sábado, 14 de abril de 2012
Tiempo Pascual
miércoles, 11 de enero de 2012
Tiempo Ordinario

Este tiempo abarca 33 ó 34 semanas, en las que no se celebra ningún aspecto particular del misterio de Cristo (Adviento y Navidad se centran en la Encarnación, y la Cuaresma y Pascua en al Misterio Pascual), si bien a lo largo de estas semanas hay numerosas fiestas tanto del Señor como de la Virgen y de los Santos.
El Tiempo Ordinario se divide en dos “partes”. La primera empieza con la celebración de la Fiesta del Bautismo del Señor y dura hasta el martes anterior al Miércoles de Ceniza, que da inicio a la Cuaresma. Ahí se interrumpe para reiniciarse desde el lunes siguiente a Pentecostés hasta las vísperas del primer domingo de Adviento (que es el domingo más próximo al 30 de noviembre) con el cual se inicia el Nuevo Año litúrgico. Las fechas varían cada año, pues se toma en cuenta los calendarios antiguos que estaban determinados por las fases lunares, sobre todo para fijar la fecha del Viernes Santo, día de la Crucifixión de Jesús; a partir de ahí se estructura todo el año litúrgico.
El tiempo Ordinario es el tiempo más largo, cuando los cristianos somos llamados a profundizar en la persona de Jesús y en el Misterio Pascual, y a vivirlo en la vida de cada día. Para ello nos ayudan las lecturas bíblicas de las misas, distribuidas de modo que, quien las lee todos los días, en dos años habrá leído lo más importante de la Sagrada Escritura, y quien va a la eucaristía todos los domingos, hará este recorrido a lo largo de tres años.
miércoles, 5 de mayo de 2010
Mes de Mayo
La Iglesia Católica tiene una hermosa tradición conocida como "Mes de Mayo", que consiste en tener un recuerdo especial, a lo largo de todo este mes, a la Virgen María.
Investigando el origen de esta devoción he encontrado lo siguiente:
¿Por qué elegimos mayo como el mes en el que ejercitamos una devoción especial a la Bienaventarurada Virgen María?
La primera razón es porque es el tiempo en el que la tierra estalla en tierno follaje y verde pastos, después de las severas heladas y nieves del invierno, y la cruda atmósfera y el viento salvaje y las tempranas lluvias de la primavera. Porque los retoños brotan en los árboles y las flores en los jardines. Porque los días se vuelven largos, el sol nace temprano y se pone tarde. Porque semejante alegría y júbilo externo de la Naturaleza es el mejor acompañante de nuestra devoción a Aquella que es la Rosa Mística y Casa de Dios.
Alguien podría decir, «cierto, pero a menudo el tiempo es desapacible en el inclemente mayo». Nada que objetar, pero aún así, nadie puede negar que al menos sea el mes de la promesa y de la esperanza. Aunque el tiempo sea malo, es el mes que inicia y preludia el verano. Sabemos, que aunque mayo sea desagradable, el buen tiempo llegará tarde o temprano. Como dice el profeta, el esplendor y la belleza «corre al cumplimiento y no fallará, si tarda espérala, porque en verdad ha de acaecer, no se retrasará».
Mayo es el mes, si no de la consumación, al menos de la promesa, ¿no es este el sentido en el que más propiamente recordamos a la Santísima Virgen María, a quien dedicamos el mes?
El profeta dice: «un vástago saldrá del tronco de Jesé, una flor surgirá de sus raíces». ¿Quién es esa flor si no Nuestro Señor?, ¿quién es el tronco, o el hermoso tallo o planta de la cual crece la flor, sino María Madre del Señor, María Madre de Dios?
Fue profetizado que Dios vendría a la Tierra. Cuando el tiempo llegó a su plenitud, ¿cómo fue anunciado? Fue anunciado por el Ángel a María: «Salve, la llena de gracia», dijo Gabriel, «el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres». Ella era la promesa segura de la venida del Salvador, y por todo esto, mayo es especialmente distinguido como su mes.
En cualquier caso hay testimonios antiguos de la dedicatoria del mes de mayo a la especial devoción a Nuestra Madre. Por un lado el Tricesimun (los treinta días de devoción a la Virgen) de origen desconocido, en cualquier caso anterior al siglo doce, o el «Ben venna Mayo» de las Cántigas de Alfoso X el Sabio, que constata que mayo ya se le dedicaba a la Virgen al menos en España.
