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lunes, 28 de mayo de 2018

¿"Ser o tener" o "Ser para tener"? (Mc 10, 17-27)

“Ser o tener”. Es una de las disyuntivas más conocidas. Pero, ¿por qué se presenta como algo antagónico?
En primer lugar, es importante señalar que tener no es algo negativo. Lo que está en juego es sobre qué construimos nuestra identidad más profunda, nuestro valor como personas, ¿a partir de lo que somos o a partir de lo que tenemos? Y, sin duda, muchas veces se nos hace creer que valemos de acuerdo a lo que tenemos y, de hecho, solemos ser considerados “importantes” de acuerdo a lo que aparentamos. Es en este sentido donde se nos previene de este engaño. No, la persona, yo, soy más de lo que tengo; no se “mide” mi valor por mi cuenta corriente, mis títulos, mis… Y cuando se descubre esto, se produce una profunda liberación interior y es entonces cuando empezamos a trabajar no solo por tener, sino, sobre todo, por ser… Por ser yo mismo, por vivir de acuerdo a mis valores, a mis creencias, sin necesidad de aparentar ni de ponerme tacones o maquillaje. Por eso, más que contraponer “ser o tener”, se trata de priorizar el ser al tener. Solo desde el ser, el tener alcanza su verdadero sentido.
Hoy el evangelio nos propone otra disyuntiva: tener o dar. Jesús es abordado por un joven que tenía muchas riquezas… pero que siente que le falta algo más… Todo su ser se ha elaborado desde ahí, desde lo que posee, desde lo que hace, desde lo que ha conseguido… Pero eso no llena su vacío interior, pues nuestras búsquedas de sentido no se sacian con lo que hacemos o acumulamos. Y para responder a esa búsqueda, Jesús le propone algo que lo descoloca totalmente: “anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres”.
San Francisco de Asís se tomó muy en serio esa invitación y, efectivamente, lo dejó todo. ¿Y nosotros? No todos estamos llamados a vivir con esa radicalidad. ¿Entonces? Lo que Jesús nos quiere ayudar a descubrir es que hay más felicidad en dar que en recibir, que estamos hechos para compartir, no para acumular. Es decir, no estamos ante todo o nada, tener o no tener. Estamos ante el sentido del tener, de modo que no caigamos en la perniciosa dinámica del acumular sino en la gozosa experiencia de compartir, de dar, de entregarnos…

martes, 13 de febrero de 2018

Hay cosas que solo se entienden con el corazón. (Mc 8, 14-21)

El evangelio de Marcos resalta en muchas ocasiones la dificultad que tenían los discípulos para entender a Jesús. En esta ocasión, incluso pone en boca de Jesús estas palabras: ¿Es que no acabáis de entender? Y, sí, a nosotros nos pasa también lo mismo. Seguimos a Jesús con sinceridad de corazón, pero hay cosas que nos cuesta entender… Nos cuesta entender por qué hay que perdonar siempre; nos cuesta entender por qué tenemos que amar a todos, incluso a nuestros enemigos; nos cuesta entender que para vivir hay que morir y que solo el que se pierde se encuentra… El evangelio está lleno de paradojas que nos cuesta entender porque nos empeñamos en pasarlo todo por nuestra cabeza, y hay cosas que solo se entienden con el corazón… “El corazón tiene razones que la razón no entiende”…
Tal vez ese es el secreto. Jesús nos invita a escuchar en el silencio del corazón, en ese lugar sagrado donde Dios habita, donde no estamos contaminados con palabras, ideas preconcebidas, necesidad de tener la razón y encasillarlo todo dentro de nuestros esquemas…
Abre, Señor, nuestro corazón, para acoger tu mensaje de paz, de amor, de modo que penetre nuestra vida, la transforme y la haga presencia de tu paz y de amor…

sábado, 6 de agosto de 2016

"Y se transfiguró delante de ellos..." (Mc 9, 2-10).

No sé si alguna vez habéis tenido la experiencia de estar ante alguien que se ha descubierto ante vosotros, desvelándoos su más profunda intimidad...; cosas, detalles, aspectos que habitualmente no son visibles... Y al mirarla, es como si, de pronto, os encontrarais ante otra persona, pues la veis llena de luz, de bondad, de belleza... Sencillamente porque la veis tal como es en realidad, pues somos eso, seres llenos de luz, bondad y belleza...
Algo parecido fue lo que les pasó a Pedro, Santiago y Juan, los tres discípulos más íntimos de Jesús, cuando Él los invitó a subir al monte Tabor y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron blancos, brillantes... Todo su ser desprendía tanta luz, que los deslumbraba... Y, de pronto, vieron lo que habitualmente estaba oculto en la persona de Jesús... Detrás de su humildad, de su sencillez, de ese "ser como uno de tantos", había alguien lleno de luz, de bondad, de belleza...
A su lado, aparecieron Moisés y Elías, representantes de la Ley y los profetas; es decir, del Antiguo Testamento. Y Jesús estaba en el centro, poniendo de manifiesto que Él era la plenitud, que todo miraba, apuntaba hacia Él. Jesús es la plenitud de la revelación, en Jesús se hace visible el rostro de Dios. El invisible, el innombrable, se hace visible, asequible, experimentable en aquel hombre humilde, sencillo; en aquel nazareno que muchos rechazan, a quien no comprenden, pero que pasa por la vida haciendo el bien, devolviendo la salud, expulsando demonios, dando vida...
Y, entonces, aquellos tres discípulos oyen una voz que dice: "Este es mi Hijo amado, escuchadle...!"
Estas palabras revelan lo más profundo de Jesús, la esencia de su ser... El es el Hijo amado... Esa luz es su esencia divina, el amor que lo habita, ese amor con el que es amado y que en Él se desborda hacia los demás, transformando en bien todo lo que toca... Qué hermoso...!
Contemplemos el rostro luminoso de Jesús, ese rostro humano, cercano, que nos revela el amor que Dios nos tiene. Dejémonos amar, dejémonos transformar en lo que somos en lo más profundo de nuestro ser: luz, amor, bondad, belleza... Y, para eso, escuchémoslo, leamos, meditemos su Palabra y hagámoslo vida...

