejorar o cambiar?

jueves, 15 de diciembre de 2022

IV Domingo de Adviento (Ciclo A): "José hizo lo que el ángel le dijo" (Mt 1, 18-23)


1. LEE: MATEO 1, 18-24

El IV domingo de Adviento es el domingo más próximo a la Navidad. Para prepararnos a esta gran celebración cristiana, la liturgia de la Palabra nos invita a contemplar el misterio de la Encarnación. Como estamos en el ciclo A, se lee el evangelio según san Mateo, c. 1, vv. 18-24. Así como san Lucas nos narra el anuncio del ángel a María; san Mateo nos presenta el que podríamos llamar el anuncio del ángel a san José. Lucas cuenta los episodios de la infancia poniendo de relieve la figura de María; san Mateo, en cambio, resalta más la figura de José.

Un primer dato importante es que, Mateo, al igual que Lucas, afirma con claridad que María ha quedado embarazada por obra del Espíritu Santo. Ahora, sin embargo, pone el foco en la reacción de José ante este hecho.

José está en un dilema. Su mujer está encinta y, obviamente, él no es el padre. Es un hombre religioso. La ley, en estos casos, manda lapidar a la mujer o, al menos, repudiarla, es decir, abandonarla. Pero al parecer, su conciencia le dice otra cosa. La lucha de José es grande. Y, cuando cae agotado, el Señor le puede despejar sus dudas a través de un ángel que le habla en sueños.

Muchas veces en la Biblia aparecen momentos en que Dios se manifiesta en sueños. Adán cayó en un profundo sueño antes de la creación de Eva. Jacob vio en sueños aquella escalera que unía el cielo y la tierra. José, el hijo de Jacob, es famoso por sus sueños… Así, muchos ejemplos. Este es un modo de decir que Dios no siempre se manifiesta de manera clara y contundente. Muchas veces, nos parece que ha sido como un sueño y necesitamos discernir...

El centro del relato es precisamente el anuncio del ángel. Él le revela a José que María ha concebido por obra del Espíritu Santo. Y, sobre todo, le revela la identidad de aquel que va a nacer a través de los dos nombres que le va a dar (recordemos que el nombre expresa la identidad). Aquel que va a nacer se llamará Jesús (Dios-salva) y Emmanuel (Dios-con-nosotros). Es decir, aquel niño es Dios que viene entre nosotros para salvarnos. Un detalle bonito es que será José quien, por indicación del ángel, le pondrá el nombre, como un modo de tomar parte en este acontecimiento tan importante.

Y, José, aquel hombre sencillo y profundamente creyente, acoge las palabras del ángel y hace lo que le dijo. En José podemos ver claramente qué es ser creyente: disponernos para escuchar la Palabra de Dios, acogerla y ponerla por obra.

Que estos días, ya cercanos a la Navidad, sean días para leer, escuchar y acoger la Palabra de Dios y ponerla en práctica. Y, no olvidemos que, la Palabra de Dios es, sobre todo, Jesús. En Él, Dios nos ha dicho claramente quién y cómo es Él y lo que nosotros tenemos que hacer y cómo tenemos que vivir.

2. MEDITA
  • En momentos de dificultad, cuando estoy en un dilema o tengo que tomar decisiones complicadas, ¿lo hablo con el Señor? ¿Lo pongo en sus manos?
  • ¿Actúo de acuerdo a la voz de mi consciencia?
  • ¿Escucho con atención la Palabra de Dios?
  • ¿Sé distinguir lo que me dice a mí personalmente?
  • ¿Pongo por obra aquello que el Señor me indica?
3. ORA
  • Dialoga con el Señor...
  • Pídele… Dale gracias…
  • Haz silencio en tu interior…
4. COMPROMÉTETE
  • ¿A qué te invita su Palabra?
  • ¿Qué podrías mejorar o cambiar?

viernes, 9 de diciembre de 2022

III Domingo de Adviento (Ciclo A): Cuando Dios rompe nuestras expectativas (Mt 11, 2-11)

1. LEE: MATEO 11, 2-11

El III domingo del Adviento es llamado también el domingo de la alegría (Domingo Gaudete). Una alegría que nace de saber al Señor cerca y de constatar cómo el Señor actúa en nuestra historia, en el hoy.

Los domingos segundo y tercero ponen el foco en una de las grandes figuras del adviento: Juan Bautista. En el evangelio de hoy, se nos muestra a Juan en la cárcel. Ha sido arrestado por el rey Herodes. Allí, oye hablar de Jesús, de lo que hace y de lo que dice. Su mensaje y sus obras lo confunden, pues no responde a sus expectativas. Él, Juan, había anunciado "mano dura" y un castigo inminente; Jesús, en cambio, perdón y misericordia. De allí su duda, ¿es Jesús realmente el Mesías?

Cuántas veces nos ocurre lo mismo a nosotros. Dios no responde a nuestras expectativas, a lo que esperamos de Él y, entonces, nos entra la duda y, no pocos, hasta pierden la fe. Por eso, esta tercera semana de Adviento nos invita a preguntarnos cuál es nuestra imagen de Dios, si esta realmente responde a ese Dios Padre y bondadoso que nos presenta Jesús, y si Jesús, aquel niño que nace en Belén, que yace en un pesebre, el siervo pobre y humilde, es aquel a quien seguimos.

Lo interesante es ver cómo responde Jesús. Jesús no se escandaliza ni entra a justificarse; sencillamente se remite a sus obras: los ciegos ven, los paralíticos caminan, los leprosos son purificados, a los pobres se les anuncia la buena noticia. Dios no se manifiesta a través de fuegos artificiales o con actuaciones extraordinarias. Su modo de hacerse presente es iluminándonos (dándonos luz en momentos de oscuridad, de turbación), curándonos de nuestras parálisis (de nuestras decepciones, postraciones, desánimos), dando buenas noticias a quienes parece que solo las tienen malas (los pobres).

Este modo de actuar de Jesús, en realidad, ya había sido anunciado por el profeta Isaías, el profeta de la consolación, así que Jesús lo que expresa es que Él se identifica con ese Mesías compasivo y misericordioso. Y, añade una bienaventuranza, «dichosos aquellos que no es escandalizan de su modo de actuar», es decir, que no se decepcionan de este modo de ser de Dios.

