sábado, 13 de noviembre de 2010

"¿Aún no comprendéis?" (Mt 16, 5-12)

Después de la discusión con los fariseos y saduceos (Mt 16, 1-4), Jesús los deja (¿por imposibles?) y se retira por tercera vez. Sube con los discípulos a la barca para pasar a la otra orilla… Toma distancia… Sale del lugar de la controversia y pone "agua por medio"…

En el trayecto aprovecha para seguir instruyendo a los Doce y les dice: "Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos"… Da la impresión de que ha quedado tan tocado por lo que acaba de pasar, que le sale de manera espontánea, y aparentemente sin motivo, ese comentario… Pero los discípulos andan "en otra"… Definitivamente, están con Jesús pero da la impresión de que no se enteran realmente de nada… Jesús anda preocupado por el rechazo y la incredulidad precisamente de quienes tendrían que acogerlo, y quienes lo acompañan están preocupados porque se han olvidado de comprar pan… Qué triste… ¡Qué distintas son las preocupaciones de Jesús y las nuestras! Y es entonces cuando de Jesús sale, más que un reproche, un lamento: "Hombres de poca fe, ¿por qué estáis hablando entre vosotros de que no tenéis panes?, ¿aún no comprendéis, ni os acordáis…? Y, ¿sabéis?, creo que es la misma lamentación que muchas veces dirige el Señor al vernos a nosotros… ¿Aún no comprendemos? ¿Es que no somos capaces de recordar todo lo que Él Señor ha sido capaz de hacer…? ¿Por qué nos cuesta tanto entrar en la lógica de Jesús, en su modo de ver y actuar…? ¿Por qué seguimos preocupados por los asuntos de "este mundo" en vez de dejar las cosas en manos del Señor?

Esto me recuerda a las palabras de Jesús en el Sermón del Monte, cuando dice: "No andéis preocupados por lo que vais a comer o con qué os vais a vestir… de eso se preocupan los que no creen en Dios… Vosotros preocupaos del Reino de Dios y su justicia…" Obviamente con ello no nos dice que no tomemos en serio nuestros asuntos, sino que no andemos obsesionados por ellos ni que sea nuestro único horizonte… ¡Veamos más allá! Y es entonces cuando los discípulos parecen "entender" que Jesús lo que hace es advertirles para que no sean como los fariseos y saduceos, incapaces de reconocer la acción de Dios y a su enviado, porque no tienen fe y sólo piensan en las cosas de este mundo… Y esta advertencia es también válida para nosotros, pues todos somos sujetos de caer en las mismas actitudes farisaicas y saduceas.

Pidámosle al Señor que abra nuestro entendimiento para entrar en "su lógica", para entrar en su corazón, y no estar tan obsesionados por nuestras cosas y el modo de ver la vida que es más propio de quienes no tienen fe…

sábado, 6 de noviembre de 2010

Haznos un signo del cielo (Mt 16, 1-4)

El capítulo 16 del evangelio según san Mateo inicia con una nueva polémica, esta vez con los fariseos y saduceos.

En primer lugar, llama la atención el contraste entre esta escena y la anterior… Poco antes, Jesús está rodeado de gente que viene a buscarlo para ser sanada y que permanece con Él tres días; es decir, no están de paso… En cambio, estos fariseos y saduceos se acercan a Jesús para tentarlo… No vienen a buscar nada de Él, sino a ponerle zancadillas… Está claro que no buscan la verdad, sino ponerlo en aprietos, dejarlo en evidencia ante la gente… Sus prejuicios les impiden ver lo evidente…

