En esta segunda petición referida a la comunidad cristiana, Jesús nos invita a pedir y a ofrecer perdón...
Habitualmente nosotros solemos rezar: “perdónanos nuestras ofensas”. Sin embargo, el original habla de deudas.
Su primer sentido es literal… En tiempos de Jesús había muchos empobrecidos a causa de las deudas contraídas… Por tanto, Jesús es el primer partidario de la condonación de deudas… Es un modo de expresar misericordia ante aquel que no nos puede pagar… Por eso, hablar de “ofensas” corre el riesgo de moralizar excesivamente esta petición…
Pero hay también un segundo nivel. El Padre nuestro refleja la experiencia de quien se siente en deuda con Dios… Esto no se entendería si hablamos de “ofensas”. Me explico. No se trata tanto de que yo “ofenda” a Dios o, peor aún, de que Él se sienta ofendido. No. Más bien lo que decimos es que ante tanto bien recibido y ante nuestra pobre respuesta, pedimos al Padre que nos acoja, que nos perdone, que nos rehabilite y nos sane por dentro.
El “como nosotros perdonamos”, no tiene un sentido causal: si yo no perdono, Dios no me perdona. Con esta expresión manifestamos que estamos ya intentando vivir como Jesús nos ha explicado en el Sermón del Monte: perdonando…
Esta petición tiene, también, otro significado. Decimos que, así como yo he sido perdonado, sea cauce de perdón para los demás. Es la doble experiencia del perdón, el perdón que pedimos y recibimos, y el perdón que ofrecemos. Por tanto, supone la conciencia de que, así como nosotros no somos perfectos, tampoco lo son los demás y que, por eso, debemos vivir esa actitud profunda de perdón, igual que Dios.
¡Qué necesidad tenemos de perdón…! ¡Tanto o más que de pan…! Necesitamos trabajar para favorecer un mundo reconciliado... en nuestra casa, en nuestro trabajo, en la pequeña y gran aldea en la que vivimos...
Perdonémonos a nosotros mismos, perdonemos a los demás como el Padre ya nos ha perdonado…
jueves, 31 de julio de 2008
lunes, 28 de julio de 2008
Padre nuestro (7): "...danos hoy nuestro pan de cada día"
Las últimas peticiones se dirigen particularmente a la comunidad cristiana. La primera de ellas es: “Danos hoy nuestro pan de cada día”.
El “pan” se refiere a las necesidades básicas… en este sentido tiene un carácter simbólico y más amplio. La interpretación más extendida y compartida por todos es que en el Padre nuestro pedimos a Dios que cubra nuestras necesidades básicas, que nos provea de aquello que necesitamos para vivir.
¿Y cuáles son esas necesidades humanas básicas?
Sin duda, todos necesitamos comida, vestido, vivienda, salud… Pero también necesitamos seguridad, amor, perdón, acogida… necesitamos fe, esperanza, caridad…
Pedir el pan es reconocer que todo es don, regalo… reconocer que todo lo recibimos de las manos bondadosas del Padre…, que no es sin más fruto de nuestro esfuerzo… Pedimos porque confiamos que el Padre vela por nuestras necesidades…
Pero, si nos fijamos, pedimos el pan de cada día… No se trata de acaparar… Jesús crítica fuertemente la codicia, la avaricia… Aprender a vivir al día es aprender a esperar que el Padre nos provea cada día de lo que necesitamos… Es lo que hemos entendido siempre por Providencia de Dios…
Sin embargo, una vez más, esta petición es también un compromiso: velar para que a nadie le falta su pan cotidiano…, trabajar para que todos tengan lo necesario para vivir…, cuidar porque todos puedan cubrir sus necesidades corporales, psicológicas y espirituales… Es decir, aprender a compartir, a preocuparnos y a ocuparnos de los demás…
Además de esta interpretación, hay algunos manuscritos que traducen esta petición de este modo: “Nuestro pan del mañana dánosle hoy”. En este sentido, se alude no sólo a nuestras necesidades cotidianas, sino a ese deseo de compartir el banquete futuro, de participar de la mesa de los hijos de Dios. Es decir, que en el hoy nos haga gustar de aquello que nos tiene reservado para cuando nos encontremos con Él.