Esta es la buena noticia que nos trae esta tercera semana de Adviento. Y esto es motivo de alegría, de gozo. Nuestro Dios es un Dios compasivo y misericordioso y viene en medio de nosotros no con el afán de castigarnos, sino de ayudarnos a volver a casa, a reconstruir la fraternidad muchas veces fracturada, a dignificar y liberar a las personas.

2. MEDITA
  • ¿Cuál es mi imagen de Dios? ¿Corresponde al Dios que se nos revela en Jesús?
  • ¿Jesús da respuesta a mis búsquedas y esperanzas o aún estoy “esperando” y/o buscando en otra parte?
  • ¿Reconozco los signos de la presencia de Dios? Los ciegos ven, los paralíticos caminan, los leprosos son purificados, los sordos oyen, los muertos resucitan, la Buena Noticia es anunciada a los pobres? ¿O qué signos espero?
  • ¿Realizo yo esos signos que hacen presente al Señor en nuestro mundo?
3. ORA
  • Dialoga con el Señor...
  • Pídele… Dale gracias…
  • Haz silencio en tu interior…
4. COMPROMÉTETE
  • ¿A qué te invita su Palabra?
  • ¿Qué podrías mejorar o cambiar?

viernes, 2 de diciembre de 2022

II Domingo de Adviento (Ciclo A): Que nuestra vida dé buenos frutos (Mt 3, 1-12)

 

1. LEE: MATEO 3, 1-12

Entramos en la segunda semana de Adviento y continuamos nuestra preparación espiritual para celebrar el nacimiento de Jesús. 

En el II domingo de Adviento, usualmente se nos presenta la figura de Juan el Bautista, la persona llamada a preparar el camino al Señor. Todos los evangelios sinópticos concuerdan en que Juan hacía una fuerte llamada a la conversión. Nosotros hemos reducido la conversión a una cuestión moral y/o meramente interior. Convertirse, en cambio, es dar un giro, cambiar de dirección. Convertirme es mirar mi vida, ver si estoy viviendo según los valores del evangelio, de cara a Dios. Convertirme es hacer los “giros” necesarios para reorientar mi vida en esa dirección, la dirección del amor a Dios y a mis hermanos.

Con todo, el evangelio de Mateo habla concretamente de producir frutos de una sincera conversión; es decir, pone el acento en los frutos. Y, sí, una verdadera conversión, un sincero cambio de vida se manifiesta externamente, en modos de comportamiento, de reaccionar.

El tema de los frutos es muy importante. En muchos momentos la Sagrada Escritura pone el acento en los frutos. Jesús mismo se lamenta de no haber encontrado frutos en el pueblo judío. Y los frutos son modos de ser y actuar inspirados por el amor: perdonar, acoger, disculpar, escuchar, estar disponible, comprender, tener paciencia... ¡Hay tantas maneras de expresar el amor! Igual que al árbol se lo conoce por sus frutos; a las personas se nos conoce por nuestras obras.

En esta segunda semana de Adviento, por tanto, se nos pide que veamos qué frutos estamos dando y, sobre todo, qué frutos espera el Señor de mí. Ese será el mejor regalo que le podemos dar a Él y a los demás en Navidad.

2. MEDITA
  • ¿Qué frutos estoy dando? ¿Qué me diría el Señor? ¿Cómo me ve?
  • ¿Qué frutos espera de mí el Señor? ¿De qué necesito convertirme?
  • ¿Qué actitudes, que comportamientos debo cambiar para vivir más coherentemente mi vida cristiana y prepararme a la celebración del Nacimiento de Jesús?
3. ORA
  • Dialoga con el Señor...
  • Pídele… Dale gracias…
  • Haz silencio en tu interior…
4. COMPROMÉTETE
  • ¿A qué te invita su Palabra?
  • ¿Qué podrías mejorar o cambiar?

sábado, 26 de noviembre de 2022

I Domingo de Adviento (Ciclo A): ¡Vivamos con el corazón a punto! (Mt 24, 33-44)

 

1. LEE: MATEO 24, 37-44

Este domingo damos inicio a un nuevo año litúrgico y empezamos el Tiempo de Adviento, un tiempo que nos prepara a la Navidad, a la gran celebración del nacimiento de Jesús.

El Año litúrgico está pensado como un proceso catequético que nos ayuda a profundizar en nuestra fe y está concebido como un medio que favorece nuestro crecimiento espiritual. A lo largo de cada año, vamos recorriendo nuestra Historia de Salvación, el camino que Dios ha ido haciendo con la humanidad, y la vida de Jesús.

Empezar un nuevo año litúrgico, igual que cuando empezamos un nuevo año, también es un buen momento para reavivar nuestros deseos, cerrar etapas para prepararnos a un nuevo inicio. 

El Adviento nos recuerda algo muy importante: ¡Dios viene! No solo vino (pasado, en referencia a Jesús de Nazaret). No solo vendrá (futuro, en referencia a lo que conocemos como la segunda venida del Señor), sino que Dios viene, hoy, en nuestra presente, aquí y ahora. En un mundo tan convulsionado, donde muchos acontecimientos nos invitan a la desesperanza, el Adviento nos recuerda que nuestro mundo tiene futuro, pues está en manos de Dios. Y porque Dios viene, está viniendo continuamente, la primera llamada que se nos hace es a estar atentos, vigilantes.

Este año en concreto, las lecturas de los domingos corresponderán al ciclo A, por lo que leeremos sobre todo el evangelio según san Mateo.

El evangelio de hoy nos hace una llamada: «Estén prevenidos, estén preparados». Se insiste en ello porque muchas veces andamos por la vida en “piloto automático”. No esperamos ninguna novedad. Nos movemos dentro de rutinas conocidas, y Dios es novedad.

Para ilustrar esto, se no recuerda lo que pasó en tiempo de Noé. El mundo era un desastre, pero la gente vivía como si nada… Comían, bebían, se casaban… Y el diluvio los tomó por sorpresa… No estaban preparados… Algo parecido nos puede estar pasando a nosotros...