jueves, 2 de junio de 2016

Ama y haz lo que quieras. (Mc 12, 28b-34)

«"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser." El segundo es éste: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." No hay mandamiento mayor que éstos.» Esta es la respuesta que das al escriba que te preguntó sobre el primero de los mandamientos... Una vez más, te pedían definirte, y no era fácil, pues había cientos de preceptos que terminaban dando la misma importancia a detalles y pequeñeces que a lo realmente nuclear.
Y sí, a veces es tal la maraña de cosas que tenemos que hacer, que nos encontramos abrumados por las "obligaciones", por los "deberes", y corremos el riesgo de que se nos olvide lo importante... Y Jesús nos ayuda a volver a lo esencial. Todo se centra en el amor, el amor a Dios y al que tenemos cerca... No es cuestión de cumplir una serie de cosas, como hacía aquel rico que, a pesar de ello sentía que le faltaba algo; se trata de amar... Como dice San Juan de la Cruz: "al final de la vida, seremos juzgados en el amor"; lo único que realmente importará es si hemos amado... Y el amor no es un sentimiento; el amor está hecho de pequeños gestos y detalles: escuchar, disculpar, hacer un favor, sonreír, quitar hierro a las cosas, hacer la vida agradable, poner lo que está de mi mano para hacer un mundo mejor... Por eso San Agustín escribe: "Ama y haz lo que quieras". Porque, quien ama, solo podrá hacer el bien.

miércoles, 1 de junio de 2016

Dios es un Dios de vivos... (Mc 12, 18-27)

El evangelio de hoy trae ante mí tantas discusiones teológicas y polémicas por el modo como interpretar o entender diversos temas religiosos que afectan a nuestra vida de cada día... De hecho, muchas veces, según a quien leamos o escuchemos, las conclusiones son distintas... Y, en no pocas ocasiones, nos pasa como a los saduceos de este texto, que parece se acercan a Jesús para reforzar su propia creencia contraria a la resurrección... Qué difícil es buscar con honestidad la verdad cuando lo que realmente buscamos, aunque de manera inconsciente, es que nos den la razón... Por eso me parece tan sabía la respuesta de Jesús. No entra a polemizar. Sencillamente dice: "Estáis equivocados, porque no entendéis las Escrituras..."
Este reproche está varias veces en boca de Jesús: no entendéis... Y, detrás de ese reproche, hay una llamada, la llamada a profundizar en su Palabra para así entender su verdadero sentido, para no quedarnos en la letra si no en el espíritu... Y una clave de lectura fundamental es que "Dios es un Dios de vivos...". Dios ama y protege la vida... Por eso, nunca debería invocarse el nombre de Dios para justificar la muerte o lo que al ser humano le coarta la vida... Señor, danos un corazón sincero, que busque la verdad. Señor, qué seamos defensores y protectores de la vida..., de todo lo que es vida..., de todo lo que da vida... Venga de dónde venga...

lunes, 30 de mayo de 2016

Parábola de los viñadores homicidas (Mc 12, 1-12)

"Entonces se dijeron: matémoslo. Lo agarraron, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña". De este modo tan directo expresa la parábola las intenciones de los sacerdotes, letrados y senadores, a quienes Jesús dirige estas palabras... Sí, Jesús conoce el corazón y desvela sus intenciones ocultas... Por eso, podríamos preguntarnos qué ve en el mío, cuáles son esos deseos ocultos respecto a otras personas..., deseos que incluyen el ánimo de eliminarlas de tantas maneras, sin tener que llegar, obviamente, al asesinato... Pero prefiero fijarme no en las torcidas intenciones del corazón humano, sino en el corazón de Dios. Porque está parábola también nos está hablando del Padre...
La viña es una imagen muy conocida por el pueblo judío, pues la viña son ellos, soy yo... 
Hoy podemos contemplar el amoroso cuidado del viñador; es decir, el amoroso cuidado del Padre hacia cada uno de nosotros, hacia mí... Contemplar cómo la planta, la rodea con una cerca, cava un lagar, etc... Y, al final, la entrega a unos labradores para que la cultiven... Ese es Dios... Nos rodea de beneficios, nos da lo que necesitamos para vivir... A mí, a todos... Un mundo lleno de maravillas... Y no escatima detalles de ternura... Y es tan generoso, que al final nos entrega el mundo para que lo cuidemos y lo hagamos crecer, producir, multiplicarse... 
Todo esto me recuerda los relatos de la creación del Génesis (1-2). Pero, de repente, las cosas se tuercen... Pasado un tiempo prudencial, el dueño de la viña envía mensajeros para percibir el tanto que le corresponde... Y, qué se encuentra? Unos viñadores que se han apropiado de la viña y eliminan al mensajero.. Pero lo realmente increíble es que, el dueño de la viña, Dios, no se resigna, no pierde la esperanza, y manda mensajeros una y otra vez... Y aunque los siguen maltratando, continúa en su empeño, hasta el punto de mandar a su Hijo... 
Al final, esa es la imagen que me queda... Dios no pierde la esperanza... Dios sigue confiando en que su amor, su cuidado, terminará abriendo nuestro corazón... El Señor espera de nosotros frutos de amor, de justicia, de fraternidad... Y viene cada día a buscarlos..., sin desanimarse..., aunque no siempre encuentre lo que busca e incluso sea rechazado...
Qué amor más grande, qué infinita paciencia!... Por eso, ahora, más que preguntarnos nada, abramos nuestro corazón para percibir a este Dios que viene tantas veces a mi encuentro, que me rodea de detalles de amor y de ternura y que lo que desea de mí es que tenga una vida fecunda, que cree vida a mi alrededor...

