lunes, 28 de mayo de 2018
¿"Ser o tener" o "Ser para tener"? (Mc 10, 17-27)
martes, 13 de febrero de 2018
Hay cosas que solo se entienden con el corazón. (Mc 8, 14-21)
sábado, 6 de agosto de 2016
"Y se transfiguró delante de ellos..." (Mc 9, 2-10).
jueves, 2 de junio de 2016
Ama y haz lo que quieras. (Mc 12, 28b-34)
miércoles, 1 de junio de 2016
Dios es un Dios de vivos... (Mc 12, 18-27)
lunes, 30 de mayo de 2016
Parábola de los viñadores homicidas (Mc 12, 1-12)
sábado, 28 de mayo de 2016
Con qué autoridad haces esto? (Mc 11, 27-33)
viernes, 27 de mayo de 2016
La higuera sin frutos. (Mc 11, 11-26)
jueves, 26 de mayo de 2016
El ciego Bartimeo (Mc 10, 46-53)
miércoles, 25 de mayo de 2016
"Maestro, concédenos lo que te vamos a pedir" (Mc 10, 32-45)
martes, 24 de mayo de 2016
Dejarlo todo para recibirlo todo... (Mc 10,28-31)
lunes, 23 de mayo de 2016
El joven rico. (Mc 10, 17-27)
sábado, 3 de marzo de 2012
II Domingo de Cuaresma (Ciclo B): “Éste es mi Hijo amado: Escuchadle” (Mc 9, 2-11)
sábado, 25 de febrero de 2012
I Domingo de Cuaresma (Ciclo B): "Convertíos y creed en el Evangelio" (Mc 1, 12-15)
Jesús, después de ser bautizado por Juan, y antes de empezar su vida pública, es conducido por el Espíritu al desierto…
El desierto tiene una carga simbólica importante en todo el Antiguo Testamento. Es lugar de soledad, de prueba, de carencia; pero, al mismo tiempo, es lugar de encuentro con Dios, de purificación… Moisés y Elías estuvieron 40 días de oración en el desierto… El pueblo tuvo que permanecer allí 40 años antes de alcanzar la Tierra Prometida… Así, Jesús, en solidaridad con su pueblo, atraviesa esta misma experiencia…
El desierto no es necesariamente algo negativo… Incluso actualmente muchos, para escapar del estrés, buscan momentos de desierto… El desierto es profundamente sanador… El silencio cura, la soledad nos ayuda a descubrir lo verdaderamente importante… Es en el recogimiento interior donde nos encontramos con nosotros mismos y con Dios… Por eso la Cuaresma nos invita a introducirnos en el desierto, en la experiencia de volver a lo esencial, de dedicar momentos al encuentro con Dios en nuestra propia interioridad, pero no para “escapar” de nuestros compromisos cotidianos, sino precisamente para poder vivir esos compromisos desde el Evangelio, como Jesús…
En el desierto, Jesús convive con fieras… Esto evoca el Génesis, al primer Adán que vivía entre animales en completa paz y armonía… Pero también evoca nuestra vida, en la que vivimos rodeados de “fieras”, de dificultades, de circunstancias que no siempre sabemos sortear ni a las que acertamos a responder… Pero, allí, es servido por ángeles… Como nosotros, que estamos rodeados de la presencia y la protección de Dios… Pero esta presencia sólo es perceptible cuando hacemos silencio, cuando miramos la realidad con esos ojos que la penetran y nos permiten descubrir ese amor providente que, en medio de las dificultades, nos acompaña y nos protege.
Tal vez desde aquí es más fácil comprender esa llamada que Jesús nos hace: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.”
Jesús nos llama a la conversión… Pero esta conversión no es una cuestión moral… No… Jesús nos invita a enderezar nuestra vida y orientarla hacia Dios, para aprender a actuar de acuerdo a sus valores, a su proyecto sobre el mundo… Convertirnos es cambiar todo aquello que no se ajusta al evangelio, al estilo de vida de Jesús… Convertirnos es acoger en nuestra vida el Evangelio con toda su carga de compromiso… Convertirnos es volver a la casa del Padre, volver con los hermanos…
Aprovechemos este tiempo que se nos ofrece, estos 40 días de camino por el desierto, para volver nuestra vida a Dios y volver a nuestro mundo con el deseo de hacerlo más conforme al corazón del Padre.
sábado, 7 de junio de 2008
La mujer que lo dio todo... (Mc 12, 38-44)
jueves, 5 de junio de 2008
¿Qué es lo más importante? (Mc 12, 28-34)
miércoles, 4 de junio de 2008
Nuestro Dios es el Dios de la Vida (Mc 12, 18-27)
martes, 3 de junio de 2008
Ser como Jesús (Mc 12,13-17)
Es en ese retrato en el que nos deberíamos mirar… Ojalá pudieran decir también de nosotros: “Realmente eres una persona sincera y que no te importa de nadie; porque no te fijas en apariencias, sino que enseñas el camino de Dios sinceramente…”
Por un momento veámonos en Jesús como si fuera un espejo… ¿Se podría decir esto de nosotros mismos? Si es así, démosle gracias… Si aún nos falta algo, pidámosle al Padre que nos llene de su Espíritu para irnos pareciendo cada vez más al único que deseamos asemejarnos: su Hijo y hermano nuestro, Jesús.