Así mismo, se nos dan otros ejemplos. Hay dos hombres trabajando, de repente, a uno se lo llevarán y el otro se quedará. Había dos mujeres en tareas ordinarias, a una se la llevarán y a otra la dejarán. Es decir, todos ellos estaban realizando sus tareas cotidianas, sin percatarse de que, de un momento a otro, podría suceder algo inesperado… De hecho, ¿quién nos asegura que acabaremos el día de hoy?

Esto no es para vivir con miedo, sino para vivir con consciencia. Es una invitación a aprovechar el tiempo que el Señor nos regala, a hacer del tiempo una oportunidad para amar y servir. Hay personas que viven tan pendientes del futuro (qué va a pasar) o del pasado (rencores, nostalgias), que no viven el momento presente. Y Dios está, Dios está viniendo hoy, en este instante.

Por lo tanto, el evangelio de la primera semana de Adviento nos indica cómo empezar nuestra preparación para acoger la venida del Señor: no vivir distraídos, como en tiempos de Noé; vivir con consciencia, despiertos, atentos hoy, ahora. El Señor viene, está viniendo siempre, no dejemos que pase de largo…

2. MEDITA
  • ¿Estoy atento/a a las venidas del Señor? Recuerda alguna experiencia.
  • ¿Vivo mi día a día con consciencia y responsabilidad, como si hoy fuera el último día de mi vida?
  • ¿Qué puedo hacer esta primera semana de Adviento para prepararme a la celebración de la Navidad?
3. ORA
  • Dialoga con el Señor...
  • Pídele… Dale gracias…
  • Haz silencio en tu interior…
4. COMPROMÉTETE
  • ¿A qué te invita su Palabra?
  • ¿Qué podrías mejorar o cambiar?

domingo, 6 de enero de 2019

Sigamos su estrella. (Mt 2, 1-12)


6 de enero… Hoy es el día de la Epifanía del Señor, el día en que celebramos su manifestación a los gentiles… Y cuando decimos “gentiles”, no queremos decir necesariamente “no creyentes” sino personas que aún no conocen a Jesús…; y no pocas veces somos los que nos confesamos creyentes quienes no lo conocemos…
Los Magos representan a esas personas que buscan… que buscan algo más… que no están satisfechas con lo que ya saben o conocen… que saben que aún les queda mucho por descubrir… que buscan algo que de verdad dé sentido a sus vidas… No buscan riquezas, ya las poseen… No buscan más conocimientos, ya los tienen… Buscan esa sabiduría profunda que solo se halla cuando tenemos un encuentro personal con Dios, sabiduría infinita, vida plena, amor desbordante…
Y porque buscan, porque su corazón está inquieto, descubren aquella estrella… Cuando buscamos, siempre aparecen estrellas en nuestro camino, pequeñas chispas, luces, inspiraciones… algo que nos permite atisbar una pista en el camino que puede dar respuesta a nuestras preguntas existenciales… Y, entonces, deciden seguirla… Es ahí cuando verdaderamente comienza la historia, cuando nos decidimos a seguir aquellas pequeñas luces e inspiraciones y nos ponemos en camino, cuando nos atrevemos a seguirla, aunque no sepamos dónde nos va a conducir…
La tradición nos dice que aquellos magos eran tres… La búsqueda no se realiza en solitario, el camino es más fácil cuando es compartido con otros buscadores, con otras personas que comparten nuestras mismas inquietudes… Juntos es más fácil superar las dificultades, los desalientos que, sin duda, se dan en nuestro caminar…
Llega un momento en que aquella estrella se detiene en Jerusalén… la ciudad santa… Eso les permite conocer a aquellos que eran capaces de descifrar el mensaje de la estrella, pues conocían las profecías… Meditar sobre esto me produce tristeza y me inquieta… Aquellos sacerdotes sabían mucho sobre Dios, pero no lo conocían realmente… Su fe no alentaba su vida, no calentaba su corazón, no los ponía en camino ni en búsqueda… Su fe les daba seguridad, la seguridad de lo ya sabido… Sin embargo, aún así, eran capaces de conducir a otros… ¡Qué gran misterio! Dios puede servirse de nosotros para iluminar a los demás a pesar de nuestras propias oscuridades… Y aquellos judíos, les señalan el camino… Debemos ser agradecidos con todos aquellos que, pese a sus limitaciones, nos han conducido hacia Jesús…
Pero no quedan seducidos por aquella sabiduría de las escrituras, y aquellos magos continúan su camino… La estrella vuelve a lucir en el firmamento y se detiene en Belén, sobre una pobre gruta en la que han hallado cobijo un matrimonio y su hijo recién nacido… Y aquellos sabios, no se dejan engañar por las apariencias… Porque, ¿acaso en medio de tanta carencia pueden encontrar aquello que están buscando? ¿Pueda una cueva de animales albergar la sabiduría? Trascienden las apariencias porque se dejan guiar por la estrella, por su corazón, por aquella luz que brilla con fuerza en su interior y les permite ir más allá… Y aquellos magos, aquellos sabios, aquellos reyes, se postran ante Jesús…, reconocen en aquel niño la sabiduría infinita, el amor desbordante, a Dios hecho visible ante ellos… Y ante Él, solo cabe postrarse y adorarlo, reconocerlo como nuestro centro, nuestro Señor, nuestro Salvador…
Y le ofrecen oro –sus bienes, lo que tienen–, incienso –su oración, su entrega–, y mirra –su fragilidad, su pequeñez–… Lo que son y lo que tienen…
Qué hermoso relato…  Cuán lleno de sabiduría… Y qué sencillo y clarividente…
Atrevámonos a seguir las estrellas que Dios pone en nuestro camino, nuestros sueños, nuestras intuiciones, nuestras búsquedas… Pongámonos en camino junto a otros peregrinos, junto a otros buscadores de infinito, de Dios… Preguntemos a los “sabios y entendidos”, pero no nos quedemos enganchados a ellos ni decepcionados por sus debilidades e incoherencias… Continuemos siguiendo su estrella… Sin duda, Dios nos conducirá ante Él… Y no nos dejemos engañar por las apariencias… En lo sencillo, en lo frágil, en lo que con tanta facilidad descartamos se pueden esconder los tesoros más preciosos… Y ofrezcámosle nuestra vida: nuestros dones, nuestros bienes (oro); nuestra oración, nuestras búsquedas (incienso) y nuestra fragilidad (mirra)… Él lo recibirá todo agradecido y, a cambio, se nos dará a sí mismo… ¿Acaso no ves cómo te sonríe?
¡Feliz día de Reyes…!

lunes, 19 de febrero de 2018

El camino más corto hacia Dios es el camino que nos lleva hacia el hermano.

