domingo, 3 de julio de 2016

“La mies es abundante y los obreros pocos” (Lc 10, 1-12. 17-20)

“La mies es abundante y los obreros pocos”. Jesús nos da ojos nuevos para leer el mundo: la tierra produce continuamente espigas de excelente grano. Nos enseña a tener una mirada nueva sobre la humanidad: es como un campo fértil, lleno de frutos abundantes.
Habitualmente este pasaje se aplica a la falta de vocaciones sacerdotales y religiosas. Sin embargo, lo que Jesús hace es entonar una loa por la humanidad: el mundo es bueno. Hay tanto bien sobre la tierra, tanto buen grano. El sembrador ha sembrado buena semilla en el corazón de las personas: muchos viven una vida buena, hay tantos corazones inquietos buscando una pequeña chispa de luz, tantas personas que sufren en soledad y esperan una caricia para recuperar la confianza.
Jesús envía discípulos, pero no para entonar lamentos sobre un mundo distraído y alejado, si no a anunciar un cambio total de las cosas: el Reino de Dios se ha acercado, Dios está cerca.
Mirad alrededor, el mundo que a nosotros nos parece en una crisis sin salida, es también un inmenso laboratorio de ideas nuevas, de proyectos, experiencias de justicia y paz. Este mundo lleva otro mundo en su vientre, que crece hacia una mayor consciencia, más libertad, más amor y más cuidado por la creación. Esta es la semilla que Dios ha sembrado, y que nadie podrá arrancar de la tierra.
Pero, falta una cosa; falta quien trabaje fijándose en lo bueno. Faltan obreros de lo bello, recolectores de lo bueno, agricultores que sepan hacer crecer los brotes de un mundo más justo, de una mentalidad más positiva, más humana. A estos, les dice: Id; no llevéis bolsa ni talegas ni sandalias… Os envío desarmados. Los medios no son lo determinante; las cosas no son decisivas. Solo si el evangelizador se hace infinitamente pequeño, el anuncio será infinitamente grande (G. Vannucci).
Los mensajeros traen un pedazo de Dios dentro de sí. Si tienen el evangelio dentro, lo irradiarán a su alrededor. Por eso no necesitan cosas. No tienen nada que demostrar, solo tienen que mostrar el Reino que ya ha empezado, al Dios que llevan dentro. Así como no tiene nada que demostrar una mujer encinta: tiene un niño dentro de sí y es evidente para todos que en ella hay dos vidas, que lleva una vida nueva. Así le sucede al creyente: vive dos vidas, porta dentro de sí la vida de Dios.
Os envío como ovejas en medio de lobos. Esto no quiere decir: os envío al matadero. Porque, es verdad, hay lobos, pero no podrán con vosotros. A lo mejor son más numerosos que los corderos. Os envío desarmados a combatir la violencia, a vencer el mal, no por medio de un “plus” de fuerza, sin por medio de un “plus” de bondad. La bondad que no es solamente la respuesta al mal, sino la respuesta al sinsentido de la vida (P. Ricoeur).
(Ermes Ronchi. Traducido del italiano. www.retesicomoro.it)

sábado, 2 de julio de 2016

¿Es que pueden guardar luto, mientras el novio está con ellos? (Mt 9, 14-17)

"¿Es que pueden guardar luto los amigos del novio, mientras el novio está con ellos?"
Esta es una de esas frases de Jesús que para quienes no conocen el Antiguo Testamento puede resultar enigmática. Para comprenderla, como siempre, necesitamos situarla en su contexto. Previamente se le han acercado los discípulos de Juan el Bautista, extrañados -o escandalizados- al ver que los discípulos de Jesús no ayunan.
En este caso, Jesús asocia el ayuno al luto, es decir, a una pérdida, a una ausencia. Los judíos ayunaban, entre otras cosas, como expresión de su espera del Mesías, de aquel que Dios había prometido... Por eso, con esta expresión, lo que Jesús viene a decir es que el que están esperando ya está entre ellos..., y esto tendría que despertar tanta alegría como una boda pues, con esta visita, Dios quiere "casarse", comprometerse de por vida con nosotros... De allí que la imagen de la boda sea también muy usada por los profetas veterotestamentarios.
Dicho esto, con este evangelio, el Señor nos invita a caer en la cuenta de su presencia entre nosotros... A veces vivimos tristes, como si Dios estuviera ausente, como si estuviéramos solos en este mundo... Y, no, nunca estamos solos, el Señor está siempre conmigo... Como dice San Pablo, "estad alegres en el Señor, os lo repito, estad siempre alegres..." Se nos invita, por tanto, a la alegría. No a esa alegría superficial, que depende de estímulos externos, muchas  veces pasajeros o efímeros... Se nos invita a esa alegría profunda, la alegría de saber que Dios está con nosotros, está conmigo, y desea estarlo para siempre...
Os invito a dedicar un momento del día de hoy a gustar de esa presencia, a darle gracias, a sentir esa alegría profunda de sentirnos habitados, profundamente amados... Dejemos que esa alegría fluya de lo profundo del corazón y que se irradie a nuestro alrededor... Esa alegría que es alimento para el alma, agua que refresca, luz que calienta e ilumina...  