sábado, 28 de mayo de 2016

Con qué autoridad haces esto? (Mc 11, 27-33)

Hoy intento ponerme en la piel de Jesús, entrar en su corazón... Qué sentiría cuando los sacerdotes, letrados y senadores; es decir, las máximas autoridades, los representantes de Dios ante el pueblo, le preguntan sobre su "autoridad..."? Y yo me pregunto, de dónde brota a esa inquietud? De una búsqueda sincera de conocer quién es Jesús, de reconocerlo como un enviado de Dios, del único de quien podía proceder dicha autoridad?... O, como en tantas ocasiones, era una manera de ponerlo en aprietos, de cuestionar su actuación? Búsqueda de la verdad o trampa?
Jesús, profundo conocedor del corazón humano, va a intentar desvelar lo que se esconde detrás de esa interpelación, haciéndoles otra pregunta... Es una pregunta sobre Juan el bautista... La pregunta es: el bautismo de Juan, era cosa de Dios o cosa de los hombres? Con esta pregunta les obliga a posicionarse... Ellos, representantes de Dios, tendrían que ser capaces de discernir lo que viene de Dios y lo que no... 
Me impresiona ver que estos hombres no buscan la verdad... Están en permanentes componendas, en equilibrios, en respuestas calculadas... No deliberan sobre la verdad, no se atreven a hacerse preguntas de fondo; su preocupación es: si decimos esto, nos dirán..., y si decimos lo otro... Y optan por ese "no sabemos..."
Queriendo poner en evidencia a Jesús, se han puesto en evidencia ellos mismos...
Y, me pregunto, realmente busco la verdad, lo que Dios quiere, aunque esto a veces me mueva el piso? Soy capaz de reconocer lo que hay de verdad en los demás, sin sentirme amenazado? Es mi corazón limpio y sincero en mi relación con los otros?
Y vuelvo a contemplar a Jesús... Su sagacidad, su inteligencia, su conocimiento del corazón humano, pero también su dolor y tristeza al ver la cerrazón de quienes deberían ser capaces de reconocerlo...
Y me pregunto una vez más... Señor, qué ves en mi corazón, en mi interior? Y le pido, dame un corazón sin doblez, un corazon limpio y sincero para buscar la verdad y reconocerla, venga de dónde venga, pues la verdad tiene su origen en Ti.

viernes, 27 de mayo de 2016

La higuera sin frutos. (Mc 11, 11-26)

Jesús tiene una mirada penetrante, profunda, que ve más allá de las apariencias.
Ha llegado a Jerusalén e inmediatamente va al Templo, a la casa de su Padre... El texto solo dice que "lo estuvo observando todo...", sin más comentario...
Al día siguiente, "sintió hambre". Esto me recuerda cuando, en su encuentro con la mujer samaritana y en la cruz, dice: Tengo sed... El hambre y sed de Jesús es algo más que una necesidad física... Lo que busca es algo más que higos para comer o agua para beber... Busca amor, acogida, honestidad...
El caso es que "vio de lejos una higuera con hojas, y se acercó para ver si encontraba algo, y al llegar no encontró más que hojas"...
Muchos comentaristas coinciden en que la higuera es una imagen del templo en tiempos de Jesús... Muchas hojas, pero sin fruto... Mucha apariencia, pero poca sustancia..., mucho lujo y un culto sumamente cuidado, pero poco amor y misericordia... Qué diagnóstico más terrible!... Por eso, cuando llega al Templo, expulsa a los vendedores, a los que mercaderías con las cosas de Dios y la fe de la gente, a los que habían hecho de la casa de su Padre, una cueva de bandidos...
Sin duda, este evangelio, al igual que los pasajes anteriores, sigue siendo una catequesis sobre la oración...Por eso, este texto, al final, nos remite a la esencia de la oración: la fe, la confianza en Dios, y al perdón, que alude a nuestra relación con los demás, a tener un corazón misericordioso...
En una primera lectura, estamos ante un texto un poco complicado. Sin embargo, si vamos al núcleo, no lo es tanto...
Hoy el evangelio nos invita a preguntarnos: cuando Jesús me ve, que encuentra? Muchas hojas y pocos frutos? Y nos invita a volver a lo esencial, a una relación con Dios basada en la confianza, en la transparencia, en la honestidad humilde de ponerme ante Él como soy, y a una relación misericordiosa y amorosa, especialmente con aquellos a quienes siento que les tengo algo que perdonar...
Que el Señor encuentre en mí el fruto que busca, aquello de lo que tiene hambre y sed...

jueves, 26 de mayo de 2016

El ciego Bartimeo (Mc 10, 46-53)