La #Cuaresma es un tiempo dedicado en gran medida a nuestra conversión, a retomar el camino que muchas veces, sin darnos cuenta, hemos perdido. Por un lado, se trata de retornar a casa, bonita expresión para decir que retornamos a Dios, que es nuestra fuente, nuestro origen, quien sostiene nuestra existencia, pero no se trata de un retorno meramente “religioso”. Se trata de volver también a nuestros hermanos… Vivimos tan de prisa, con tantas cosas entre manos y en nuestra cabeza, que a veces se nos olvida “vivir”… Y vivir es ir por la vida con los ojos abiertos, disfrutando de las pequeñas cosas que se nos ofrecen, de las personas que nos rodean y que nos necesitan… Y, curiosamente, vivir así, nos ayuda también a redescubrir a Dios presente en nuestra vida. Porque, no lo olvidemos, la espiritualidad y el servicio van de la mano, el amor a Dios y a los demás, no pueden separarse.
Hoy Jesús en el evangelio es sumamente claro: Cada vez que distes de comer, de beber, que vestisteis o visitasteis a alguien que lo necesitaba, a mí me lo hicisteis (Mt 25).
Sí, el camino más corto hacia Dios es el camino que nos lleva al hermano. Vivamos el día sirviendo. No hace falta hacer grandes cosas. Basta estar atentos a lo que los demás pueden necesitar y dar esas pequeñas respuestas que incluso pasan desapercibidas… Y, al hacerlo, cae en la cuenta de que, con esos gestos, estás sirviendo al mismo tiempo a Dios pues, en lo profundo, todos somos UNO. 

domingo, 9 de abril de 2017

Domingo de Ramos (Ciclo A). Lectura de la Pasión (Mateo 26,14- 27,66)

Con la lectura de la Pasión se abren los días culmen, aquellos de los que deriva y a los que conduce toda nuestra fe. Aquellos que todavía nos enamoran. ¿Queréis saber algo sobre mí? -dice el Señor-. Os doy una idea: un hombre crucificado. La cruz es la imagen más pura y elevada que Dios ha dado de sí mismo.Y todavía permanece abierta una pregunta. "Apenas nada", de David M. Turoldo: No, creer en Pascua no es fe auténtica: ¡en Pascua eres demasiado hermoso! La fe verdadera es en Viernes Santo, cuando Tú no estabas allá arriba, cuando ni siquiera el eco responde a tu grito, y apenas nada da forma a tu ausencia.Antes, Jesús nos haba citado en otro lugar, un lugar que está por debajo, donde se ciñe una toalla y se inclina para lavar los pies de los suyos. ¿Quién es Dios? El que me lava los pies. De rodillas, ante mí. Sus manos sobre mis pies. Como Pedro, yo también quisiera decir: déjalo, no lo hagas, es demasiado.
Y Él: soy como el esclavo que te espera y, a tu regreso, te lava los pies. Pablo tiene razón: el cristianismo es escándalo y locura. Dios es así: es beso para quien lo traiciona, no rompe a nadie, se parte a sí mismo. No derrama la sangre de nadie, derrama su propia sangre. No pide sacrificios, se sacrifica a sí mismo.
Y queda rota toda imagen, toda idea que nos haga tener miedo a Dios. Y esto nos permite volver a amarlo como enamorados, no como sometidos. La suprema belleza de la historia es la que aconteció en las afueras de Jerusalén, sobre aquella colina donde Dios se deja clavar, pobre y desnudo, sobre un madero para morir de amor.
La piedra angular de la fe cristiana es la cosa más hermosa del mundo: bello es quien ama; bellísimo, quien ama hasta el final. Y el primero en acogerlo no fue un discípulo sino un extranjero, un centurión pagano: "realmente este era Hijo de Dios". No ante un sepulcro que se abre, no ante un destello de luces, sino en la desnudez de aquel Viernes, viendo a aquel hombre en la cruz, en el patíbulo, en el trono de la infamia, como un gusano, un soldado experto en la muerte, dice: "realmente este era Hijo de Dios. Ha visto a alguien morir de amor y ha entendido que es cosa de Dios.
"Estaban allí muchas mujeres mirando desde lejos". En aquella mirada, llena de amor y de lágrimas, en aquel agarrarse con los ojos a la cruz, nació la Iglesia. Y renace cada día en que tiene hacia Cristo, todavía crucificado en sus hermanos, la misma mirada de amor y de dolor, que circula en las venas del mundo como una potente energía de Pascua.
(Ermes Ronchi - www.retesicomoro.it - traducido del italiano)

viernes, 10 de marzo de 2017

II Domingo de Cuaresma (Ciclo A): La Transfiguración de Jesús (Mt 17, 1-9)

