sábado, 26 de marzo de 2011

III Domingo de Cuaresma (Ciclo A): “Jesús, agua viva…” (Jn 4, 5-43)

La Cuaresma en un tiempo de preparación al Misterio Pascual. Antiguamente, era el tiempo dedicado a la preparación de los catecúmenos para recibir el bautismo en la noche de Pascua. En algunos lugares, todavía se mantiene esta hermosa tradición. Sin embargo, para los que ya hemos sido bautizados, el tiempo cuaresmal nos ofrece un itinerario para profundizar en la importancia de nuestro Bautismo.
En el Ciclo A, a partir del tercer domingo, se nos propone contemplar tres textos evangélicos que ponen ante nosotros tres símbolos del sacramento del Bautismo: el agua (la Samaritana),  la luz (la curación del ciego de nacimiento) y la vida (la resurrección de Lázaro). Con ello se nos viene a recordar que estos símbolos nos remiten a Jesús que es el agua que sacia nuestra sed, la luz que ilumina nuestra oscuridad y la vida que vence la muerte.
En este tercer domingo contemplamos el encuentro de Jesús con la Samaritana. Es un relato hermoso. Jesús se detiene, cansado, al pie de un pozo. Son las cuatro de la tarde y, cosa extraña, viene una mujer a sacar agua… tal vez va a esa hora para no encontrarse con nadie, dada su mala reputación. Pero, oh sorpresa, hay un hombre. Pero no hay porqué preocuparse, es judío y, por tanto, basta ignorarlo (los samaritanos no se hablan con los judíos)… ¡Cuántos prejuicios…! ¡Cuántas veces nos encontramos con personas a las que evitamos dirigirles la palabra por tantos motivos…! Por eso, es Jesús quien toma la iniciativa… Es Jesús quien rompe nuestros prejuicios, nos dirige una palabra; más aún, nos expresa un deseo: “Dame de beber…”
Pon atención y escucha esta petición: “Dame de beber”… Estas palabras se dirigen a ti, a mí… ¿Qué espera Jesús de mí?, ¿qué me pide?...
La mujer, en vez de responder a este deseo, va a entrar en una discusión inútil… ¡Cuánta palabrería, cuántas negociaciones cuando el Señor nos pide algo…! Entonces, Jesús da un giro… El que empezaba pidiendo, ahora ofrece… “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te está pidiendo de beber, tú le pedirías y Él te daría…!” Y aquí se nos revela un rasgo profundo de Dios… A Dios no le importa aparecer ante mí como un mendigo, como alguien que necesita de mí… ¡Increíble…! Y, al mismo tiempo, aparece como aquel que puede satisfacer mis deseos más profundos…
El agua es la imagen de algo sencillo, elemental, básico y, al mismo tiempo, fundamental… Sin agua no se puede vivir… Lo que nos ofrece Jesús es ese “algo” sin lo cual no podemos vivir: el amor, la confianza, la aceptación incondicional que sólo Dios nos puede dar…
Acerquémonos al pozo, acerquémonos a Jesús, démosle de beber, y pidámosle esa agua que sólo Él nos puede dar, esa agua que no se agota, que brota en lo profundo de nuestro ser y que puede ayudar a calmar la sed de tantos otros…

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