"Señor, que vuelva a ver". Esta es la petición que dirige el ciego de Jericó a Jesús.
Meditar este texto, después de los anteriores, hace que resuene de manera especial...
No hace mucho, se le había acercado uno para preguntarle cómo tener la vida eterna...(Mc 10,17-27). Poco después, Santiago y Juan le piden sentarse uno a su derecha y el otro a su izquierda (Mc 10, 32-45)... Unos piden seguridad, garantía de ser buenos, perfectos, dignos de recompensa; otros, poder, prestigio... Qué distinta la petición del ciego...! El lo que pide es volver a ver... Volver a ver porque, antes, había visto...
En la Biblia, la ceguera alude a la falta de fe; es decir, a la dificultad de ver a Dios presente y actuando en mi vida, en el mundo, en los acontecimientos...
Esta ceguera había llevado a Timeo a sentarse, a instalarse al borde del camino, al margen de la vida... Lo había colocado en una situación de desánimo, desesperanza, desaliento... Lo había convertido en un mendigo, esperando que alguien le diera lo que le hacía falta, con ese vacío que solo Dios puede llenar... Pero no ha perdido la esperanza... Por eso, cuando oye pasar a Jesús, le dirige una oración desgarradora y humilde...: "Jesús, ten compasión de mí"... Conoce el corazón tierno y humano de Jesús, y apela a él... Y pese a que intentan hacerlo callar, Jesús lo escucha y lo llama... Sí, Jesús escucha su grito, su oración, igual que escucha nuestros gritos y oraciones... Y cuál sería la emoción de Bartimeo al escuchar: "Ánimo, levántate, te llama"... Y, efectivamente, pega un salto y va corriendo donde Jesús... Y Jesús le dice lo mismo que a Santiago y Juan: "qué quieres que haga por ti?"... Y qué distinta petición..., "que vuelva a ver..." Y le fue concedido...
Será que es esta el tipo de oración que Dios escucha? Será que es esto lo que realmente necesitamos? Y, recobrada la vista, aquel hombre sigue a Jesús por el camino..., recobra su condición de seguidor de Jesús...
Y me vuelvo a preguntar, qué pido yo al Señor? Y le digo con confianza y humildad: que vea, pues solo así podré levantarme de mis postraciones y retomar el camino, que no es sin más mi camino sino el suyo...

miércoles, 25 de mayo de 2016

"Maestro, concédenos lo que te vamos a pedir" (Mc 10, 32-45)

"Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir", dicen Santiago y Juan, y Jesús responde con otra pregunta: "Qué queréis que haga por vosotros?"
Muchas veces nos quejamos de que nuestra oración no es escuchada; que pedimos, pero no sucede lo que solicitamos... Y eso ha hecho que la oración de petición esté devaluada...
Por eso, al leer el evangelio, he pensado... Qué es lo que solemos pedir?
Pedir lo que realmente conviene, lo que está verdaderamente alineado con el evangelio, con la esencia de las cosas, de la vida...; pedir con sabiduría, no es fácil.
El Señor elogió al rey Salomón cuando, al tener la oportunidad de que Dios le concediera lo que quisiera, no pidió ni riquezas ni poder, sino la sabiduría... (Sab 9). San Pablo nos dice que el Espíritu es el que nos ayuda a pedir lo que nos conviene... (Rm 8,26)
Todavía recuerdo una homilía que escuché  hace ya años a Dolores Aleixandre. Comentaba el Padre nuestro, y decía que está oración era como "la ortodoncia de nuestros deseos"; es decir, endereza, corrige nuestros deseos y nos dice qué es lo que debemos pedir: experimentar a Dios como Padre de todos; que sea conocido y amado; que este mundo sea realmente como Dios quiere, que se rija por los criterios del amor, la justicia, el servicio; que se haga su voluntad, que siempre es una voluntad amorosa, y no la nuestra; que nos dé lo que necesitamos hoy, sin ánimo de acumular; y la gracia del perdón...
La carta a los Hebreos, cuando habla de la oración de Jesús en Getsemaní, afirma que su oración fue escuchada (Heb 5, 7-8)... Y, sin embargo, Jesús murió en la cruz... Dios siempre escucha y actúa. Eso no quiere decir que hará exactamente lo que le pidamos... Su escucha muchas veces se expresa en la experiencia de sabernos acompañados y sostenidos en momentos en que sentimos que no podemos más... La oración no es para librarnos de vivir lo que la vida trae o para obtener privilegios. La oración es para tener la fortaleza y sabiduría necesarias para vivir la vida en toda su complejidad... 
Hoy podríamos preguntarnos... Y yo, qué le suelo pedir...?

martes, 24 de mayo de 2016

Dejarlo todo para recibirlo todo... (Mc 10,28-31)

"El que deje... recibirá ahora, y en la vida futura...".
En esta frase de Jesús, encontramos una de las tantas paradojas que nos presenta el evangelio... Curiosamente, el dejar, el total desapego, no nos deja vacíos, sin nada, en situación de precariedad, si no que crea en nosotros un espacio, una disposición que nos permite recibir... El vivir en la dinámica de la "no apropiación" -eso es dejar-, vivir con las manos abiertas, como aquel que deja correr el agua entre sus dedos, paradójicamente, es lo que nos permite desarrollar en nosotros la actitud de la acogida, de percibir y recibirlo todo como un don, como un regalo... Y, esto, ya aquí, ahora...; dispone nuestro corazón y nuestra mirada para percibir todo lo que Dios y los demás me ofrecen...
Pero no todo se agota en el aquí y ahora... Quien vive con las manos y el corazón abiertos, en actitud de entrega y de acogida, se dispone ya aquí, a la vida verdadera, a la vida en plenitud que nos espera más allá de esta vida... Lo que gustamos ya aquí, es como una especie de "degustación" de lo que nos espera y que, aquí, somos incapaces siquiera de imaginar... 
Por eso, en otro pasaje Jesús dice que la vida eterna empieza ya en el aquí y ahora, cuando hemos descubierto al Padre presente en nuestra vida... (cf. Jn 17,3).
Con todo, Jesús no es ingenuo... Sabe que, junto a esto, encontraremos persecuciones... Es decir, dificultades, cortapisas..., que en no pocas ocasiones nos desanimarán y tendremos la tentación de desistir, de abandonar, de pensar que no merece la pena vivir así... 
Seguir a Jesús es vivir fiados de su Palabra, de lo que El nos ha enseñado con su vida, de su sabiduría que nos da claves para vivir... En este caso, descubrir que, aunque en nuestro camino haya dificultades, aunque muchas veces se nos invite a lo contrario, la verdadera libertad se encuentra en el desapego, en el compartir (como veíamos ayer)... Y que es en esa no posesividad, donde nos volvemos capaces de recibir, de disfrutar, de agradecer, de percibir tantas cosas buenas que nos ofrece gratuitamente la vida, los demás, Dios...