El evangelista dice que vienen para "tentarlo". La tentación, en el lenguaje bíblico, es todo aquello que se nos presenta como bueno, o al menos neutro; que resulta sugerente, y por ello nos seduce y engancha, pero que, en realidad, nos termina apartando del camino del Señor; es decir, la tentación es siempre un engaño, aunque camuflado… ¡Cuántas veces somos tentados y no nos damos cuenta…! ¡Cuántas veces hemos terminado haciendo cosas que se nos presentaban como "buenas" o "inocentes" y, al final, nos han dejado mal, han hecho daño a otros e incluso a nosotros mismos… ¡Cuántos creen que al tener más dinero serán más felices; que al tener determinado trabajo serán mejor considerados, etc. y, al final, después de haber pagado altos precios (familia, principios, etc.), se dan cuenta que no han obtenido lo que buscaban…! Pero, bueno, no nos desviemos del tema…

Y, ¿con qué tientan a Jesús? Pues pidiéndole un "signo del cielo".

Esto nos recuerda el episodio de las tentaciones en el desierto, cuando Satanás le dice a Jesús: "Tírate del alero del Templo…" Y Jesús responde: "No tentarás al Señor tu Dios" (Mt 4, 5-7)… Aquella tentación, según todos los comentaristas, consiste en realizar acciones espectaculares para atraer la atención de la gente y ganar seguidores… ¿Y por qué es una tentación? Porque el camino, el estilo del Dios de Jesús no es "ganar adeptos con intervenciones extraordinarias" sino el mostrar de manera humilde y sencilla su amor, sin imponerse, buscando sin artimañas conquistar nuestro corazón…

Definitivamente, Jesús rechaza el camino de la fama, del espectáculo, de "comprar fans"… Él recorrerá el camino del siervo sencillo y humilde…

Llama la atención, también, que estos fariseos y saduceos le pidan "signos", precisamente en un contexto en el que Jesús acaba de realizar una serie de curaciones, que en realidad son signos mesiánicos (Mt 15, 29-31), incluida la segunda multiplicación de los panes (15, 32-39), que alude al signo realizado por Dios en el desierto, a través de Moisés que dio el maná al pueblo…

Es por esto que Jesús les dice algo propio de la sabiduría popular: Con que sabéis leer las señales meteorológicas y predecir si lloverá o hará buen tiempo, y no sois capaces de leer el lenguaje de Dios… Incluso a nosotros podría decirnos, ¡anda que sois intuitivos para tantas cosas y sin embargo no sois capaces de ver las señales que os da el Señor! Con lo cual, lo que en realidad nos viene a decir, una vez más, es que somos ciegos espirituales o, peor aún, que no hay peor ciego que el que no quiere ver… De hecho, Jesús se queja no sólo contra loa fariseos y saduceos que han ido a tentarlo sino que se refiere de modo general a esta "generación malvada y adúltera"; es decir, gente con el corazón retorcido, incapaz de adorar al Dios verdadero… ¡Qué duro!... Y no es para menos… Cuando estamos cerrados, no hay manera de leer como señales de Dios, cantidad de signos y bendiciones con los que rodea nuestra existencia.

El episodio termina con una sentencia de Jesús: "No se os dará otro signo que el signo de Jonás". Con ello lo que quiere decir es que el profeta Jonás se limitó a predicar en Nínive (no hizo ningún milagro) y el pueblo se convirtió… Por tanto, en vez de andar detrás de cosas espectaculares (¡que nos encantan!), lo que se nos pide es creer a la palabra de Jesús y adherirnos a ella…

Que el Señor nos dé un corazón sencillo y atento a su Palabra y unos ojos agradecidos, que perciban su acción amorosa en nosotros y en el mundo.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

El Quehacer Diario (Colaboración)

Así es nuestra vida. Un quehacer diario. Jesús decía: “Cada día tiene su propio afán”.

Aunque todo parezca igual, todo es distinto y nuevo. Los trabajos, los horarios… se pueden repetir, la novedad no está en lo que hacemos, sino en la atención, en el momento que vivimos. Todo tiene sentido y cobra valor cuando se presta atención. No existen tareas mejores o peores. No es mejor el silencio que el descanso o el trabajo. El valor de cada cosa está en nosotros. Cuando vivimos centrados en nuestro yo más profundo todo lo que hacemos o tocamos se llena de luz y de vida. No hay que cambiar de actividad, de profesión, de vivienda, de amigos… para sentirse mejor. Si el silencio me va arraigando en mi naturaleza esencial, en lo que realmente soy… la vida irá fluyendo con naturalidad como el agua de la fuente.

