lunes, 10 de noviembre de 2008

Señor, no soy digno de que entres en mi casa pero una palabra tuya bastará para sanarme (Mt 8,5-13)

Esta pequeña oración que repetimos siempre en la eucaristía antes de comulgar, ha sido tomada de esta segunda curación que Jesús realiza en la sección de los milagros del evangelio de Mateo, la curación de un criado de un centurión romano.
Intentemos leer la escena recreándola con nuestra imaginación… Jesús entra en Cafarnaum y se le acerca un militar romano, es decir, un cargo importante del ejército de ocupación… ¿Os lo podéis imaginar? Se le acerca sin temor a ser menospreciado o reprendido… ¿Qué tendría Jesús que todos se le acercan sin miedo al rechazo?
Y, efectivamente, Jesús lo acoge, escucha con interés su preocupación y, por propia iniciativa, se muestra dispuesto a ir a la casa de aquel romano… Esto, si os dais cuenta, es un escándalo… ¿Cómo va a ir un judío, más aún, el Mesías, a casa de los enemigos del pueblo? Pero, a la vista está, que para Jesús no hay judíos ni gentiles, lo que hay son personas… Jesús no nos mira desde el exterior, con las etiquetas que cada uno de nosotros tenemos o que nos han ido poniendo, sino que nos ve como lo que somos, hijos de Dios, necesitados de su amor, de su compasión, de sanación…
El centurión responde al gesto de Jesús con esta oración hermosa: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa…” Y sí, así es… nadie somos dignos de que el Señor venga a nuestra casa, a nuestra vida, aunque nos ha elegido como morada de su Espíritu… Y continúa: “pero di una sola palabra y mi criado sanará”…
Estas palabras reflejan una fe ciega en el poder curador de la palabra de Jesús… Sí, la palabra de Dios tiene fuerza… Cuando se escucha y se acoge con fe, puede sanarnos profundamente por dentro…
Jesús, al escucharlo, queda sobrecogido, profundamente sorprendido, y no duda en elogiar públicamente la fe de este romano… No tiene prejuicios, ni tiene miedo a lo que la gente pueda pensar… sencillamente expresa lo que ve y lo que siente… Y concluye diciendo: “Anda, que te suceda como has creído”…
Este texto es una invitación a acercarnos a Jesús, a expresarle con sencillez ya no sólo nuestras necesidades –como el leproso– sino a pedir por aquellos que nos rodean, porque el centurión no pide nada para sí, sino para un criado… Pidamos con fe, con confianza… y creamos en la fuerza sanadora de su palabra…
Y la próxima vez que vayas a comulgar, repite esa sencilla oración, consciente de que, al comulgar, es el Señor mismo el que ha deseado habitar en tu vida y sanarla…

9 comentarios:

Anónimo dijo...

gracias tu monografia me "toco"me hizo bien.

Mario Gómez Vargas dijo...

Excelente, era justo lo que necesitaba leer. Un comentario simple pero profundo. Gracias

Anónimo dijo...

Muchas gracias, esta frase del oficial romano, un gentil, denota que es posible a todo hombre, sea judio o gentil (hoy día cristiano, pagano, agnostico o ateo), poder experimentar la FE. Y apartir de ella, recibir la gracia del Señor, cuando se quiere creer y se pide con autentica humildad y deseo. El Señor Jesús, siempre manifestó su reconocimiento a la Fe de estos hombres (Recordemos también por ejemplo al buen ladrón, a quien le prometió que estaría juento a él ese mismo día en el Cielo, y a la Magdalena, ambos notables pecadores públicos, pero arrepentidos y suplicando el perdón con una Fe inquebrantable).

Anónimo dijo...

Te agradezco enormemente haberme encontrado con esto en internet.... El señor entró en mi casa, y no quiero que se vaya.....

Aunque a veces lo abandono, se que él siempre esta ahi para escucharme.


Por intermedio de esto y si Dios y Jesus pudiesen leer estos agradecimientos, quiero expresar mi devoción al señor nuestro Dios.... Lo unico que le pido es que me ayude a contribuir con mi humildad, a pedir sin miedo, a eliminar los nervios que me retuercen en cada momento de aflicción.... Sentirme pleno y seguro que él me ayudara.

Concepcion dijo...

Existe una paradoja en esta oración, desde varios puntos de vista: en primer lugar no termina en "bastará para sanarme", sino "para sanarle", si se quiere expresar conforme a Mt 8, 5-13. Y si queremos expresar el verdadero amor que no es la salvación de uno mismo, sino de los demás. Por otro lado si con una palabra Suya es suficiente para llenarnos de gracia, para qué decirlo antes de comulgar, es como si no nos lo creyéramos, que no es suficiente Su palabra, y necesitáramos además algo mas que entre en nosotros, para que El entre en nuestra vida.

Anónimo dijo...

Escuchaba la misa y no me sentia quieta por que mi corazon se encontraba muy lastimado y repeti estas palabras en mi interior despues de ello comulgue y me senti purificada y libre.

Anónimo dijo...

Señor Yo creo en tí, Sáname por tu inmensa misericoriida te lo ruego, yo tampoco soy digo de que entre en mi casa, pero Tu todo lo puedes y una palabra tuya bastará para sanarme! Alabado sea mi Señor Jesús

Anónimo dijo...

Señor, no soy digno de que entres...
El y yo en la intimidad.
El que todo lo sabe, que todo lo ve.
El con su infinita Misericordia me sanara de todo.
¿quien soy yo para que entres en mi...?
¡que maravilla!
¿como puedo yo corresponder a este gran amor de Jesús?

Anónimo dijo...

Señor, no soy digno de que entres...
El y yo en la intimidad.
El que todo lo sabe, que todo lo ve.
El con su infinita Misericordia me sanara de todo.
¿quien soy yo para que entres en mi...?
¡que maravilla!
¿como puedo yo corresponder a este gran amor de Jesús?