lunes, 23 de mayo de 2016

El joven rico. (Mc 10, 17-27)

Alguien se acerca a Jesús y le pregunta: "Maestro, que tengo que hacer para heredar la vida eterna..." Este texto, conocido como el del joven rico, nos habla no solo de un joven sino de una persona, del ser humano...
Es curioso, esta persona podría considerarse llena, satisfecha... Parece tenerlo todo y no le sobrarían motivos para sentirse bien, plena... Es rico; es decir, tiene ampliamente cubiertas sus necesidades materiales, y vive de acuerdo a los mandamientos; es decir, lleva una vida recta... Pero, aun así, tiene la sensación de que le falta algo, siente ese vacío interior que experimentamos muchos de nosotros muchas veces... Entonces, Jesús lo mira con cariño, ha captado esa búsqueda profunda de algo más y le revela cómo puede llenar ese vacío, como puede encontrar esa plenitud que anhela: ve, vende todo lo que tienes, compártelo con los pobres y luego ven y sígueme... Ve, vende, comparte, sígueme... En ese orden... Y aquella persona frunció el ceño y se marchó triste... Buscaba una respuesta que no pusiera su vida patas arriba... Y, como muchos de nosotros, cuando oímos algo que no nos gusta, damos la media vuelta y nos marchamos... Enfadados (frunce el ceño) y, en el fondo, tristes (hemos perdido una oportunidad)... No tenemos el valor de hacer aquello que realmente nos falta, aun cuando en ello esté en juego nuestra felicidad, nuestra plenitud, la respuesta a nuestras búsquedas más profundas...
La cultura actual pone la felicidad en el tener, en el acumular... Y eso nos vuelve codiciosos... Siempre queriendo más, buscando más..., experiencias, conocimientos, placeres, coches, tecnología..., incluso personas... Pero eso no nos llena, vivimos con la sensación de que nos falta "algo". Incluso cuando nos esforzamos en vivir los mandamientos; es decir, las reglas básicas de convivencia, algo nos falta... Y Jesús nos da la clave... Lo que da la felicidad no es acumular compulsivamente, ni siquiera el ser moral y religiosamente intachables... Lo que da la felicidad, lo que nos hace plenos es el desapego (vende), pero un desapego orientado al compartir (vivir descentrado)... No se trata de no tener, se trata de vivir orientados hacia los demás... 
El ser humano alcanza su plenitud en el descentramiento, en la salida de sí, en el encuentro con el otro... Esto es lo que nos hace más semejantes a Dios, eso es lo que nos hace ser lo que realmente somos, donación, entrega, amor...

sábado, 3 de marzo de 2012

II Domingo de Cuaresma (Ciclo B): “Éste es mi Hijo amado: Escuchadle” (Mc 9, 2-11)

Este segundo domingo de Cuaresma, la liturgia nos presenta como lectura del evangelio de la eucaristía, el texto conocido como la Transfiguración de Jesús, en la versión de Marcos (9, 2-11).
Siempre, para entender un texto, tenemos que conocer su contexto.
La Trasfiguración está en la segunda parte del evangelio de Marcos, inmediatamente después del primer anuncio de la pasión, cuando Pedro se ha opuesto al camino de sufrimiento de Jesús (Mc 8,31-33), y de que Jesús ha hablado abiertamente, diciendo: “Quien quiera venir conmigo, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mc 8, 34-38), y poco antes del segundo anuncio de la pasión (Mc 9, 30-32). Esto, como es de esperar, no es casual. Nos viene a decir que el que anuncia que su vida tendrá un final violento y que será juzgado como malhechor, blasfemo, etc., es el mismo que tiene una relación especial con Dios.. ¡Vamos, que el ser Hijo de Dios no lo va a eximir de una vida de sufrimiento, persecución, malos entendidos, etc.! Sólo esto ya es una lección para nosotros, que creemos que, por creer en Dios, Él nos tiene que librar de toda suerte de males…
Pero, bueno, vamos despacio.
Después de que Jesús ha dejado a sus discípulos desconcertados con su primer anuncio de la pasión, toma aparte a Pedro, a Santiago y a Juan, y subió con ellos a un monte alto… Al parecer, tomó consigo a estos tres no porque fueran unos privilegiados, sino porque eran los más “duros de mollera”, a los que más les costaba entender el mensaje de Jesús, y Jesús tuvo que emplearse a fondo con ellos… Pero no les da discursos, no, los sube con Él a lo alto de la montaña, es decir, a un encuentro con Dios…
Recordemos que la montaña recuerda al Sinaí, donde Moisés hablaba con Dios como un amigo habla con otro amigo… Y allí, ¡Jesús aparece radiante! (es el significado de las vestiduras blancas resplandecientes), es decir, se muestra ante ellos en su más íntima esencia, en su identidad de Hijo de Dios, habitualmente velada por su humanidad… Sí, la transfiguración es la experiencia de descubrir a Jesús no como un mero hombre, ni siquiera como un gran hombre, un profeta o un hombre de Dios, sino como lo que es realmente, el Hijo de Dios. Y, seguramente, más de uno de nosotros hemos tenido ya esa experiencia… Porque, si no, aún no conocemos realmente quién es Jesús.
A continuación, aparecen Moisés y Elías conversando con Jesús. Ambos representan todo el Antiguo Testamento. La interpretación más usual es que esta escena pone de manifiesto que todo el Antiguo Testamento se orienta hacia Jesús, en quien tiene su pleno cumplimiento. Por eso el Padre dirá más adelante, refiriéndose a Jesús: “¡Éste es mi Hijo amado, escuchadle”! Ya no se trata de escuchar lo que hasta entonces habían dicho las Escrituras, sino de escuchar a Jesús, Palabra de Dios hecha hombre, humanidad…
La invitación, por tanto, de este segundo domingo de Cuaresma, es a ponernos a la escucha de Jesús, descubriendo en Él el Camino que nos conduce al Padre, la Verdad que nos revela quién es Dios realmente y la Vida en plenitud… Que no seamos como Pedro que lo primero que se le ocurre es plantar tres tiendas (¡no ha entendido nada!) sino como María, la que escucha la palabra de Dios y la pone en práctica.

