domingo, 5 de octubre de 2008

Sínodo de la Palabra

Hoy comienza en Roma la XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que se desarrollará hasta el 26 de octubre de 2008, y tiene como tema La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia. Este tema fue elegido por S.S. Benedicto XVI y ha sido preparado durante dos años en todo el pueblo de Dios. Esta reunión congrega a 253 padres sinodales, de los cuales 173 han sido elegidos por las conferencias episcopales a las que pertenecen, 38 participan en virtud de su propio cargo, 32 han sido nominados por el Papa, y 10 han sido elegidos de la Unión de los Superiores Generales de las órdenes y congregaciones religiosas. Entre ellos hay 8 patriarcas, 52 cardenales, dos arzobispos mayores, 79 arzobispos y 130 obispos. En la asamblea sinodal participan, además, 41 expertos procedentes de 21 países y 37 auditores, procedentes de 26 países.

El Sínodo ha sido preparado en la Iglesia universal, con la participación activa de todo el Pueblo de Dios, laicos, religiosos, religiosas, sacerdotes y obispos de todo el mundo, los cuales han trabajado el documento de los Lineamenta, y han respondido a los cuestionarios abiertos en el mismo acerca de la Palabra de Dios. De este modo, hemos tenido oportunidad de participar abiertamente en la reflexión sobre la experiencia actual de la Iglesia respecto a la Palabra de Dios, considerada en el Concilio Vaticano II como pan de vida que junto con la Eucaristía se venera y distribuye para alimentar y fortalecer la vida y la misión de los fieles en la Iglesia. La participación ha sido grande y diligente de parte de las Iglesias particulares en todos los continentes. Las observaciones de parte de Obispos, sacerdotes, personas consagradas, teólogos y fieles laicos de todo el mundo ha sido recogidas y elaboradas en las Conferencias Episcopales y en los Dicasterios de la Curia Romana y han sido oportunamente sintetizadas en el Instrumentum Laboris, que sirve de base a la Asamblea Sinodal.

La participación de un rabino, del patriarca de Constantinopla y de un número récord de mujeres, así como la introducción de más momentos para intervenciones libres, constituyen algunas de las novedades de este Sínodo. Hoy, primer día de trabajo de la asamblea intervendrá el rabino jefe de Haifa (Israel), Shear Yashyv Cohen, quien presentará a los padres sinodales cómo el pueblo judío lee e interpreta la Sagrada Escritura. Tras el rabino tomará la palabra el cardenal Albert Vanhoye, S.I., rector emérito del Pontificio Instituto Bíblico de Roma, quien recordará elementos centrales del documento El pueblo judío y sus Escrituras Sagradas en la Biblia cristiana. También intervendrá el patriarca de Constantinopla, Bartolomé I, cuyo papel simbólico es reconocido por las Iglesias ortodoxas. Es de destacar la participación femenina extraordinaria: 25 mujeres, 6 como expertas y 19 como auditoras. Entre los expertos españoles participan Jorge Fernández Sangrador, Nuria Calduch, Salvador Pie.

Auguramos lo mejor para esta gran Asamblea de la Iglesia y esperamos que la humanidad pueda recibir el impulso transformador del Evangelio, que anuncia a Jesucristo como la Palabra de Dios que sigue iluminando nuestro mundo, que fecunda las culturas de la tierra y cambia el corazón de los seres humanos, dando vida y esperanza en medio de tanto sufrimiento. 

Tomado de un artículo escrito por José Cervantes Gabarrón, sacerdote misionero y profesor de Sagrada Escritura, y publicado en el Diario de Murcia.

jueves, 2 de octubre de 2008

Pedid y se os dará… (Mt 7,7-11)

Seguro recordaréis esta cita del evangelio en la que se nos anima a la oración diciendo: “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre…” Pero, ¿acaso no tenemos la experiencia de que muchas de nuestras oraciones no han sido “escuchadas”? ¿Entonces? ¿Qué querrá decir Jesús con esto?