La Cuaresma nos sorprende. La consideramos un tiempo penitencial, de sacrificios, de renuncias y, en cambio, hoy pone ante nosotros un Evangelio lleno de sol y de luz, que nos inyecta energía y da alas a nuestra esperanza. 
"Jesús tomó consigo a tres de sus discípulos y subió a lo alto de un monte". Las montañas son como una flecha que apunta hacia el misterio y la profundidad del cosmos; nos dicen que la vida es un ascender hacia más luz, más cielo.
"Y allí se transfiguró delante de ellos, su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos como la luz."
La exclamación sorprendida de Pedro: "¡Qué hermoso es estar aquí!" es propia de quien ha podido atisbar por un instante el Reino. No solo Jesús, no solo su rostro y sus vestidos, sobre el monte todo está iluminado. San Pablo escribe a Timoteo una frase bellísima: "Cristo ha venido y ha hecho resplandecer la vida". No solo el rostro y los vestidos, no solo los discípulos y nuestros sueños, sino la vida, aquí, ahora, la de todo
Jesús ha vuelto a encender la llama de las cosas. Ha introducido en las venas del mundo millones de estrellas. Ha dado esplendor y belleza a la existencia. Ha dado sueños y hermosas canciones a nuestro peregrinar. Bastaría repetir sin cansarnos: ha hecho resplandecer la vida, para reencontrar la verdad y el gozo de creer en este Dios, fuente inagotable de canto y de luz. Fuerza suave y potente que viene sobre nuestra vida para abrirnos ventanas de cielo.
Nosotros, que somos una chispa de luz en un cacharro de barro, ¿qué podemos hacer para dar paso a la luz? La respuesta nos la da la voz que viene del cielo: "Este es mi hijo amado, escuchadlo". El primer paso para ser contagiados de la belleza de Dios es la escucha, dar tiempo y corazón a su evangelio. El entusiasmo de Pedro nos ayuda a entender que la fe, para que sea fuerte, debe brotar del asombro, de un enamoramiento, de un ¡que hermoso!, dicho con todo el corazón.
¿Por qué creo? Porque Dios es lo más hermoso que he encontrado, porque creer me ayuda a descubrir lo bello que es vivir. Que es hermoso amar, tener amigos, explorar, crear, sembrar, porque la vida tiene sentido y se dirige hacia un desenlace bueno que empieza ya aquí y mira hacia la eternidad. 
Aquella visión sobre la montaña deberá permanecer viva y presente en el corazón de los apóstoles. Jesús con el rostro como el sol es una imagen a conservar y cuidar en el viaje hacia Jerusalén, viaje durísimo e inquietante, como signo de esperanza y de confianza.
Deben conservarla y guardarla para el día más oscuro, cuando su rostro será golpeado, desfigurado, ultrajado. En el momento de la prueba, un hilo mantendrá ligados los dos rostros de Jesús. El rostro que en la montaña desprende luz, en la última noche, en el monte de los olivos, chorreará sangre. Pero, incluso entonces, recordemos que, al final, vendrá la luz. "En la cruz ya se atisba la resurrección" (A. Casati).
(Ermes Ronchi - www.retesicomoro.it - traducido del italiano)

sábado, 4 de marzo de 2017

I Domingo de Cuaresma - Ciclo A. (Mt 6, 24-34)

Si Jesús hubiera respondido de otro modo a las tres tentaciones, no habríamos tenido ni la cruz ni el cristianismo. Pero, ¿qué es aquello tan decisivo que le proponía el diablo? No aquello que habríamos esperado, no aquellas en las que se ha centrado de manera casi obsesiva una cierta espiritualidad: la sexualidad y las observancias religiosas. De lo que se trata es de elegir qué clase de Mesías ser, qué tipo de persona. Las tres tentaciones afectan el mundo de las relaciones: la relación conmigo mismo y con las cosas (piedras o pan); con Dios, mediante un desafío propuesto a la fe (buscar un Dios mágico a nuestro servicio); con los demás (el poder y el dominio).
"¡Di a estas piedras que se conviertan en pan!". El pan es un bien, un valor indiscutible, pero Jesús nunca ha buscado el pan en su beneficio, se ha hecho pan en beneficio de los demás. Y responde con un juego de palabras, ofreciendo aún más vida: "No solo de pan vive el hombre". El pan es bueno, el pan da vida, pero más vida viene de la boca de Dios. De su boca ha venido la luz, el cosmos, la creación. Ha venido el soplo que nos ha da la vida, has venido Tú Jesús, amigo, hermano, amor, que eres palabra pronunciada de la boca de Dios para mí. Y también de Ti, yo vivo.
Segunda tentación: Tirarse de lo alto del templo; así veremos una legión de ángeles que vienen a salvarlo... ¡Qué buen milagro! A la gente le encantan los milagros y te seguirán. El diablo es un gran seductor. Se presenta como un amigo, como quien quiere ayudar a Jesús a realizar mejor su misión mesiánica. Más aún, le hace la propuesta con la Biblia en la mano ("está escrito..."). ¡Tírate, haz un milagro! La respuesta: "No tentarás al Señor tu Dios", por medio de aquello que parece ser un acto de confianza en la Providencia y, sin embargo, es su caricatura, porque solo busca su beneficio. Tú no te fías de Dios, solo quieres explotarlo, usarlo a tu servicio.
En la tercera tentación, el diablo alza un poco más el listón: "adórame y te daré todo el poder del mundo". Adórame, es decir, sigue mi lógica, mi política. Toma el poder, ocupa los puestos clave, cambia las leyes. Así resolverás los problemas, no con la cruz; con relaciones de fuerza y engaño, no con amor. ¿Quieres tener a la gente de tu parte? Asegúrales pan, milagros y un líder y los tendrás en tu mano. Pero Jesús no busca personas que dominar sino hijos libres, que amen, al servicio de todos y sin amo alguno. Para Jesús todo poder es idolatría.
"Entonces, los ángeles se acercaron y lo servían". Acercarse y servir son los verbos de los ángeles. Si en esta Cuaresma yo fuera capaz de acercarme y cuidar de alguien, regalando un poco de tiempo, de corazón, inventando una nueva caricia, para aquel "alguien" sería el descubrimiento de que "las manos de quien ama son como la de los ángeles".
(Ermes Ronchi - www.retesicomoro.it - traducido del italiano)

sábado, 11 de febrero de 2017

El cristianismo busca transformar el corazón. (Mt 5, 17-37)