Estamos en un tiempo litúrgico llamado “tiempo ordinario”. No celebramos ningún acontecimiento importante de la historia de la salvación. Lo que vivimos momento a momento es lo que realmente cuenta. Cada instante es único. Lo que no tiene relevancia, lo que no llama la atención, el ahora que no se repite… Así es la trama de la vida. Así es nuestro tiempo ordinario. El gran acontecimiento que celebramos es la vida que vamos siendo. “He venido para que tengan vida y ésta sea abundante”, dice Jesús. Que la vida de Dios nos posea y se manifieste en nuestras obras. “Que brille vuestra luz delante de los hombres para que glorifiquen a mi Padre…” Que seamos pequeñas lucecitas que se encienden en medio de la oscuridad diaria, pero que son capaces de señalar nuevos caminos.

“No se enciende una vela para ponerla debajo del celemín, sino que se coloca en alto para que alumbre a todos los de casa”, dice Jesús. Esta gran casa del mundo necesita millones de velas que comienzan a encenderse.

sábado, 30 de octubre de 2010

Segunda multiplicación de los panes (Mt 15, 29-39)

Mateo enmarca la segunda multiplicación de los panes en el siguiente contexto: Jesús está rodeado de gente que ha venido a su encuentro trayéndole cojos, lisiados, ciegos, mudos… Lo ponen a los pies del Maestro y Él los cura… Escena llena de ternura… Y estas curaciones, dan el fruto esperado: la gente queda curada y alaban a Dios… He aquí la intervención integral de Jesús, que cura el cuerpo y el alma… Y he aquí la verdadera reacción que el Señor espera de nosotros, no quedarnos en el hecho "milagroso", sino darle gracias… Éste es el ciclo de la experiencia religiosa… Presentar al Señor nuestras necesidades, acercarnos a Él, ponernos a sus pies, percibir su acción amorosa en nosotros y darle gracias…

Es en este contexto en el que Jesús dice: "Siento compasión de esta gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer"… La frase no tiene desperdicio… Una vez más contemplamos el corazón compasivo de Jesús… Jesús no está centrado en sí mismo, en su éxito… En quienes lo siguen no ve "fans" que lo endiosan… Él ve personas necesitadas y esto lo conmueve… Realmente Jesús no puede ver necesidades y no hacer nada… Pero, al parecer, no sólo le conmueve el ver que aquellas personas no tienen qué comer, sino el constatar que han permanecido con él tres días, a pesar de no tener comida… Es decir, son personas que le son fieles, no gente que está "de paso", mientras le solucionan sus problemas…

Esta segunda multiplicación de los panes es similar a la primera (14, 13-21). Muchos comentaristas coinciden en que probablemente sólo hubo una multiplicación. Sin embargo, ésta no es una mera "duplicación" de un suceso, sino que quiere poner de manifiesto, una vez más, que el Señor no sólo se dirigió al pueblo judío (primera multiplicación) sino que su acción también llegó hasta los considerados "paganos". Así, la primera multiplicación estaría en un contexto judío y, la segunda, en un contexto pagano… Esto se ve con claridad por los símbolos que utiliza el evangelista.

