- Pretender identificar el Reino de Dios, un mundo como Dios quiere, con el bienestar material... Reducir nuestra misión evangelizadora a dar pan para el cuerpo y olvidarnos de dar el pan espiritual... Creer que si satisfacemos las necesidades de la gente, las atraeremos más fácilmente a la fe... (convertir las piedras en pan).
- Pretender que si Dios es Dios, debe responder a todas nuestras peticiones, solucionar todos nuestros problemas, como si se tratase de un talismán o una varita mágica... (tirarse de lo alto de Templo)... Creer que si presentamos a un Dios "milagrero", la gente elegirá nuestro Dios ante otros dioses que también les ofrecen fáciles soluciones...
- Pretender usar el poder como el medio más fácil para doblegar voluntades y hacer un mundo según la voluntad de Dios... ¡Qué contradicción! (adórame y todo será tuyo)...
sábado, 15 de enero de 2011
Las tentaciones de Jesús (Mt 4,1-11)
miércoles, 12 de enero de 2011
Abecedario Cristiano
Alaba a Dios en cada circunstancia de la vida.
Busca la excelencia, no la perfección.
Cuenta tus bendiciones en vez de sumar tus penas.
Devuelve todo lo que tomes prestado.
Encomienda a tres personas cada día.
Fíate de Dios de todo corazón.
Gózate con los que gozan y llora con los que lloran.
Haz nuevos amigos y aprecia a los que ya tienes.
Invita a Cristo a ser tu Señor y Salvador.
Jamás pierdas una oportunidad de expresar amor.
Lee tu Biblia y ora cada día.
Mantente alerta a las necesidades de tu prójimo.
No culpes a los demás por tus infortunios.
Olvida las ofensas y perdona así como Dios te perdona.
Promete todo lo que quieras; pero cumple todo lo que prometes.
Que se te conozca como una persona en quien se puede confiar.
Reconoce que no eres infalible y discúlpate por tus errores.
Sé la persona más amable y entusiasta que conoces.
Trata a todos como quisieras que te traten.
Únete al ejército de los agradecidos.
Vístete de misericordia, humildad y paciencia.
Y no te olvides de soportar a los demás como a ti te soportan.
Záfate de las garras seductoras de Satanás.
Y lo mejor, llénate del amor de Dios que todo lo puede y está dispuesto a amarte siempre.
sábado, 8 de enero de 2011
Fiesta del Bautismo de Jesús (Ciclo A). Mt 3, 13-17
miércoles, 5 de enero de 2011
Fiesta de los Reyes Magos o de la Epifanía del Señor (Mt 2, 1-12)
El día 6 de enero la Iglesia celebra la Fiesta de la Epifanía del Señor, popularmente conocida como la Fiesta de los Reyes Magos. En muchos países, esta fiesta se celebra el domingo más próximo al 6 de enero; por eso, muchos de vosotros seguramente ya la habéis celebrado el domingo pasado… por lo que el día 6 pasa “sin pena ni gloria”. En otros, tiene una particular relevancia, pues es el día en que los niños reciben sus tan deseados juguetes…
Esta fiesta no es sin más una tradición popular entre otras, pues tiene su origen en los relatos de la infancia elaborados por el evangelista san Mateo. El domingo pasado os decía que los relatos de la infancia pretenden darnos a conocer, desde el principio, la identidad de Jesús; es decir, quién es y cuál es su misión.
Mateo no narra propiamente el nacimiento de Jesús, aunque deja claro el lugar del mismo: Belén; en esto coincide con Lucas. En cambio, tiene interés en narrar la visita de unos magos venidos de Oriente… ¿Por qué?