De alguna manera, este deseo se realiza en la Eucaristía, donde recibimos el pan espiritual, la misma vida de Dios.
¡Demos gracias a Dios por tantos regalos que recibimos de Él todos los días…!
El “pan” se refiere a las necesidades básicas… en este sentido tiene un carácter simbólico y más amplio. La interpretación más extendida y compartida por todos es que en el Padre nuestro pedimos a Dios que cubra nuestras necesidades básicas, que nos provea de aquello que necesitamos para vivir.
¿Y cuáles son esas necesidades humanas básicas?
Sin duda, todos necesitamos comida, vestido, vivienda, salud… Pero también necesitamos seguridad, amor, perdón, acogida… necesitamos fe, esperanza, caridad…
Pedir el pan es reconocer que todo es don, regalo… reconocer que todo lo recibimos de las manos bondadosas del Padre…, que no es sin más fruto de nuestro esfuerzo… Pedimos porque confiamos que el Padre vela por nuestras necesidades…
Pero, si nos fijamos, pedimos el pan de cada día… No se trata de acaparar… Jesús crítica fuertemente la codicia, la avaricia… Aprender a vivir al día es aprender a esperar que el Padre nos provea cada día de lo que necesitamos… Es lo que hemos entendido siempre por Providencia de Dios…
Sin embargo, una vez más, esta petición es también un compromiso: velar para que a nadie le falta su pan cotidiano…, trabajar para que todos tengan lo necesario para vivir…, cuidar porque todos puedan cubrir sus necesidades corporales, psicológicas y espirituales… Es decir, aprender a compartir, a preocuparnos y a ocuparnos de los demás…
Además de esta interpretación, hay algunos manuscritos que traducen esta petición de este modo: “Nuestro pan del mañana dánosle hoy”. En este sentido, se alude no sólo a nuestras necesidades cotidianas, sino a ese deseo de compartir el banquete futuro, de participar de la mesa de los hijos de Dios. Es decir, que en el hoy nos haga gustar de aquello que nos tiene reservado para cuando nos encontremos con Él.
De alguna manera, este deseo se realiza en la Eucaristía, donde recibimos el pan espiritual, la misma vida de Dios.
¡Demos gracias a Dios por tantos regalos que recibimos de Él todos los días…!
jueves, 24 de julio de 2008
Padre nuestro (6): "...hágase tu voluntad". (Mt 6, 10)
Esta tercera petición del Padre nuestro es también una petición nuclear…
Pedimos que se haga la voluntad del Padre, no la nuestra. Pero, ¿cuál es la voluntad de Dios?
La voluntad del Padre es el deseo que Él tiene sobre nosotros, sobre la humanidad; lo que Él sueña, lo que Él ha proyectado para cada uno de nosotros, para nuestro mundo…
La voluntad de Dios no es algo misterioso o desconocido. El Padre nos ha manifestado claramente qué es lo que desea, cuál es su sueño… En el Antiguo Testamento su voluntad se identifica con los mandamientos; en el Nuevo, su voluntad aparece claramente recogida en el Sermón del Monte y personificada en Jesús… La voluntad de Dios es que nos amemos, que nos perdonemos, que nos acojamos, que actuemos con los demás como Él actúa… Y, recordemos, Jesús no se cansa de repetirnos que el Padre es bueno y misericordioso con los injustos y desagradecidos, pues su bondad no depende de la respuesta que encuentra en los demás sino de una decisión personal: amar a todos, siempre, en toda circunstancia…
Hacer la voluntad de Dios es vivir de acuerdo a las bienaventuranzas, hacer nuestras las actitudes de Jesús, estar a la escucha de lo que el Padre desea de nosotros en cada momento de nuestra vida y caminar por la senda que nos va marcando, aunque no siempre sea una senda llena de rosas, pues si es su camino, tenemos la certeza de que Él viene con nosotros…
Dile hoy, concientemente: Padre, hágase tu voluntad... Y ofrécele lo que vives, lo que sufres; tus sueños e ilusiones, tus decepciones y tristezas... Dile confiadamente que se haga su voluntad sobre ti pues lo que tiene pensado para ti es lo mejor que te puede suceder en la vida. Pero, recuerda, su voluntad no es que sufras... su voluntad es que sigas confiando y amando siempre y en toda circunstancia... y que, en la medida de tus posibilidades, alivies el sufrimiento de quienes te rodean.