sábado, 25 de febrero de 2012

I Domingo de Cuaresma (Ciclo B): "Convertíos y creed en el Evangelio" (Mc 1, 12-15)

El evangelio que se nos propone este primer Domingo de la Cuaresma ilustra de manera concisa pero llena de simbolismo, el Tiempo que estamos empezando.Estamos en los primeros versículos del evangelio según San Marcos (1,12-15). Allí se nos dice: “En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían.”
Jesús, después de ser bautizado por Juan, y antes de empezar su vida pública, es conducido por el Espíritu al desierto…
El desierto tiene una carga simbólica importante en todo el Antiguo Testamento. Es lugar de soledad, de prueba, de carencia; pero, al mismo tiempo, es lugar de encuentro con Dios, de purificación… Moisés y Elías estuvieron 40 días de oración en el desierto… El pueblo tuvo que permanecer allí 40 años antes de alcanzar la Tierra Prometida… Así, Jesús, en solidaridad con su pueblo, atraviesa esta misma experiencia…
El desierto no es necesariamente algo negativo… Incluso actualmente muchos, para escapar del estrés, buscan momentos de desierto… El desierto es profundamente sanador… El silencio cura, la soledad nos ayuda a descubrir lo verdaderamente importante… Es en el recogimiento interior donde nos encontramos con nosotros mismos y con Dios… Por eso la Cuaresma nos invita a introducirnos en el desierto, en la experiencia de volver a lo esencial, de dedicar momentos al encuentro con Dios en nuestra propia interioridad, pero no para “escapar” de nuestros compromisos cotidianos, sino precisamente para poder vivir esos compromisos desde el Evangelio, como Jesús…
En el desierto, Jesús convive con fieras… Esto evoca el Génesis, al primer Adán que vivía entre animales en completa paz y armonía… Pero también evoca nuestra vida, en la que vivimos rodeados de “fieras”, de dificultades, de circunstancias que no siempre sabemos sortear ni a las que acertamos a responder… Pero, allí, es servido por ángeles… Como nosotros, que estamos rodeados de la presencia y la protección de Dios… Pero esta presencia sólo es perceptible cuando hacemos silencio, cuando miramos la realidad con esos ojos que la penetran y nos permiten descubrir ese amor providente que, en medio de las dificultades, nos acompaña y nos protege.
Tal vez desde aquí es más fácil comprender esa llamada que Jesús nos hace: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.”
Jesús nos llama a la conversión… Pero esta conversión no es una cuestión moral… No… Jesús nos invita a enderezar nuestra vida y orientarla hacia Dios, para aprender a actuar de acuerdo a sus valores, a su proyecto sobre el mundo… Convertirnos es cambiar todo aquello que no se ajusta al evangelio, al estilo de vida de Jesús… Convertirnos es acoger en nuestra vida el Evangelio con toda su carga de compromiso… Convertirnos es volver a la casa del Padre, volver con los hermanos…
Aprovechemos este tiempo que se nos ofrece, estos 40 días de camino por el desierto, para volver nuestra vida a Dios y volver a nuestro mundo con el deseo de hacerlo más conforme al corazón del Padre.

sábado, 7 de junio de 2008

La mujer que lo dio todo... (Mc 12, 38-44)

El evangelio de hoy nos presenta dos maneras de vivir la relación con Dios y la ayuda a los demás (Mc 12,38-44). Por una lado, hay quienes viven la religión y la entrega a los demás de manera ostentosa pues, en realidad, lo que buscan es ser vistos, ser halagados, ser admirados... Por eso les encantada rezar en público, hacer grandes obras de caridad pero cuidando de ser vistos... Buscan salir en los periódicos, tener algún tipo de reconocimiento social por todo el bien que realizan... y se sienten muy desairados e incluso ofendidos cuando nadie les agradece todo el bien que hacen... incluso llegan a sentir que Dios está en deuda con ellos...
Por otro, en cambio, hay quienes han entendido la vida de una manera muy distinta... Y Jesús lo ilustra fijándose en una pobre viuda que entra en el templo y deposita una pequeña limosna oculta a la vista de todos, probablemente avergonzada por no poder dar más que unas pocas monedas...
Pero Jesús no se deja llevar por las apariencias... Lo que Jesús observa es que esa pobre mujer dio todo lo que tenía para vivir... Y he ahí la paradoja, aquellos que daban "mucho", en realidad estaban dando algunas pequeñas migajas, el sobrante de sus bienes, de su tiempo... En cambio hay quienes sencillamente lo dan todo, ¡he ahí la diferencia...!
¿A qué grupo pertenecemos nosotros? ¿Somos de aquellos que hacemos cosas pero con el deseo manifiesto o escondido de ser reconocidos, o somos como aquella pobre viuda, capaces de entregar lo mucho o poco que tenemos con el único deseo de ponerlo al servicio de los demás aunque nadie lo note ni nos lo agradezca?
Hagamos hoy alguna pequeña obra, tengamos algún pequeño gesto cuidando de permanecer ocultos... El Padre, que está en lo escondido, seguro que sonreirá complacido...