Un evangelio de vértigo. ¿Cómo puede ser eso? También María le hizo esa pregunta al ángel aquel día, pero luego dijo: "hágase tu voluntad, modélame, como arcilla blanda entre tus manos, transfórmame el corazón". Y dio a luz a Dios. También nosotros podemos, como ella, llevar a Dios al mundo, dar a luz amor.
"Habéis oído que se dijo... pero yo os digo". Jesús no contrapone a la moral antigua una súper moral mejor, sino que revela el alma secreta de la ley: “su evangelio no es una moral sino una profunda liberación" (G. Vanucci). Jesús no es ni laxista ni rigorista, no es más rígido o más condescendiente que los escribas, Él hace otra cosa, toma una norma y la lleva más allá, la abre como una flor, en dos direcciones: la línea del corazón y la línea de la persona.
Jesús lleva la ley a su plenitud y nace la religión de la interioridad. "Se dijo: no matarás; pero yo os digo: quien se irrita con su hermano; es decir, quien alimenta odios y rencores, en su corazón ya es un homicida”. Jesús va a la raíz: va al corazón para sanarlo, solo así se podrán curar los gestos. Vuelve al corazón y cuídalo porque es la fuente de de la vida. 
"No juréis. Vuestra palabra sea sí, sí; no, no". No se prohíbe solo jurar, lo que se prohíbe es la mentira. Di siempre la verdad y así no hará falta jurar.
Jesús lleva a plenitud la ley mirando a la persona. "Si miras a una mujer deseándola para ti, eres ya un adúltero". No dice: si tú, hombre, deseas una mujer o si tú, mujer, deseas un hombre. El deseo forma parte de la vida. Dice: si miras deseando; es decir, si te acercas a una persona para seducirla o poseerla, si la reduces a un objeto, tú pecas contra la esencia de esa persona.
Cometes adulterio en el sentido originario del término adulterar: tú alteras, falsificas, manipulas, humillas la persona. Le robas el sueño de Dios, la imagen de Dios. Pecas no contra la moral, sino contra la persona, contra la nobleza y profundidad de la persona.
Entonces, ¿qué es la ley moral? Escucha a Jesús y comprenderás que la norma está hecha para proteger la vida, es garante de aquello que nos hace crecer en humanidad, porque Jesús solo habla en defensa de la humanidad del ser humano, con las palabras propias de la vida.
Es así como el Evangelio se convierte en algo fácil, humanísimo, incluso cuando dice palabras que dan vértigo. Porque no añade más carga a la carga, no convoca a héroes puros y duros, no se dirige a santos, sino a personas auténticas, simplemente a hombres y mujeres sinceras de corazón.
(Ermes Ronchi - www.retesicomoro.it - traducido del italiano)

sábado, 21 de enero de 2017

Creer en la fuerza sanadora del Evangelio (Mt 4, 12-23)

El Bautista ha sido arrestado, una sombra amenazante cae sobre todo su movimiento. Pero esto, en vez de volver prudente a Jesús, aumenta la urgencia de su ministerio, lo hace salir al descubierto, ahora le toca a él. Deja familia, casa, trabajo; deja Nazaret y va a Cafarnaum; no lleva nada consigo, solo una palabra "convertíos porque el Reino de los cielos está cerca". Es el anuncio generador del Evangelio.
"Convertíos" es la invitación a revolucionar la vida: cambiad vuestra manera de ver las cosas, a Dios; cambiad de dirección, del camino que os ha hecho desembocar en la oscuridad y la tristeza. Jesús pretende ofrecer a lo largo del Evangelio un camino que nos conduzca al corazón tierno de la vida, bajo un cielo más azul, un sol más luminoso, y lo mostrará realizado en su propia vida, una vida buena, bella y santa.
He aquí el porqué de la conversión: "el Reino se ha acercado". ¿Y qué es el Reino de los Cielos o de Dios? "El Reino de Dios vendrá con el florecer de la vida en todas sus formas" (Giovanni Vannucci). El reino es la historia, la tierra como la sueña Dios.Jesús anuncia: es posible vivir mejor, todos, y yo conozco el camino; es posible la felicidad. En el sermón del monte dirá: Dios llena de alegría a quien ama. Es el sentido de las Bienaventuranzas, evangelio del Evangelio.
"El Reino se ha acercado". Es como si Jesús dijera: es posible una vida buena, bella y gozosa; más aún, está cerca. Dios ha venido, está aquí, muy cerca de ti, como una fuerza potente y benéfica, como levadura, semilla, fermento, que nadie echará para atrás.E, inmediatamente, Jesús convoca personas a compartir su camino: "os haré pescadores de hombres". Escucha, hay Alguien que tiene algo maravilloso que decirte, tan hermoso, que parece increíble, tan fascinante que aquellos pescadores quedaron seducidos y dejaron todo, como quien ha encontrado un tesoro. La gran noticia es esta: la felicidad es posible y está cerca. Y el Evangelio tiene la clave. Y la clave es esta: nuestra infinita tristeza solo se cura con un amor infinito (Evangelio Gaudium).
El Evangelio tiene el secreto, sus palabras responden a las necesidades más profundas de las personas. Cuando se transmite adecuadamente y con belleza, el Evangelio ofrece respuestas a las búsquedas más profundas y pone a nuestra disposición un tesoro de vida y de fuerza que no engaña, que no decepciona. La conclusión de este pasaje es una síntesis fascinante de la vida de Jesús. Caminaba y anunciaba la buena noticia, caminaba y sanaba la vida.
Jesús camina hacia nosotros, gente de la calle, camina de rostro en rostro y muestra con cada gesto que Dios está aquí, con amor, el único capaz de sanar el corazón. Este será también mi anuncio: Dios está contigo, con amor. Y sanará tu vida.
(Ermes Ronchi - www.retesicomoro.it - traducido del italiano)

lunes, 2 de enero de 2017

Yo también fui refugiado (Mt 2, 13-15)