viernes, 1 de julio de 2016

Misericordia quiero y no sacrificios. (Mt 9, 9-13)

No sé por qué tenemos la tendencia a ver las cosas blancas o negras, a pensar en términos de todo o nada, a juzgar las situaciones y las personas poniendo el acento en lo negativo... Tenemos una necesidad urgente de educar nuestra mirada, de quitarnos las cataratas de nuestros ojos.
Jesús tiene la mirada limpia porque tiene un corazón comprensivo y misericordioso; es decir, el corazón de Dios.
Para Jesús no hay buenos y malos, justos y pecadores. Para Jesús hay personas sanas y enfermas, que lo que necesitan es un médico, no un juez o alguien que las termine de hundir... Por eso, nunca da al enfermo por perdido, sino que le tiende la mano, le devuelve la salud; es decir, lo devuelve a su condición de ser humano, hijo de Dios, hermano de todos... 
Jesús fue duramente criticado por comer con publicados y pecadores, por frecuentar gente "mal vista", personas despreciadas por quienes se consideran justos, intachables... Y he aquí un error de raíz, considerarnos superiores, mejores que los demás, esa superioridad moral que esconde una sutil soberbia y, en no pocos casos, una solapada falta de estima personal que, para compensarla, necesita humillar a los demás... Qué sutiles somos y, en el fondo, que poca consciencia de nosotros mismos...
La humanidad no está formada por buenos y malos... No sé si conocéis esta historia. Un día, alguien le preguntó a un sabio: si blanco es santo y negro, pecador, de qué color me ves? Y el sabio contestó: A rayas... Y, sí, todos tenemos algo de santos y algo de pecadores...
Las Catequistas Sopeña tenemos la costumbre de, en la cena de la víspera, leer el evangelio del día siguiente. Cuando ayer terminamos de leer este evangelio, la persona de más edad de la comunidad, exclamó: "Menos mal!" Sí, menos mal que Jesús ha venido a buscar a los pecadores, porque eso significa que ha venido por mí y para mí.
Tengamos esta mirada de Dios. Misericordia quiero y no sacrificios, dice el Señor. Tengamos ojos comprensivos y misericordiosos hacia nosotros mismos y hacia los demás... Tengamos el corazón de Dios.

jueves, 30 de junio de 2016

Tus pecados te son perdonados. (Mt 9, 1-8)

En los capítulos 8 y 9, San Mateo agrupa una serie de milagros de Jesús, como un modo de poner de manifiesto su poder sanador. Hoy se nos presenta la curación de un paralítico. Más que las parálisis del cuerpo, Jesús desea curar todo aquello que nos mantiene paralizados, que no nos deja caminar, movernos, ir hacia nuestros sueños, nuestros hermanos, Dios mismo...
Os dejo el enlace al comentario que hice hace ya un tiempo: http://paraorar.blogspot.com.es/2009/02/jesus-cura-un-paralitico-mt-91-8.html

martes, 28 de junio de 2016

Se levantó una tormenta y Jesús dormía. (Mt 8, 23-27).

"Se levantó un temporal tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas; Jesús dormía."
Muchas veces, Señor, sentimos como si estuvieras ausente...
Se levantan tormentas a nuestro alrededor,
nos azota el viento, las dificultades, las preocupaciones
y sentimos que nos hundimos, que no podemos más.
Nos sentimos revolcados por las olas, ahogados por la pena...
Y, en esos momentos, nos sentimos solos, sin fuerzas,
como si estuviéramos abandonados a nuestra suerte,
al vaivén de las circunstancias...
Y sentimos, Señor, como si estuvieras dormido,
como si te desentendieses de nosotros...
Sí, dormido, que no ausente, pues vienes en nuestra barca...
Saberte en mi barca, Señor, me da paz.
Saberte en mi barca me permite elevarte una oración,
gritarte mi desesperación si es preciso...
Saberte en mi barca, aunque dormido,
me da la seguridad de no estar abandonada
a merced de la tormenta.
Tus silencios, Señor, son también un modo de estar presente.
Tus silencios me invitan también a saber estar en silencio,
a tener una oración confiada,
a saber que, aunque en silencio, nunca estás ausente.
Y, de pronto, te levantas,
te enfrentas a la tormenta y vuelve la calma...
Señor, ayúdame a atravesar las tormentas
con la confianza de saber que Tú vienes en mi barca,
vienes conmigo...
Señor, que en momentos de dificultad,
no tema dirigirte un grito desesperado...
Y, sobre todo, Señor, que no olvide nunca
que Tú vienes siempre conmigo...
y que, en medio de la tormenta, nos das tu paz.

lunes, 27 de junio de 2016

Te seguiré adonde quiera que vayas... (Mt 8, 18-22).