La situación es similar. La gente no tiene qué comer. Los discípulos manifiestan la imposibilidad de dar de comer a tanta gente. Jesús les pide que pongan en sus manos lo que tienen. Ellos aportan siete panes y unos pocos peces. Jesús da gracias, lo da a sus discípulos y estos, a la gente. Al final, todos quedan saciados e incluso de las sobras se recogen 7 espuertas…

Si os acordáis, en la primera multiplicación se hablaba de 5 panes y 12 canastos… El 5 y el 12 son números con gran simbolismo para los judíos (5 libros del Pentateuco, 12 tribus de Israel), mientras que el 7 es un número que expresa universalidad…

Hay otros dos pequeños detalles. En esta segunda multiplicación, Mateo habla de "espuertas", termino griego equivalente a los "cestos" de la primera multiplicación. Y utiliza el verbo "dar gracias" (griego), en lugar de "bendecir" (judío).

Por tanto, el mensaje es sencillo: el pan que Jesús ofrece (prefiguración de la Eucaristía), está destinado a saciar el "hambre" no sólo de los judíos, sino de todo el mundo… Por eso se dio de comer a 4.000 personas, pues el cuatro alude a los cuatro puntos cardinales…

Que el Señor nos regale un corazón universal y un gran espíritu misionero para no sólo solucionar el hambre de pan y cultura de tanta gente, sino para ofrecerles el alimento espiritual del evangelio…

sábado, 23 de octubre de 2010

Curación de la hija de una cananea (Mt 15, 21-28)

Después la controversia con los escribas y fariseos sobre lo puro e impuro (Mt 15, 1-20), Jesús vuelve a retirarse con sus discípulos… Mateo utiliza este recurso literario para señalar que, ante la dificultad que tiene la gente y los dirigentes religiosos ante su doctrina, Él va a concentrar su enseñanza en los discípulos más cercanos…

Se retira hacia Tiro y Sidón, región de paganos. Allí sale a su encuentro una mujer cananea que le suplica para que cure a su hija… Las palabras que salen de la boca y del corazón de aquella madre son hermosas: "Ten piedad de mí, Señor, hijo de David. Mira que mi hija es atormentada por un demonio"… Dirigirse a Jesús, dirigirse a Dios con esas palabras es apelar a su compasión, a su buen corazón… De hecho, ésta es una de las oraciones más sencillas y que podemos repetir a lo largo del día: "Señor, ten piedad y misericordia de mí"…

Lo que resulta llamativo es que se acerque a Jesús no sólo una extranjera sino una mujer… Definitivamente, algo tenía aquel hombre que atraía a sí a todas las personas, sin miedo a ser rechazadas… Sin embargo, Jesús parece no atender a esta súplica, y son los discípulos los que interceden por ella… ¡Increíble!... Esto supone un avance enorme, ¡que los discípulos intercedan por una extranjera es señal de que poco a poco van interiorizando el mensaje de Jesús!

Jesús alega que Él ha sido enviado para las ovejas perdidas de Israel, dato importante, pues pone de manifiesto que Él no tiene nada contra el pueblo judío sino contra las malas interpretaciones que algunos judíos han hecho de los mandamientos de Dios. Y es entonces cuando se suscita un diálogo interesante. La mujer no interpreta esto como un rechazo a su persona y tiene la humildad suficiente de insistir (¡buena enseñanza para nosotros!)… Y aunque se refiere a ella como un perrito a los pies de su señor, lo que hace es utilizar un lenguaje figurado, puesto que a los israelitas se los llamaba "hijos" y a los paganos "perros". Lo verdaderamente importante es que la mujer se atreve a insistir y obtiene de Jesús una alabanza maravillosa: "Mujer, grande es tu fe, que te suceda como deseas".

Algunos comentaristas interpretan esta reacción como un acto de humildad por parte de Jesús… Al parece, inicialmente Él interpretó su misión como dirigida casi exclusivamente a Israel; sin embargo, se deja enseñar por la mujer, y descubre que la voluntad de su Padre es dirigir su amor y su bondad a todos, pues para Él no han extranjeros sino que todos son hijos… Hermoso mensaje…

Que el Señor nos regala la humildad de esta mujer y su fe… Y la humildad de corazón para ser corregidos y enseñados por otros, si esto nos acerca a lo que Dios realmente quiere...