Los días de Navidad suelen estar cargados de muchas emociones y, muchas veces, de sentimientos encontrados. Es una oportunidad para el encuentro, para felicitarnos, para olvidar viejas rencillas, para recordar a quienes están lejos o con quienes nos relacionamos menos, y a quienes enviamos una felicitación, un saludo, un abrazo; y también es tiempo de nostalgias, de rememorar a seres queridos que ya no están con nosotros...
En medio de todo este cúmulo de prisas y emociones, celebraciones y nostalgias, es importante recordar lo que estamos celebrando...
La Navidad es el gran anuncio cristiano de que Dios no es alguien lejano, no es una idea de los filósofos ni una ideología; no es un recurso en el que nos refugiamos o sobre quien proyectamos nuestros sueños o necesidades. No, Dios no es un invento, aunque siempre existe el riesgo de hacerlo a nuestra imagen. Dios es alguien que ha querido acercarse a nosotros, hablar nuestro lenguaje, el lenguaje de las palabras cariñosas, esperanzadas; el lenguaje de los gestos profundamente humanos, de la sonrisa, de la mirada llena de ternura. Dios, ese ser a quien es difícil imaginar, quiso hacerse de "carne y hueso", asumir nuestra debilidad, nuestra fragilidad, para que no tengamos miedo de ser débiles y frágiles. Y lo quiso hacer solidarizándose existencialmente con los últimos, para que nadie se sienta excluido del corazón de Dios, olvidado por Él... En Belén fue un "sin techo", fue un perseguido que tuvo que huir para salvar la vida y, en Egipto, la familia de Nazaret fueron unos refugiados...
Dios está cerca, muy cerca de nosotros y, si cabe, aún más cerca de los que sufren, de los olvidados... Él comprende nuestras tristezas y nos regala la alegría de sabernos amados... Tengamos la mirada y el corazón de Dios y veamos también en aquellos que llamamos "sin techo ", en los refugiados, en los que necesitan una palabra, un gesto de ternura y cercanía, personas en las que aquel Jesús niño está presente, pidiendo nuestro cariño, nuestra acogida y solidaridad.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Soñar los sueños de Dios. IV Domingo de Adviento. Ciclo A. (Mt 1, 18-24)

Entre los testigos del Adviento, entre aquellos que dan “testimonio de la luz” (Jn 1,7.8) y nos acompañan en Navidad, está José, hombre justo que sueña y ama, que no habla sino que actúa…
“Antes de ir a vivir juntos, resultó que María esperaba un hijo”. Sorpresa absoluta de la criatura que concibe al inconcebible, al mismo Creador. Algo que, sin embargo, hace pedazos el corazón de José, pues se siente traicionado. Y entra en crisis: “no queriendo acusarla públicamente, pensó repudiarla en secreto”. Vive el conflicto entre la ley de Dios que dice: quitarás de tu vista al pecador (cf. Dt 22,22) y el amor que siente por aquella joven.
José está enamorado de María, está inquieto, no deja de pensar en ella y la sueña de noche. Y basta que la coraza de la ley venga perforada por el amor, que el Espíritu irrumpe y actúa.
“Mientras consideraba estas cosas, se le apareció en sueños un ángel…” José, el hombre de manos endurecidas por el trabajo y corazón tierno y herido, no habla sino que sabe escuchar los sueños que lo habitan: el hombre justo tiene los mismos sueños de Dios. Y “José hizo como le había dicho el ángel”, elige el amor por María, porque “poner la ley antes que la personas es la esencia de la blasfemia” (Simón Weil). 
Y, de este modo, es el profeta que anticipa y prepara las elecciones que hará Jesús, cuando infringirá la ley del sábado para curar el dolor del hombre. Para los justos, “la única regla es el amor; hay que obviar la ley cuando esta entra en conflicto con el amor” (Maria di Campello). María deja la casa del sí dicho al Señor y va a la casa del sí dicho al hombre; va como mujer enamorada, con su corazón lleno de ternura y con total libertad.
María y José, carentes de todo menos de amor, están abiertos al misterio, porque si hay algo sobre la tierra que abre el camino hacia el absoluto, es el amor. El corazón es la puerta de Dios. 
 José tomará consigo a María y al niño, aquel hijo que no ha engendrado y del cual será su auténtico padre porque lo amará, lo ayudará a crecer, lo hará feliz, le enseñará a ser hombre, y a soñar, y a creer en el amor. José no tiene sueños de imágenes sino sueño de palabras. Un sueño de palabras es también ofrecido a todos nosotros: es el Evangelio.
José ve ángeles. Dios envía sus mensajeros a cada una de nuestras casas, como a la de María; envía sueños y proyectos, como a la de José. Nuestros ángeles no tienen alas, son las personas que comparten con nosotros pan y amor; viven en nuestra casa pero son mensajeros del invisible y anunciadores del infinito: ángeles que en su voz llevan la semilla de la Palabra de Dios.
(Ermes Ronchi - www.retesicomoro.it - traducido del italiano)

sábado, 10 de diciembre de 2016

La pregunta por Jesús. III Domingo de Adviento. Ciclo A. (Mt 11, 2-11)

"¿Eres Tú aquel que el mundo está esperando o no?" He aquí una gran pregunta que permanece actual: ¿continuamos siguiendo el evangelio o buscamos en otra parte? A Juan el Bautista lo ha asaltado la duda y, sin embargo, Jesús no pierde para nada la gran estima que siente por él: ¡Juan es el más grande! La duda no disminuye la fe del profeta. Lo mismo nos pasa a nosotros; yo creo y dudo, y Dios me sigue queriendo; en mí hay una mezcla de fe y dudas, y su confianza permanece intacta.
"¿Eres Tú?" Jesús no responde con argumentaciones sino con un listado de hechos: ciegos, cojos, sordos, leprosos, se curan, retoman el camino, tienen una segunda oportunidad, su vida cambia. Donde el Señor toca, trae vida, cura, hace florecer. La respuesta a nuestras dudas es simple: si el encuentro con Él ha cambiado algo, ha producido alegría, valor, confianza, apertura de corazón, generosidad, belleza, si vivo mejor ahora, entonces es Él quien debe venir.
Los hechos que Jesús cita no han cambiado el mundo; y, sin embargo, aquellos pequeños signos bastan, pues eso significa que el mundo no es un enfermo incurable. Jesús no ha prometido resolver los problemas del mundo con sus milagros. Ha prometido algo mucho más grande: el milagro de la semilla, el trabajo oculto de la semilla que irremisiblemente germinará. No nos ha dado el pan ya listo, sino una levadura que no se gasta
Está en nosotros prolongar ahora los gestos a los que Jesús alude: "Si yo consigo ayudar a que una sola persona viva mejor, esto es ya suficiente para justificar el don de mi vida. Es hermoso ser pueblo fiel de Dios. Y alcanzamos la plenitud cuando rompemos las paredes y nuestro corazón se llena de rostros y de nombres" (Francisco, Evangelii Gaudium, n. 274).
La fe está hecha de dos cosas: ojos que ven el sueño de Dios y manos pacientes y confiadas como aquellas del campesino que "espera con constancia el precioso fruto de la tierra" (St 5,7). De un estupor, como el de un enamorado, por un mundo nuevo posible, y de un trabajo concreto por rostros y nombres que llenan el corazón. También de cansancio: "Hasta que hay cansancio hay esperanza" (D. Milani)
"Dichoso aquel que no se escandalice de mí". Jesús escandalizaba entonces y también ahora, a no ser que hagamos un Cristo a nuestra medida y domestiquemos su mensaje: ni estaba con la mayoría, cambió el rostro de Dios y del poder, ha puesto a los publicanos y prostitutas antes que a los sacerdotes, ha hecho de los pobres los príncipes de su reino.
Jesús, un hombre solo, con un puñado de amigos, contra todos los males del mundo. Dichoso aquel que lo siente como pequeña y potente semilla de luz, chispa de fuego que vive y obra en el corazón del hombre. Único milagro que realmente necesitamos.
(Ermes Ronchi - www.retesicomoro.it - traducido del italiano)