Un persona se acerca a Jesús y le dice espontáneamente: "Maestro, te seguiré adonde quiera que vayas..." Esto me recuerda una sencilla oración que decimos las Catequistas al salir de casa: "Llévame donde Tú quieras, pero ven Tú conmigo..."
El cristianismo no es una doctrina que hay que aprender, unos preceptos morales que hay que guardar o unos ritos que hay que practicar... Ser cristiano es haber encontrado o mejor, haber sido encontrados por Jesús en nuestra vida. Ser cristiano es seguir a Jesús; es decir, ir creciendo en la consciencia de que Él va por delante y me indica un camino; y aprender a estar atentos a su voz, a sus indicaciones, a sus "inspiraciones"...
Cuántas veces a lo largo del día nos habla, nos invita, nos sugiere tener pequeños gestos de amor, de servicio... Hacer una llamada, una visita, escribir un email... Pequeños gestos que hacen mejor la vida de los demás... Y, en algunas ocasiones, también grandes gestos, con una gran incidencia en nuestro entorno... Colaborar en una buena causa, comprometerme en una acción de voluntariado, perdonar... Pequeños o grandes gestos..., lo importante es aprender a escuchar y seguir esa voz...
En el evangelio de hoy, Jesús nos previene contra dos obstáculos en el seguimiento. Uno, asociar el seguimiento a algo que nos da paz y seguridad... Es la tentación de quienes viven la religión como una burbuja... Por eso dice: quien me sigue no tendrá una guarida donde refugiarse ni un lugar tranquilo donde reposar... Porque seguir a Jesús nos inquieta y nos interpela; nos saca de nuestra zona de confort. Y, la segunda tentación es, como se dice ahora, "procastinar"..., dilatar, no terminar nunca de hacer lo que sabemos que tenemos que hacer y poner peros, excusas...Es lo que le dice un discípulo: "Sí, pero deja que primero..."
Seguir a Jesús toca el momento presente, el aquí y ahora...
Qué hermoso es vivir la vida sabiéndonos acompañados por Jesús, con la consciencia de que viene a nuestro lado... Vivamos atentos a sus inspiraciones, y unámonos a esa oración: "Llévame donde Tú quieras, pero ven Tú conmigo" (Dolores Sopeña).

domingo, 26 de junio de 2016

Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. (Lc 9, 51-62)

“¿Quieres que mandemos que caiga fuego y los consuma?” La reacción de Santiago y Juan ante el rechazo de los samaritanos tiene su lógica humana: dar su merecido, ojo por ojo. Jesús se vuelve, los riñe y se dirige hacia otro poblado. En estas palabras tan concisas, se vislumbra la grandeza de Jesús. Alguien que defiende la libertad, incluso de quienes no piensan como Él.
La lógica humana dice: los enemigos se combaten y se eliminan. Jesús, en cambio, quiere eliminar el concepto de enemigo. “Y se dirigió hacia otro poblado.” Siempre hay otro poblado, con otros enfermos que curar, otros corazones que vendar, otras casas en las que anunciar la paz.
Jesús no guarda resentimientos; Él construye caminos hacia el corazón del hombre, como dice el salmo: “Dichoso el hombre que tiene su fortaleza en Ti; en cuyo corazón están tus caminos.” (Sal 86,5). Y el evangelio se convierte en viaje, camino por recorrer, espacio abierto. E invita a nuestro cristianismo a no mirar el pasado, sino a iniciar nuevos caminos. Como le sucede a los tres nuevos discípulos que entran en la escena en la segunda parte de este evangelio: “Las zorras tienen madriguera y los pájaros, nido, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza.” Aunque, en realidad, no era exactamente así. Jesús tenía cientos de casas de amigos encantados de acogerlo y compartir con Él el pan y los sueños. Con la metáfora de las zorras y de los pájaros, Jesús traza el retrato de su existencia, amenazada por el poder religioso y político, en permanente riesgo, sin seguridad. Quien quiere vivir tranquilo y en paz en su nido seguro, no puede ser su discípulo.
Nosotros estamos acostumbrados a experimentar la fe como consuelo y apoyo, pan que nutre y alegría. Pero este evangelio nos muestra que la fe es también otra cosa: un proyecto que implica la gozosa fatiga de abrir nuevos caminos, la certeza de pertenecer a un sistema abierto y no cerrado. El cristiano corre el riesgo de ser rechazado y perseguido porque, como escribe Leonardo Sciascia, “a menudo va por el mundo contracorriente”, contrario al pensamiento dominante. 
“Deja que los muertos entierren a sus muertos.” Una frase durísima que no va contra los afectos humanos, sino que se aclara con lo que sigue: “Tú ve y anuncia el Reino de Dios”. Ve y haz cosas nuevas. Si te quedas en lo ya conocido, en lo ya visto, en lo ya pensado, no vives plenamente (“No penséis pensamientos ya pensados por otros”, escribe el P. Vannucci). Nosotros necesitamos frescura y el Señor necesita personas vivas.
De personas que, como quien ha puesto la mano en el arado, no mire hacia atrás, hacia los errores, los fracasos, sino que mire hacia delante, hacia los grandes campos del mundo, donde los surcos del arado son heridas que se llenan de vida.
Ermes Ronchi. Traducido del italiano. www.retesicomoro.it