Frente a la oración suelen haber dos posturas extremas. Algunas personas conciben la oración de una manera mágica (como los paganos)… Creen que por el hecho de rezar una novena o realizar una promesa, Dios queda comprometido a cumplir aquello que se le pide… ¡Y se le pide cada cosa…! Otros, en cambio, no pierden el tiempo en oraciones puesto que Dios no se va a molestar en cambiar el curso de los acontecimientos (en el fondo, esto esconde un “ateísmo práctico” de muchos llamados seguidores de Jesús)… ¡Qué difícil es orar verdaderamente como cristianos…!

Esta recomendación de Jesús se realiza en el contexto del Sermón del Monte donde, hace poco, se nos ha enseñado el modo de orar propio de los hijos de Dios: El Padrenuestro… Es en este contexto donde hay que entender, por tanto, esta invitación a orar…

Jesús no nos dice que el Padre nos concederá lo que le pidamos, así sin más (amor, salud, dinero…), sino que el Padre nos dará “cosas buenas”… Y esas “cosas buenas” es todo aquello que se nos ha enseñado a pedir en el Padrenuestro: que el Padre sea conocido, que su Reino se extienda en nuestro mundo, que se haga su voluntad (no la nuestra), tener el pan cotidiano, el perdón y no caer en la tentación… Quien le pide esto, será escuchado… Como Jesús, a quien el Padre no libró de la tortura y la muerte, sino que le dio la fuerza y le hizo experimentar un amor tan grande, que le permitió afrontar con coherencia lo que la vida le trajo…

Esta invitación a la oración, por tanto, es una invitación a hacer nuestras cada una de las peticiones del Padrenuestro, a vivir confiados en el Padre que da siempre cosas buenas a sus hijos… Y no seamos como los paganos que esperamos la acción de un Dios mágico que intervenga “milagrosamente” sobre las situaciones difíciles que trae la vida o como tantos ateos prácticos que, aunque dicen creer en Dios, no viven con la confianza de saberse en sus manos… Pidamos con confianza, con la certeza de que el Padre siempre nos escucha y nos dará la fuerza y el amor necesarios para vivir con coherencia y serenidad lo que la vida conlleva…

lunes, 29 de septiembre de 2008

No juzgues si no quieres ser juzgado (Mt 7,1-5)

Yo no sé porqué solemos ser tan prontos y tan ligeros al juzgar a los demás… Tenemos un ojo crítico impresionante y, lamentablemente, muchas veces retorcido… Y, lo peor de todo, es que nos atrevemos a entrar en el mundo de las intenciones de los demás cuando, habitualmente, sólo vemos lo externo, las apariencias…

Esta sentencia de Jesús se entiende muy bien después de haber profundizado en el Padre nuestro. En dicha oración Jesús nos ha enseñado a orar, diciendo: “Perdónanos como nosotros perdonamos”…

No juzgar quiere decir vivir con una actitud de misericordia, con un corazón que intenta salvar la intención de los demás, más pronto a ver lo positivo que lo negativo… Con ello no negamos que hayan cosas mal hechas, incluso cosas que probablemente merezcan ser condenadas; lo que se nos dice es que seamos como Jesús, que ha estado siempre más pronto a salvar que a condenar…

¡Cuántas veces nosotros mismos hemos sido blanco de críticas injustas, de juicios temerarios! ¡Y sabemos lo que duele, el daño que hace! Jesús nos dice: “no seas así”…, si quieres ayudar a tu hermano, no lo condenes, tiéndele una mano y ayúdalo a salir de allí…

Además, Jesús nos invita a mirarnos a nosotros mismos… ¡Cuántas veces nos creemos autorizados para decir a los demás lo que tienen que hacer o lo mal que han hecho algo, sin habernos previamente visto a nosotros mismos que somos iguales o peores que aquel a quien queremos corregir…!