miércoles, 28 de mayo de 2008
¿Cómo ser el primero…? (Mc 10,32-45)
Ser los “primeros” responde a un deseo profundo que llevamos todos dentro y, Jesús, cuenta con ello… ¡Él también nos estimula a ser los primeros! Pero, como siempre, maneja unos criterios muy distintos a los nuestros…
Normalmente se nos enseña que para ser los primeros tenemos que estar por encima de los demás, ser mejores que ellos, de allí muchas de las zancadillas, traiciones y malas artes que se utilizan de muchas formas, algunas de ellas sutiles, para pertenecer a ese selecto grupo de “ganadores”… Y de allí, también, muchas amarguras, al ver que otros nos llevan la delantera o, según nuestros parámetros, son mejores que nosotros, ocupan un mejor puesto, son más reconocidos…
Pero, ¿qué nos dice Jesús al respecto?
El evangelio de hoy nos cuenta un episodio de la vida de Jesús en el que dos de sus apóstoles –Santiago y Juan– le piden sentarse a su derecha y a su izquierda, es decir, ocupar un puesto privilegiado, por encima de sus demás compañeros… Los otros diez se indignaron al escuchar a estos dos hermanos, probablemente no porque les pareciera descabellada su petición, sino porque se les habían adelantado… Si Jesús les concedía lo que pedían, ellos quedarían desplazados, por tanto, lo que sentían era sencillamente envidia… (Mc 10,32-45)
Jesús, sin embargo, va a aprovechar este malestar, para dar una enseñanza… A fin de cuentas les viene a decir: ¿Vosotros queréis ser los primeros? ¡Me parece estupendo! Pues yo os voy a decir como serlo: poneros al servicio de los demás… En el Reino de mi Padre, aquellos que son más valorados son quienes han comprendido la lógica del amor, aquellos que han aprendido a regirse por los valores del Evangelio… Una vez más, se nos invita a vivir como vivió Jesús, que no vino para que le sirvieran sino para servir, que no estuvo en medio de la gente para ponerse por encima de nadie, sino para ser uno de tantos…
¡Cuántas veces buscamos destacarnos en algo y luchamos por ser los mejores! Como dice el refrán, “mejor se cabeza de ratón que cola de león”
¡Destaquémonos en el servicio, pues es lo que más nos asemeja a Jesús…! ¡No luchemos por los primeros puestos… aprendamos a estar en lugares discretos, como el Padre, que nos colma de sus dones y beneficios, manteniéndose en un discreto segundo plano, haciéndonos creer que todo lo hacemos por nuestras propias fuerzas e iniciativas…
Prueba hoy, en algún momento, a ceder el paso, a ceder protagonismo… y observa cómo el Padre sonríe al reconocer en ti las mismas actitudes de su Hijo Jesús…
martes, 27 de mayo de 2008
Hay más felicidad en dar que en recibir... (Mc 10,28-30)
“Quien deje casa, hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ya ahora, en la vida presente, cien veces más… y en la edad futura, vida eterna.” (Mc 10, 28-30).
Estas palabras de Jesús resultan un poco extrañas, ¿o paradójicas?... A primera vista parecería simple e incluso una buena inversión: Quien deja algo, lo que sea, por seguir a Jesús, recibirá el ciento por uno… Hay quien lo entiende de manera literal y, claro, a la vista está que, entendido así, no funciona, ¿o acaso yo he dado un donativo a Caritas de 10 euros y he recibido a cambio 1.000?
Entonces, ¿qué ha querido decir Jesús?
El ciento por uno supone una cantidad exorbitante… Es decir, aunque muchas veces nosotros vivamos como pérdida lo que entregamos –nuestro tiempo, nuestra comprensión, incluso nuestros bienes– todo lo que damos, vuelve hacia nosotros multiplicado, no en bienes materiales (¡ahí es donde para muchos está el mal entendido!) sino en plenitud, en felicidad interior, pues damos a esos bienes su verdadero sentido…
Jesús no se cansa de repetirlo en el Evangelio: el desprendimiento, la generosidad, la desapropiación proporcionan felicidad… Ya lo decía san Pablo recordando unas palabras de Jesús: "Hay más dicha en dar que en recibir"… Sólo el hecho de dar, tiene en sí su propia recompensa… Quienes han seguido esta invitación de Jesús, lo han experimentado y saben que es verdad…
Sí –como escuché hace poco en una conferencia– Jesús es Maestro de felicidad… En la vida actual muchos se presentan como Maestros de felicidad, pero es una felicidad caduca, superficial porque parte de una premisa equivocada: soy feliz mientras más tengo, mientras más aseguro mi vida… Jesús, en cambio, nos ofrece una felicidad que no se agota, una felicidad que colma nuestros deseos más profundos, una felicidad que crece y se multiplica a medida que salimos de nosotros mismos, que nos entregamos, que aportamos nuestro granito de arena para hacer de nuestro mundo un lugar de hijos y hermanos…