(Fuente: De Lapsis)
Igual que este mes dedicamos un día a celebrar a nuestra madre en la tierra, dediquemos a lo largo de este mes un recuerdo especial a nuestra Madre del cielo.
jueves, 14 de enero de 2010
"Jesús se hizo hombre para que podamos convertirnos en hijos de Dios" (Benedicto XVI)
Queridos hermanos y hermanas:
Esta mañana, durante la misa celebrada en la Capilla Sixtina, he administrado el sacramento del Bautismo a varios recién nacidos. Esta costumbre está ligada a la fiesta del Bautismo del Señor, con la que se concluye el tiempo litúrgico de la Navidad. El Bautismo expresa muy bien el sentido global de las festividades navideñas, en las que el tema de convertirse en hijos de Dios gracias a la venida del Hijo unigénito en nuestra humanidad constituye un elemento dominante. Él se hizo hombre para que podamos convertirnos en Hijos de Dios. Dios nació para que podamos renacer. Estos conceptos aparecen continuamente en los textos litúrgicos navideños y constituyen un motivo entusiasmante de reflexión y esperanza. Pensemos en lo que escribe san Pablo a los Gálatas: "envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva" (4, 4-5); o en lo que dice san Juan en el Prólogo de su Evangelio: "a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios" (Juan 1,12). Este estupendo misterio, que constituye nuestro "segundo nacimiento" -el renacimiento de un ser humano de lo alto, de Dios (Cf. Juan 3,1-8)- tiene lugar y se resume en el signo sacramental del Bautismo.
Con este sacramento el hombre se convierte realmente en hijo, hijo de Dios. A partir de ese momento, el fin de su existencia consiste en alcanzar de manera libre y consciente aquello que desde el inicio constituye el destino del hombre. "Conviértete en lo que eres", representa el principio educativo básico de la persona humana redimida por la gracia. Este principio tiene muchas analogías con el crecimiento humano, en el que la relación de los padres con los hijos pasa por separaciones y crisis, de la dependencia total a la conciencia de ser hijo, del reconocimiento del don de la vida recibida a la madurez y la capacidad para dar la vida. Engendrado por el Bautismo para una nueva vida, también el cristiano comienza su camino de crecimiento en la fe que le llevará a invocar conscientemente a Dios como "Abbá - Padre", a dirigirse a Él con gratitud y a vivir la alegría de ser su hijo.
Del Bautismo se deriva también un modelo de sociedad: la de los hermanos. La fraternidad no se puede establecer a través de una ideología y mucho menos por el decreto de un poder constituido. Nos reconocemos hermanos a partir de la humilde y profunda conciencia del ser hijos del único Padre celestial. Como cristianos, gracias al Espíritu Santo, recibido en el Bautismo, se nos ha dado el don y el compromiso de vivir como hijos de Dios y como hermanos, para ser como "levadura" de una humanidad nueva, solidaria y llena de paz y esperanza. En esto, nos ayuda la conciencia de tener, además de un Padre en los cielos, también una madre, la Iglesia, de quien la Virgen María es modelo perenne. A ella le encomendamos los niños recién bautizados y sus familias y le pedimos para todos la alegría de renacer cada día "desde lo alto", del amor de Dios, que nos hace sus hijos y hermanos entre nosotros.
domingo, 10 de enero de 2010
Fiesta del Bautismo del Señor (Ciclo C)
El domingo siguiente a la Epifanía, la Iglesia celebra el Bautismo de Jesús. Con esta fiesta, se da por terminado el Tiempo de Navidad y da comienzo el denominado Tiempo Ordinario.
Del Tiempo Ordinario podríamos decir lo mismo que de la vida “ordinaria”. Es un tiempo en el que parece no suceder nada “especial” sino lo del día a día; sin embargo, es en el tiempo ordinario en el que transcurre la mayoría de nuestra vida, y ya lo creo que ocurren cosas importantes. Así mismo, el Tiempo Ordinario es el dedicado a contemplar a Jesús a lo largo de su Vida Pública, en el día a día de su vida, desde el Bautismo en el Jordán, hasta su entrada triunfante en Jerusalén, el Domingo de Ramos. Y es en ese acompañar a Jesús día a día, donde lo vamos conociendo… Qué hace, con quiénes se relaciona, qué siente, qué dice, cuáles son sus gustos, sus opciones, desde dónde toma sus decisiones, que da sentido a su vida…
El evangelista san Juan termina su Prólogo diciendo: “A Dios nadie lo ha visto jamás, el Hijo único, el que está en el seno del Padre, él nos lo ha contado” (Jn 1,18). Y, sin duda, ésta es la mejor motivación para adentrarnos en la vida de Jesús… Conocer a Jesús es conocer al Padre… Ver a Jesús es ver al Padre (cfr. Jn 14,9)… Todas nuestras “ideas” o “imágenes” de Dios, vienen puestas a prueba en Jesús… Todo aquello acerca de Dios que no coincida con lo que Jesús dice o hace, sencillamente no es verdad… Por eso es tan importante acercarnos a su persona y conocerlo a fondo, para aprender a ser como Él, que es el modo de aprender a ser hijos y hermanos.