No seamos como los paganos, que se creen jueces absolutos de todo y de todos, cuando el único que juzga rectamente es Dios, que juzga con el corazón de una Madre… Seamos como Jesús… tengamos un corazón misericordioso, pronto a la comprensión y a la ayuda… Sembremos nuestro entorno de aceptación, de ternura, de compasión… Tengamos el corazón de Dios…

jueves, 25 de septiembre de 2008

No andéis preocupados, el Padre os cuida… (Mt 6,25-34)

Hoy os propongo que hagáis una lectura reposada de este texto que aparece tanto en el evangelio de Mateo (6,25-34) como en el de Lucas (12,22-31). Generalmente viene titulado como “Abandono en la Providencia”.

Jesús empieza diciendo: “Por eso, no andéis preocupados por vuestra vida…”. Es decir, va a explicar porqué no tenemos que andar obsesionados por nuestros ahorros o dedicar toda nuestra existencia a la consecución del bienestar material…

Jesús nos invita a abrir los ojos y a mirar lo que nos rodea… La belleza de las flores, cuyo traje no ha sido comprado en El Corte Inglés, sino tejido por el Padre; la tranquilidad con que viven los animales, que no tienen que ir al supermercado o tener grandes congeladores, sino que son alimentados diariamente por el Padre…

Obviamente ésta no es una llamada a la vagancia, la imprevisión o la irresponsabilidad… La confianza en la providencia no es la confianza en que todo se resolverá “solo”… La confianza en la Providencia es la invitación, una vez más, a ordenar mis prioridades… Yo necesito comer, pero no puedo vivir sólo para comer; yo necesito vestir, pero no puedo estar obsesionado por lo que me voy a poner… Más aún, Jesús dice que ése es el modo en que viven los paganos, cuyo único horizonte es esta vida… Nosotros, en cambio, somos invitados a vivir con la mirada puesta en el Padre que cada mañana nos proporciona la fuerza necesaria para trabajar, para vivir, para agradecer… Se nos invita a vivir la vida con la confianza de saber que el Padre sabe de qué tenemos necesidad, de modo que no vivamos afanados sólo por resolver nuestros problemas sino afanados en las cosas del Padre… Por eso nos dice: Buscad primero las cosas de Dios, construir un mundo como Dios quiere…, si vivís así, todo lo demás se os irá dando por añadidura…

¡Establece bien tus prioridades! Vive la vida teniendo a Dios en el centro, viviendo desde la confianza, desde la generosidad, desde la entrega… Y el Padre te dará lo que más necesitas: la experiencia de su amor incondicional, la experiencia de sentirte su hijo y hermano de todos.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Nadie puede estar al servicio de dos señores (Mt 6,24)

Esta corta sentencia de Jesús hay que entenderla en el contexto de aprender a hacer buen uso de los bienes. De hecho concreta diciendo: “No puedes servir al mismo tiempo a Dios y al Dinero”.

Muchos dirán, ¿y por qué no?

Jesús no se opone al uso de los bienes. Al contario, los bienes son dones de Dios de los que hay que aprender a disfrutar y que nos han sido dados para servir a los demás. Una vez más, el problema es dónde pongo mi seguridad, en qué está apoyada mi vida, en Dios o en el dinero… Con ello nos viene a decir, también, que quien vive obsesionado por el tener, es difícil que entre en la dinámica del evangelio que es compartir…

Todos en esta vida estamos centrados, “obsesionados” por algo… Unos por la imagen; otros por el bienestar… Y en torno a eso gira nuestra existencia… Y hacemos lo que sea por conseguirlo…o por no perderlo... Jesús nos dice que nuestra vida sólo puede estar focalizada por una sola cosa, de lo contario, andamos divididos... Y nos propone que lo pongamos a El en el centro… Él es el único que merece estar en el centro de nuestra vida, Él único al que realmente podemos servir sin terminar siendo esclavos…