martes, 22 de julio de 2008
"Oración" (Colaboración)
Señor, quiero caminar por tus senderos, pero me extravío.
Se me amontonan mis recuerdos, no acabo de perdonarme,
no llevo mi pasado con alegría,
no acabo de hacer las paces conmigo.
Nos has dado un gran regalo, LA LIBERTAD,
indispensable para ser PERSONAS Y HUMANOS,
pero….nos ahoga la maldad.
Quiero deshacer los nudos de la maldad y arrancar todo yugo.
Mi corazón es como la hierba seca, me siento solo.
SEÑOR, te grito en silencio, no sé si me oyes,
libérame de mí, líbrame del más temible de los poderes
“engañarme a mí mismo”.
Podría intentar jugar contigo pero… has ganado,
no voy a jugar contigo,
ya no eres un Dios de mercancía o de cajero automático.
Señor, quiero ser alguien que te ama y se fía de ti, sin nada a cambio.
Se me amontonan mis recuerdos, no acabo de perdonarme,
no llevo mi pasado con alegría,
no acabo de hacer las paces conmigo.
Nos has dado un gran regalo, LA LIBERTAD,
indispensable para ser PERSONAS Y HUMANOS,
pero….nos ahoga la maldad.
Quiero deshacer los nudos de la maldad y arrancar todo yugo.
Mi corazón es como la hierba seca, me siento solo.
SEÑOR, te grito en silencio, no sé si me oyes,
libérame de mí, líbrame del más temible de los poderes
“engañarme a mí mismo”.
Podría intentar jugar contigo pero… has ganado,
no voy a jugar contigo,
ya no eres un Dios de mercancía o de cajero automático.
Señor, quiero ser alguien que te ama y se fía de ti, sin nada a cambio.
lunes, 21 de julio de 2008
Padre nuestro (5): "...venga tu Reino". (Mt 6, 10)
La segunda petición del Padre nuestro tampoco resulta muy comprensible en un primer momento… ¿Qué pedimos cuando decimos que venga su Reino?
El Reino de Dios fue el mensaje central de Jesús. Él no se cansaba de decir que el Reino de Dios estaba cerca (Mt 4,17)… Con ello lo que quería decir es que Dios se estaba acercando, que ya estaba entre nosotros y que su presencia traía salud, felicidad, justicia…
El Reino de Dios es la sociedad organizada según la lógica de Dios, según su proyecto. Por eso, el Reino de Dios sería un mundo en el que reina la justicia, el amor, la misericordia; un mundo en el que Dios es reconocido como Padre y en el que todos vivimos como hermanos… Por eso, pedir que venga su Reino es decirle: Queremos que Tú y sólo Tú reines sobre nosotros, sobre todos, sobre el mundo. Pedimos que ya no seamos nosotros ni nuestros intereses ni el interés del más fuerte o de los poderosos el que dirija los destinos de la humanidad sino que sea Él, el Padre de todos, el que rija el mundo, nuestra propia vida… Pedimos, por tanto, que Dios Padre sea el Rey de todos, el centro, el punto de referencia, el único absoluto pues Él es un Rey justo, misericordioso y todoternura.