jueves, 5 de junio de 2008

¿Qué es lo más importante? (Mc 12, 28-34)

Un día, un letrado -es decir, un estudioso de la Escritura- le preguntó a Jesús cuál era el mandamiento más importante... (Mc 12,28b-34)
Ésta, en realidad, no es una pregunta baladí... Las religiones suelen estar llenas de mandamientos, preceptos, normas, hasta el punto de que se corría el riesgo de confundir lo fundamental con lo accidental...

Para Jesús no hay duda, el mandamiento principal, el que da sentido a todos los demás es: "Escucha Israel: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser".
Lo primero que hace Jesús es una llamada a la escucha... Lo primero que se nos pide es escuchar pues la iniciativa es siempre de Dios que nos habla a través de su Palabra, de hecho Jesús lo que hace es recoger una cita de la Escritura...

Con esto, Jesús viene a poner las cosas en su sitio... El primer mandamiento, el fundamento de nuestra relación con Dios es el amor... Dios, antes que ser obedecido, quiere ser amado... Y, fruto de ese amor, viene todo lo demás, que tiene sentido a medida que sea expresión de dicho amor... Por ejemplo, ir a misa los domingos sólo porque lo manda la Iglesia no tendría mucho sentido... Ir a la eucaristía dominical tiene sentido cuando es expresión de nuestro deseo de encontrarnos con el Señor, de alimentarnos de su Palabra, de su Cuerpo y de su Sangre, cuando deseamos aceptar su invitación de participar en su comida... Y es por eso que la Iglesia lo ha convertido en una norma.
Hacer las cosas por obligación al final va secando el corazón... En cambio, hacer las cosas por amor, porque con lo que hacemos intentamos corresponder a todo el amor que Dios derrama en nuestros corazones, eso sí que agrada a Dios y nos llena el corazón de amor y de vida...
Pregúntate: ¿cómo expresas a Dios tu amor?... Y ten algún detalle con Él en el día de hoy...

miércoles, 4 de junio de 2008

Nuestro Dios es el Dios de la Vida (Mc 12, 18-27)

El texto de Mc 12,18-27 nos narra otra polémica entre Jesús y los saduceos. En esta ocasión se trata de la resurrección de los muertos.
En tiempos de Jesús había dos corrientes. Una de ellas, representada por los fariseos, descubría en la Escritura testimonios que abrían a la esperanza de la resurrección; para la otra, en cambio, representada por los saduceos, no cabía esperar una vida futura… En este episodio los saduceos, al igual que ayer, tampoco buscan la verdad, sino que desean que Jesús apoye su posición, dejando en evidencia que es absurdo creer en una vida más allá de la muerte… Hay quienes dicen que a los saduceos les resultaba difícil creer en otra vida dado que formaban parte de la aristocracia y, por tanto, para ellos lo único real es el tiempo del que podemos disfrutar aquí y ahora…
¿Qué posición toma Jesús?
En primer lugar, Marcos recoge una de las perlas salidas de la boca del Maestro: “Estáis equivocados, porque no entendéis la Escritura ni el poder de Dios”… Y sí, este reproche también podría dirigirse a nosotros… Cuántas veces no entendemos el verdadero sentido de la Palabra de Dios y le hacemos decir lo que realmente no dice… Hay quienes la usan de manera fundamentalista para justificar sus posturas y hay quienes sencillamente la ridiculizan para quitarle autoridad… Y, claro, si no entendemos su sentido difícilmente podemos extraer de ella el verdadero mensaje que es la brújula que nos puede ayudar a vivir…
Jesús en esta ocasión toma partido. Para Él, Dios es un Dios de vivos, no de muertos… La esperanza en la resurrección, la certeza de que nuestra vida no termina aquí sino que llegará a su plenitud cuando volvamos a la casa del Padre, es la que nos alienta a vivir de manera comprometida el evangelio, la que ha animado a muchas personas a jugarse la vida…
El Dios de Jesús en quien creemos es el Dios de la vida… Por eso, todo lo que genere vida tiene en Él su origen… Y siempre que hay vida, podemos tener la certeza de que el Espíritu que es vida está presente…
Disfrutemos hoy de toda la vida que nos rodea, dentro y fuera de nosotros, y démosle gracias a Dios por querer compartir su vida con nosotros.

martes, 3 de junio de 2008

Ser como Jesús (Mc 12,13-17)

El evangelio de hoy (Mc 12,13-17) nos narra una trampa que los fariseos y herodianos tienden a Jesús. Impresiona ver cómo, sobre todo los fariseos, hombres profundamente religiosos y adoradores de Dios, lo que pretenden no es buscar la verdad sino cazar a Jesús, ponerlo en aprietos con una pregunta comprometida. Pero en esta ocasión no nos vamos a centrar en dicha pregunta sino en los términos en los que se dirigen a él: “Maestro, sabemos que eres sincero y que no te importa de nadie; porque no te fijas en apariencias, sino que enseñas el camino de Dios sinceramente”. Es una de las descripciones más bonitas de Jesús, realmente es su retrato… y dicho por sus enemigos tiene aún más valor…
Es en ese retrato en el que nos deberíamos mirar… Ojalá pudieran decir también de nosotros: “Realmente eres una persona sincera y que no te importa de nadie; porque no te fijas en apariencias, sino que enseñas el camino de Dios sinceramente…”
Por un momento veámonos en Jesús como si fuera un espejo… ¿Se podría decir esto de nosotros mismos? Si es así, démosle gracias… Si aún nos falta algo, pidámosle al Padre que nos llene de su Espíritu para irnos pareciendo cada vez más al único que deseamos asemejarnos: su Hijo y hermano nuestro, Jesús.