Aprovecho también este espacio para recordaros que la Iglesia distribuye a lo largo de un año, la consideración de los grandes misterios de la vida de Jesús, desde su concepción, hasta su muerte y resurrección; es lo que conocemos con el nombre de Año Litúrgico. Este “año”, tiene dos puntos centrales, la Navidad (el nacimiento de Jesús) y el Misterio Pascual (su muerte y resurrección); todo lo demás gira en torno a esto… El Adviento nos prepara a la Navidad y la Cuaresma al Misterio Pascual… Y estos dos acontecimientos son tan importantes, que los celebramos durante muchos días seguidos (Tiempo de Navidad y Tiempo Pascual). Todo lo que no forma parte de estos tiempos “fuertes”, es el Tiempo Ordinario.
Para ayudarnos a acceder a lo más importante de la Escritura, la Iglesia ha distribuido los textos más importantes en las lecturas de la misa. A quien escucha las lecturas de las misas dominicales, recorrer lo principal del Evangelio le llevará tres años. Cada uno de estos años forma parte de los denominados Ciclos Litúrgicos. Por eso, hay tres Ciclos: A, B y C. ¿Cómo saber en qué Ciclo estamos? Hay un “truco” muy sencillo. Sumamos los números del año en el que estamos, por ejemplo 2010 = 3. Si el número es múltiplo de 3, estamos en el Ciclo C. Si es un número más, estamos en el A (es la letra siguiente a la C) y si es un número menos, estamos en el B (es la letra anterior a la C). Por tanto, el 2009 = 11 = 2 fue el Ciclo B y el próximo año 2011 = 4, será el Ciclo A. En realidad, basta recordar que el múltiplo de 3 es el ciclo C… Lo demás, se desprende de allí.
En cambio, quienes leen las lecturas propuestas para todos los días, leerán lo principal de los evangelios en un solo año y el Antiguo Testamento en dos años. Por eso en los misales se habla de “Años Pares” y “Años Impares”. En los pares se proponen unos textos del Antiguo Testamento y unos salmos; y en los impares, otros. De este modo, como os digo, podemos hacer una lectura bastante ordenada de toda la Escritura.
Al retomar el “Tiempo Ordinario”, a partir de la próxima semana proseguiremos nuestra lectura continuada del evangelio de Mateo, allí donde nos quedamos antes del Adviento, es decir, empezaremos el capítulo 12.
jueves, 29 de octubre de 2009
"El Sínodo ha hecho un buen trabajo"
El pasado domingo ha concluido el Sínodo para África. Os comparto parte del discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió a los Padres que han participado en dicha Asamblea, en el almuerzo que les ofreció en el Atrio del Aula Pablo VI.
Queridos hermanos y hermanas:
Ha llegado la hora de decir gracias. Gracias ante todo al Señor que nos ha convocado, nos ha reunido, nos ha ayudado a escuchar su Palabra, la voz del Espíritu Santo, y así ha dado también la posibilidad de encontrar el camino de la unidad en la multiplicidad de experiencias, la unidad de la fe y de la comunión en el Señor. Por esto la expresión “Iglesia-Familia de Dios” ya no es solo un concepto, una idea, sino una experiencia viva de estas semanas: hemos estado realmente reunidos, aquí, como Familia de Dios. Hemos hecho también, con la ayuda del Señor, un buen trabajo.
El tema, por sí mismo, no era un reto fácil, tenía dos peligros, diría yo. El tema “Reconciliación, justicia y paz” implica ciertamente una fuerte dimensión política, si bien es evidente que reconciliación, justicia y paz no son posibles sin una profunda purificación del corazón, sin una renovación del pensamiento, una metanoia, sin una novedad que debe surgir precisamente del encuentro con Dios. Pero aunque esta dimensión espiritual es profunda y fundamental, también la dimensión política es muy real, porque sin realizaciones políticas , estas novedades del Espíritu normalmente no se realizan. Por eso la tentación podía ser de politizar el tema, de hablar menos como pastores y más como políticos, con una competencia tal, que no es la nuestra.