Esta petición es, al mismo tiempo, un compromiso: Hacer realidad ya el Reino de Dios con nuestra vida, con nuestras opciones, con nuestro modo de actuar…
Podemos preguntarnos: ¿Es Dios el centro de mi vida?, ¿quién rige mi existencia, mis opciones? ¿Cómo puedo yo hacer presente el Reino de Dios?
sábado, 19 de julio de 2008
"Jesús y las mujeres" (Colaboración)
Hace unos días, cuando finalizábamos una jornada de oración, un hombre nos daba las gracias a todas las mujeres por el servicio que prestamos a la “IGLESIA” y lo que representamos dentro de ella.
Las palabras de este compañero de oración, me han llevado a buscar una vez más la influencia de Jesús en la vida de cada mujer con la que se encontraba, cómo…..le hablaba, miraba, trataba, en definitiva la dignificaba y liberaba.
Me he parado en especial en María de Magdala. El encuentro con Jesús es para ella comenzar a vivir, es conocer el amor y ternura de Dios, Jesús la ama por lo que es: UN SER HUMANO. Esto la hace sentirse viva, es Él el que le da vida. Él es su Centro.
Me pregunto ¿cuánto necesitamos para decir sin miedo que Él es nuestro Centro?, tenemos miedo a las etiquetas, a lo que piensen los demás, a las consecuencias de nuestro entorno, en resumidas cuentas nos conformamos con ser “seguidores” de segunda fila.
Pido al Padre experimentar al igual que María el encuentro con EL RESUCITADO para que toda mi vida sea transformada. Amén.
Las palabras de este compañero de oración, me han llevado a buscar una vez más la influencia de Jesús en la vida de cada mujer con la que se encontraba, cómo…..le hablaba, miraba, trataba, en definitiva la dignificaba y liberaba.
Me he parado en especial en María de Magdala. El encuentro con Jesús es para ella comenzar a vivir, es conocer el amor y ternura de Dios, Jesús la ama por lo que es: UN SER HUMANO. Esto la hace sentirse viva, es Él el que le da vida. Él es su Centro.
Me pregunto ¿cuánto necesitamos para decir sin miedo que Él es nuestro Centro?, tenemos miedo a las etiquetas, a lo que piensen los demás, a las consecuencias de nuestro entorno, en resumidas cuentas nos conformamos con ser “seguidores” de segunda fila.
Pido al Padre experimentar al igual que María el encuentro con EL RESUCITADO para que toda mi vida sea transformada. Amén.
jueves, 17 de julio de 2008
Padre nuestro (4): "...santificado sea tu Nombre". (Mt 6, 9)
El Padre nuestro está dividido en dos partes: tres peticiones a favor de toda la humanidad, que tienen como núcleo central a Dios: su Nombre, su Reino, su Voluntad. Y tres peticiones referidas a las necesidades concretas de la comunidad cristiana: pan, perdón, ser ayudados en las tentaciones.
Las primeras tres peticiones son fruto de una experiencia y expresan un deseo y un compromiso.
La primera de ellas es “santificado sea tu Nombre”. Hay que reconocer que ésta es una formulación que nos cuesta entender pues es una expresión hebrea.
En la cultura hebrea, el Nombre es la persona misma. El término “santificar” lo podríamos entender como lo contrario de despreciar o ignorar… Por tanto, pedir que el Nombre de Dios sea santificado quiere decir pedir que Dios sea reconocido en su verdadera esencia: Padre… Es pedir que toda la humanidad llegue al conocimiento del Dios verdadero que es un Dios Padre de todos…
Lo que pedimos es que los demás experimenten lo que nosotros hemos tenido la suerte de experimentar. Por eso, expresa al mismo tiempo un deseo y un compromiso: dar a conocer a los demás el verdadero rostro de Dios: Un Padre que nos ama, que nos cuida. ¡Esta es la mejor noticia que puede hacer a la humanidad feliz y que nos puede permitir llegar a vivir como hermanos!
Es lo que Jesús nos decía al final de las bienaventuranzas: “Que todos vean vuestras buenas obras y glorifiquen [=conozcan] a vuestro Padre del cielo” (Mt 5,16)
Podemos preguntarnos: ¿Nuestro modo de vivir refleja el rostro de Dios Padre?
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