Es curioso. En el evangelio de Lucas son unos pastores, es decir, unos pobres, quienes visitan a Jesús; en el evangelio de Mateo, en cambio, son unos sabios… La razón es sencilla y coherente con ambos evangelios… Lucas tiene especial interés en resaltar que Jesús ha venido sobre todo para los pobres, los excluidos, los marginados, los que no cuentan… ¡precisamente estos son los preferidos de Dios!… ¡Dios se fija en quienes nadie se fija!… Y son estos quienes acogen su mensaje con más facilidad... Mateo, en cambio, como escribe para judíos convertidos al cristianismo, quiere resaltar que el evangelio es para todos, es universal… Y eso porque los judíos tenían la tendencia a creer que, al ser el pueblo elegido, Dios vendría exclusivamente para ellos… En realidad, ésta es una tentación muy frecuente, pues muchas veces nos seguimos empeñando en separar a la humanidad entre creyentes e increyentes, justos y pecadores, etc., cuando Jesús se encarnó por todos y para todos, no para un pueblo, una raza o una religión, sino que, como dice el Prólogo de san Juan, “Jesús es la luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo” (Jn 1,9), no sólo a los cristianos.
El evangelio nos recuerda que Dios es Padre de todos… Que Él llama a todos… Y que quien lo busca con sincero corazón, como aquellos Magos de Oriente, lo encuentra… Dios está deseando ser encontrado… No juega al escondite… Pone muchas estrellas en nuestro camino que nos conducen hacia Él… el tema es dejarnos conducir, seguir las pistas que Él nos ofrece…
Que no nos ocurra como en este relato en el que, paradójicamente, quien encuentra a Jesús no es Herodes, un judío que conocía la profecía, pero a quien no le interesaba en absoluto, sino unos “paganos” que, sin haber escuchado nunca las Escrituras, “creyeron” en el mensaje de aquella estrella y la siguieron…
sábado, 1 de enero de 2011
Jornada Mundial por la Paz 2011
martes, 28 de diciembre de 2010
Oración de Fin de Año
sábado, 25 de diciembre de 2010
Mensaje Urbi et Orbi del Papa Benedicto XVI -Navidad 2010
"Verbum caro factum est" - "El Verbo se hizo carne" (Jn 1,14).
Queridos hermanos y hermanas que me escucháis en Roma y en el mundo entero, os anuncio con gozo el mensaje de la Navidad: Dios se ha hecho hombre, ha venido a habitar entre nosotros. Dios no está lejano: está cerca, más aún, es el "Emmanuel", el Dios-con-nosotros. No es un desconocido: tiene un rostro, el de Jesús.
Es un mensaje siempre nuevo, siempre sorprendente, porque supera nuestras más audaces esperanzas. Especialmente porque no es sólo un anuncio: es un acontecimiento, un suceso, que testigos fiables han visto, oído y tocado en la persona de Jesús de Nazaret. Al estar con Él, observando lo que hace y escuchando sus palabras, han reconocido en Jesús al Mesías; y, viéndolo resucitado después de haber sido crucificado, han tenido la certeza de que Él, verdadero hombre, era al mismo tiempo verdadero Dios, el Hijo unigénito venido del Padre, lleno de gracia y de verdad (cf. Jn1,14).
"El Verbo se hizo carne". Ante esta revelación, vuelve a surgir una vez más en nosotros la pregunta: ¿Cómo es posible? El Verbo y la carne son realidades opuestas; ¿cómo puede convertirse la Palabra eterna y omnipotente en un hombre frágil y mortal? No hay más que una respuesta: el Amor. El que ama quiere compartir con el amado, quiere estar unido a él, y la Sagrada Escritura nos presenta precisamente la gran historia del amor de Dios por su pueblo, que culmina en Jesucristo.
En realidad, Dios no cambia: es fiel a sí mismo. El que ha creado el mundo es el mismo que ha llamado a Abraham y que ha revelado el propio Nombre a Moisés: Yo soy el que soy... el Dios de Abraham, Isaac y Jacob... Dios misericordioso y piadoso, rico en amor y fidelidad (cf. Ex 3,14-15; 34,6). Dios no cambia, desde siempre y por siempre es Amor. Es en sí mismo comunión, unidad en la Trinidad, y cada una de sus obras y palabras tienden a la comunión. La encarnación es la cumbre de la creación. Cuando, por la voluntad del Padre y la acción del Espíritu Santo, se formó en el regazo de María Jesús, Hijo de Dios hecho hombre, la creación alcanzó su cima. El principio ordenador del universo, el Logos, comenzó a existir en el mundo, en un tiempo y en un lugar.