viernes, 9 de diciembre de 2016

Adviento, tiempo de alegría. (Mt 11, 16-19)

El mes de diciembre es un tiempo con un colorido especial. Las ciudades están llenas de luces y de color. Todo "huele" a Navidad... Por eso es importante no olvidar lo que estamos celebrando: Hace ya más de dos mil años, Dios quiso visitarnos, tener la experiencia de ser como uno de nosotros, saber "en carne propia" lo que es ser hombre. Y, al mismo tiempo, quería decirnos cómo es El realmente... Siempre existe el riesgo de "imaginarnos" a Dios y de hacerlo a nuestra "imagen y semejanza". De allí que, para conocer a Dios, basta contemplar a Jesús: qué hace, qué siente, qué le gusta...
El evangelio de hoy nos presenta a un Jesús que come y bebe, a un Jesús que se sienta a la mesa con la gente y que celebra, y eso hizo que muchos dijeran de Él que era un comilón y un borracho. Muchos se escandalizan de esa actitud, también ahora. Sin embargo, con este modo de actuar, Jesús nos muestra un rasgo de Dios: Dios es alguien a quien le gusta nuestras celebraciones, le gusta que nos reunamos, que tengamos fiesta... Hagamos, por ello, de nuestras reuniones de Navidad, una ocasión de encuentro, de amistad, de acción de gracias. Y, recordemos, a Aquel por quien nos reunimos y celebramos: Jesús, que nos muestra el rostro amable, alegre y bondadoso de Dios.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Dale un giro a tu vida. II Domingo de Adviento. Ciclo A. (Mt 3, 1-12)

Juan el Bautista predicaba en el desierto de Judea, diciendo: "convertíos porque el reino de los cielos está cerca" (Mt 3,2). Jesús empezó su predicación con el mismo anuncio: "convertíos porque el reino de los cielos está cerca" (Mt 4,17). Todos los profetas han tenido siempre los ojos puestos en un sueño, en el reino de los cielos que es un mundo nuevo entretejido de relaciones amorosas y felices. Y perciben su aliento cerca: es posible; más aún, ya ha comenzado. Y quieren arriesgar toda su vida por ese sueño; ¡esa es la conversión!
Se trata de tres anuncios en uno. Y, entre todas, la palabra más cargada de esperanza es el adjetivo "cerca". Dios está cerca, está aquí, es la primera gran noticia: el gran Peregrino ha venido hacia nosotros, ha acortado distancias, está muy cerca de ti. Y aunque tú estuvieras atrapado detrás de un muro o al borde del abismo, recuerda: "quienes estáis buscando, estad tranquilos, Él nunca se cansará; por nosotros, surcará el abismo" (David María Turoldo).
Dios está junto a nosotros, a nuestro lado, se abraza a todo lo que tiene vida; es la red que recoge al mismo tiempo, en armonía, el lobo y el cordero, el león y el ternero, el niño y la serpiente (lectura de Isaías), hombre y mujer, árabe y judío, musulmán y cristiano, blanco y negro, para realizar una nueva arquitectura en el mundo y en las relaciones humanas. El reino de los cielos es la tierra como Dios la sueña. ¿Que aún no se ha realizado? No importa, el sueño de Dios es más verdadero que la realidad, es el futuro que nos espera, la fuerza que nos hace ponernos en camino.
Jesús es la encarnación de un Dios que se adentra en lo más profundo, como un trozo de pan en la boca, una palabra dirigida al corazón, el aliento: "Él os bautizará con el Espíritu Santo, os sumergirá en el océano de Dios; seréis envueltos, bañados, impregnados por la vida misma de Dios hasta en lo más íntimo de vuestro ser.
Convertíos, arriesgad vuestra vida, ponedla en camino, y no por cumplir un mandato sino por seguir algo hermoso; no por una imposición desde fuera sino por una seducción. Lo que convierte el frío en calor no es una orden de lo alto, sino la cercanía del fuego; lo que despeja las sombras del corazón no es una obligación o una prohibición, sino una lámpara que se enciende, un rayo, una estrella, una mirada. Convertíos: giraos hacia la luz, porque la luz ya está aquí.
La conversión no es un mandato, es una oportunidad: cambiad la mirada con la que veis a las personas y al mundo, cambiad de camino, en mis senderos el cielo está más cerca y es más azul, el sol calienta más, la tierra es más fértil y hay cientos de hermanos y hermanas y árboles fecundos y miel. Convertirse significa también abandonar todo aquello que daña al hombre, que le hace mal; elegir siempre lo humano frente a lo inhumano. Como hace Jesús: para Él, el único pecado es el desamor, no la transgresión de una o muchas normas, sino el transgredir un sueño, el gran sueño de Dios sobre nosotros.
(Ermes Ronchi - www.retesicomoro.it - traducido del italiano)