Pregúntate: ¿A quién sirves? ¿Qué o quién es el centro de tu vida? ¿De qué eres esclavo? Y pídele al Señor estar a su servicio, empeñar tu vida en la misión que Él te ha encomendado, haciendo presentes los valores del evangelio en tu entorno, allí donde Él ha querido que lo sirvas...

jueves, 18 de septiembre de 2008

Atesorad tesoros en el cielo (Mt 6, 19-21)

Continuamos el comentario al Sermón del Monte del evangelio de Mateo (cap. 5-7), que empezamos el 9 de junio, después de habernos detenido ampliamente en la oración del Padrenuestro.

En la sección que va de Mt 6,19 a Mt 7,12, en el mismo contexto de este “Discurso Programático” en el que se recogen las grandes enseñanzas de Jesús, se nos presentan dos maneras de vivir: la manera propia del cristiano que cree en Dios como Padre, y la manera de los “paganos” –que no ateos–  que “creen” en Dios, pero que no han asimilado los valores propios del evangelio… Por eso, en más de una ocasión Jesús dice que no seamos como los paganos; es decir, que no vivamos nuestra fe a modo de muchos que dicen creer en Dios, incluso realizan determinadas “prácticas” religiosas (oraciones, ayunos, dan limosna), pero cuya “fe” no siempre incide en su comportamiento diario, y que, en la práctica, viven como si Dios no existiera.

Jesús dice: “Atesora tesoros en el cielo donde no hay polilla ni las cosas se oxidan o se estropean, donde nadie te las puede robar”.

Por tanto, eso del ahorro está muy bien, pero no al modo de los paganos, que cuando piensan en ahorrar sólo piensan en cuentas corrientes, en depósitos a plazo fijo, en la Bolsa o en inversiones…

El ahorro responde al instinto de seguridad que tenemos todos… Ahorramos pensando en el futuro, para que no nos falte nada… Y sí, hay que ser precavidos... Pero Jesús nos dice que no vivamos como los paganos que al pensar en el futuro sólo piensan en este mundo… O que piensan que la seguridad la proporciona el dinero, los bienes… cuando la verdadera seguridad la proporciona el saber que nuestra vida está en manos de Dios...

Y termina diciendo: "Porque donde está tu tesoro, allí está tu corazón..."

Que nuestro corazón no esté agarrado por las subidas o bajadas de la bolsa... Que nuestro corazón esté centrado en el Padre y en hacer su voluntad... ¡Eso sí que da seguridad!

lunes, 15 de septiembre de 2008

Fiesta de la Virgen de los Dolores

Ayer, 14 de septiembre, celebramos la Fiesta de la Santa Cruz. Hoy, en estrecha unión con aquella fiesta, celebramos a María como la Virgen de los Dolores.

El mejor comentario a esta celebración lo tenemos en la cita del evangelio de san Juan que nos dice: “Junto a la cruz de Jesús estaba su madre…” (Jn 19,25). De este modo, María es presentada como la mujer fuerte, la madre que acompaña a su hijo, de pie, junto a la cruz, en el momento de su entrega dolorosa, de su mayor sufrimiento, de la expresión de su amor supremo… Y es mujer fuerte porque lo que la sostiene es el amor y la confianza inquebrantable en el Padre…

Pidámosle a ella fortaleza para vivir con amor tantos momentos de sufrimiento, para saber acompañar con amor y ternura a personas que sufren y que esperan de nosotros una palabra de consuelo o, sencillamente una presencia amorosa y silenciosa… Un enfermo, una amigo que está atravesando una situación de pérdida, un hijo en momentos difíciles, a mi espos@ que… Y pidámosle, también, que acompañe nuestras propias cruces y pérdidas y que permanezca junto a nosotros cuando nos sentimos tristes y abandonados, y nos ayude a experimentar el amor y compañía que Jesús experimentó en los últimos instantes de su vida.