"El Verbo se hizo carne". La luz de esta verdad se manifiesta a quien la acoge con fe, porque es un misterio de amor. Sólo los que se abren al amor son cubiertos por la luz de la Navidad. Así fue en la noche de Belén, y así también es hoy. La encarnación del Hijo de Dios es un acontecimiento que ha ocurrido en la historia, pero que al mismo tiempo la supera. En la noche del mundo se enciende una nueva luz, que se deja ver por los ojos sencillos de la fe, del corazón manso y humilde de quien espera al Salvador. Si la verdad fuera sólo una fórmula matemática, en cierto sentido se impondría por sí misma. Pero si la Verdad es Amor, pide la fe, el 'sí' de nuestro corazón”
Y, en efecto, ¿qué busca nuestro corazón si no una Verdad que sea Amor? La busca el niño, con sus preguntas tan desarmantes y estimulantes; la busca el joven, necesitado de encontrar el sentido profundo de la propia vida; la busca el hombre y la mujer en su madurez, para orientar y apoyar el compromiso en la familia y en el trabajo; la busca la persona anciana, para dar cumplimiento a la existencia terrenal.
"El Verbo se hizo carne". El anuncio de la Navidad es también luz para los pueblos, para el camino conjunto de la humanidad. El "Emmanuel", el Dios-con-nosotros, ha venido como Rey de justicia y de paz. Su Reino -lo sabemos- no es de este mundo, sin embargo, es más importante que todos los reinos de este mundo. Es como la levadura de la humanidad: si faltara, desaparecería la fuerza que lleva adelante el verdadero desarrollo, el impulso a colaborar por el bien común, al servicio desinteresado del prójimo, a la lucha pacífica por la justicia. Creer en el Dios que ha querido compartir nuestra historia es un constante estímulo a comprometerse en ella, incluso entre sus contradicciones. Es motivo de esperanza para todos aquellos cuya dignidad es ofendida y violada, porque Aquel que ha nacido en Belén ha venido a liberar al hombre de la raíz de toda esclavitud.
Que la luz de la Navidad resplandezca de nuevo en aquella Tierra donde Jesús ha nacido e inspire a israelíes y palestinos a buscar una convivencia justa y pacífica. Que el anuncio consolador de la llegada del Emmanuel alivie el dolor y conforte en las pruebas a las queridas comunidades cristianas en Irak y en todo Oriente Medio, dándoles aliento y esperanza para el futuro, y animando a los responsables de las Naciones a una solidaridad efectiva para con ellas. Que se haga esto también en favor de los que todavía sufren por las consecuencias del terremoto devastador y la reciente epidemia de cólera en Haití. Y que tampoco se olvide a los que en Colombia y en Venezuela, como también en Guatemala y Costa Rica, han sido afectados por recientes calamidades naturales.
Que el nacimiento del Salvador abra perspectivas de paz duradera y de auténtico progreso a las poblaciones de Somalia, de Darfur y Costa de Marfil; que promueva la estabilidad política y social en Madagascar; que lleve seguridad y respeto de los derechos humanos en Afganistán y Pakistán; que impulse el diálogo entre Nicaragua y Costa Rica; que favorezca la reconciliación en la Península coreana.
Que la celebración del nacimiento del Redentor refuerce el espíritu de fe, paciencia y fortaleza en los fieles de la Iglesia en la China continental, para que no se desanimen por las limitaciones a su libertad de religión y conciencia y, perseverando en la fidelidad a Cristo y a su Iglesia, mantengan viva la llama de la esperanza. Que el amor del "Dios con nosotros" otorgue perseverancia a todas las comunidades cristianas que sufren discriminación y persecución, e inspire a los líderes políticos y religiosos a comprometerse por el pleno respeto de la libertad religiosa de todos.
Queridos hermanos y hermanas, "el Verbo se hizo carne", ha venido a habitar entre nosotros, es el Emmanuel, el Dios que se nos ha hecho cercano. Contemplemos juntos este gran misterio de amor, dejémonos iluminar el corazón por la luz que brilla en la gruta de Belén. ¡Feliz Navidad a todos!
[Traducción distribuida por la Santa Sede
© Libreria Editrice Vaticana]