El otro peligro ha sido – precisamente por huir de esta tentación – el de retirarse a un mundo puramente espiritual, a un mundo abstracto y bonito, pero no real. El discurso de un pastor, en cambio, debe ser realista, debe tocar la realidad, pero en la perspectiva de Dios y de su Palabra. Por tanto esta meditación comporta, por una parte, estar realmente pegados a la realidad, atentos a hablar de lo que hay, y por otra parte, a no caer en soluciones técnicamente políticas; esto significa indicar una palabra concreta, pero espiritual. Este era el gran problema del Sínodo y me parece que, gracias a Dios, hemos conseguido resolverlo, y para mí esto es también motivo de gratitud porque facilita mucho la elaboración del documento post-sinodal. [...]
El Sínodo acaba y no acaba, no sólo porque los trabajos continúan con la Exhortación postsinodal: Synodos quiere decir camino común. Permanezcamos en el camino común con el Señor para prepararle los caminos, apara ayudarle, abrirle las puertas del mundo, para que pueda crear su Reino entre nosotros. En este sentido mi Bendición para todos vosotros. Recitemos ahora la oración de acción de gracias por la comida.
Si queréis leer el Mensaje final del Sínodo, podéis encontrarlo en este enlace.
sábado, 17 de octubre de 2009
miércoles, 24 de junio de 2009
Año Sacerdotal
jueves, 19 de febrero de 2009
Unidos por la Vida
(con la foto de un no nacido)
www.unidos por la vida.org/Proyecto_adopción/material.htm.
miércoles, 11 de febrero de 2009
El caso de Eluana
jueves, 27 de noviembre de 2008
Tiempo de Adviento: ¡El Señor está cerca...!
Es importante recuperar y aprovechar este tiempo como tiempo de preparación… Lamentablemente los días (por no decir semanas) próximos a la Navidad suelen ser un tiempo de agobio… ¡Hay tantas cosas que preparar, regalos que comprar, cenas a las que asistir…! Y, claro, la auténtica fiesta pasa totalmente desapercibida… Por eso, a partir de hoy interrumpimos el comentario al evangelio de Mateo para utilizar este espacio como una ayuda para vivir de manera sencilla y consciente el Adviento y, por tanto, la Navidad.
El término “adviento” viene de “adventus”, que quiere decir venida… Por eso, el adviento se asocia a tres actitudes básicas: la vigilancia, la esperanza y la alegría… Sí, hay que estar atentos, despiertos porque el Señor llega, se acerca… de la manera más inesperada y, a la vez sencilla… atentos para descubrir su presencia entre nosotros… Y es eso lo que nos abre a la esperanza… Nuestra vida no está avocada al fracaso, a la monotonía y la rutina… No… Nuestra vida tiene futuro, tiene sentido porque está en las manos de Dios… Y la prueba es que, un día, Dios quiso habitar entre nosotros… Por eso, la Navidad es siempre tiempo de alegría…
Como preparación, os invito a recuperar una hermosa tradición: La corona de Adviento… Hacerla es muy sencillo. Con unas ramas preferiblemente de pino se elabora una corona. Entre sus ramas, a igual distancia, se colocan tres velas moradas y una rosada. Si no tienes en este color, usa velas blancas y colócales un listón morado y rosado. Hay quien utiliza velas de colores, dándoles a cada una un significado: verde (esperanza), blanca (paz), rosa (alegría), roja (amor). El simbolismo consiste en encender una vela cada semana y hacer una sencilla oración en familia o con unos amigos. El encender progresivamente las velas, semana tras semana, indica la Luz del Padre, que es Cristo, que está por venir y a quién nos acercamos progresivamente. Es también recomendable que la corona esté en un lugar visible, como en medio de la mesa familiar.
Para este primer domingo os propongo la siguiente oración:
Encendemos, Señor, esta luz,
como aquel que enciende su lámpara para salir en la noche,
al encuentro del amigo que ya viene.
En esta primera semana del Adviento
queremos levantarnos para esperarte preparados,
para recibirte con alegría.
Muchas cosas no nos permiten verte.
Muchas situaciones nos adormecen.
Queremos estar despiertos y vigilantes,
porque tú nos traes la luz más clara,
la paz más profunda,
y la alegría más verdadera.
¡Ven, Señor Jesús! ¡Ven, Señor Jesús!