miércoles, 28 de mayo de 2008

¿Cómo ser el primero…? (Mc 10,32-45)

Vivimos en una sociedad competitiva que nos incita, más aún, nos exige ser los primeros… Quien no es el primero de la clase, el primero en llegar a la meta, el primero en una cadena de mando, se puede llegar a sentir profundamente frustrado…
Ser los “primeros” responde a un deseo profundo que llevamos todos dentro y, Jesús, cuenta con ello… ¡Él también nos estimula a ser los primeros! Pero, como siempre, maneja unos criterios muy distintos a los nuestros…
Normalmente se nos enseña que para ser los primeros tenemos que estar por encima de los demás, ser mejores que ellos, de allí muchas de las zancadillas, traiciones y malas artes que se utilizan de muchas formas, algunas de ellas sutiles, para pertenecer a ese selecto grupo de “ganadores”… Y de allí, también, muchas amarguras, al ver que otros nos llevan la delantera o, según nuestros parámetros, son mejores que nosotros, ocupan un mejor puesto, son más reconocidos…
Pero, ¿qué nos dice Jesús al respecto?
El evangelio de hoy nos cuenta un episodio de la vida de Jesús en el que dos de sus apóstoles –Santiago y Juan– le piden sentarse a su derecha y a su izquierda, es decir, ocupar un puesto privilegiado, por encima de sus demás compañeros… Los otros diez se indignaron al escuchar a estos dos hermanos, probablemente no porque les pareciera descabellada su petición, sino porque se les habían adelantado… Si Jesús les concedía lo que pedían, ellos quedarían desplazados, por tanto, lo que sentían era sencillamente envidia… (Mc 10,32-45)
Jesús, sin embargo, va a aprovechar este malestar, para dar una enseñanza… A fin de cuentas les viene a decir: ¿Vosotros queréis ser los primeros? ¡Me parece estupendo! Pues yo os voy a decir como serlo: poneros al servicio de los demás… En el Reino de mi Padre, aquellos que son más valorados son quienes han comprendido la lógica del amor, aquellos que han aprendido a regirse por los valores del Evangelio… Una vez más, se nos invita a vivir como vivió Jesús, que no vino para que le sirvieran sino para servir, que no estuvo en medio de la gente para ponerse por encima de nadie, sino para ser uno de tantos…
¡Cuántas veces buscamos destacarnos en algo y luchamos por ser los mejores! Como dice el refrán, “mejor se cabeza de ratón que cola de león”
¡Destaquémonos en el servicio, pues es lo que más nos asemeja a Jesús…! ¡No luchemos por los primeros puestos… aprendamos a estar en lugares discretos, como el Padre, que nos colma de sus dones y beneficios, manteniéndose en un discreto segundo plano, haciéndonos creer que todo lo hacemos por nuestras propias fuerzas e iniciativas…
Prueba hoy, en algún momento, a ceder el paso, a ceder protagonismo… y observa cómo el Padre sonríe al reconocer en ti las mismas actitudes de su Hijo Jesús…

martes, 27 de mayo de 2008

Hay más felicidad en dar que en recibir... (Mc 10,28-30)

“Quien deje casa, hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ya ahora, en la vida presente, cien veces más… y en la edad futura, vida eterna.” (Mc 10, 28-30).

Estas palabras de Jesús resultan un poco extrañas, ¿o paradójicas?... A primera vista parecería simple e incluso una buena inversión: Quien deja algo, lo que sea, por seguir a Jesús, recibirá el ciento por uno… Hay quien lo entiende de manera literal y, claro, a la vista está que, entendido así, no funciona, ¿o acaso yo he dado un donativo a Caritas de 10 euros y he recibido a cambio 1.000?
Entonces, ¿qué ha querido decir Jesús?
El ciento por uno supone una cantidad exorbitante… Es decir, aunque muchas veces nosotros vivamos como pérdida lo que entregamos –nuestro tiempo, nuestra comprensión, incluso nuestros bienes– todo lo que damos, vuelve hacia nosotros multiplicado, no en bienes materiales (¡ahí es donde para muchos está el mal entendido!) sino en plenitud, en felicidad interior, pues damos a esos bienes su verdadero sentido…
Jesús no se cansa de repetirlo en el Evangelio: el desprendimiento, la generosidad, la desapropiación proporcionan felicidad… Ya lo decía san Pablo recordando unas palabras de Jesús: "Hay más dicha en dar que en recibir"… Sólo el hecho de dar, tiene en sí su propia recompensa… Quienes han seguido esta invitación de Jesús, lo han experimentado y saben que es verdad…
Sí –como escuché hace poco en una conferencia– Jesús es Maestro de felicidad… En la vida actual muchos se presentan como Maestros de felicidad, pero es una felicidad caduca, superficial porque parte de una premisa equivocada: soy feliz mientras más tengo, mientras más aseguro mi vida… Jesús, en cambio, nos ofrece una felicidad que no se agota, una felicidad que colma nuestros deseos más profundos, una felicidad que crece y se multiplica a medida que salimos de nosotros mismos, que nos entregamos, que aportamos nuestro granito de arena para hacer de nuestro mundo un lugar de hijos y hermanos…