sábado, 1 de mayo de 2010

La estrategia de Satanás (Mt 12, 43-45)

La segunda intervención de Jesús antes de concluir este capítulo nos puede resultar bastante extraña y difícil de comprender. Por eso, antes de leer este comentario, os sugiero que leáis con detenimiento el texto.

Una vez más, recordemos el contexto. Estamos en la sección del evangelio de Mateo que habla sobre el rechazo a Jesús (cc. 11-13). En el pasaje anterior, Jesús les decía a los escribas y fariseos que al rechazarlo a él, no estaban rechazando a cualquiera, pues él era aún más importante que Jonás y que Salomón. En esta perícopa, en cambio, nos advierte sobre las consecuencias de este rechazo. Para ello, en vez de desplegar grandes argumentos, narra una parábola. Dice así:

«Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda vagando por lugares áridos en busca de reposo, pero no lo encuentra».

La expresión "espíritu inmundo" se refiere a esta experiencia del mal en nosotros a la que se le dan muchos nombres: Satanás, diablo, etc… Jesús recuerda que Él tiene poder para liberarnos de esta mala influencia; de hecho sus exorcismos han demostrado que Él es más poderoso que el mal y que quien se encomienda a Él, puede desalojar de sí esos "demonios" que muchas veces nos habitan (malos deseos, malas intenciones, miedos que nos dominan…). Pero, al mismo tiempo, nos hace caer en la cuenta de que el poder del mal no queda sin más eliminado, sino que siempre busca algo o alguien a quien "poseer", en quién "habitar". Y no hablamos de esas posesiones típicas que vemos en las películas… Estar poseído por el demonio es estar sometido a su influencia, a su acción, ser instrumento del mal en el mundo… Ésta es la primera enseñanza…

«Entonces dice: Me volveré a mi casa, de donde salí…»

Si leemos despacio, encontramos una afirmación tremenda, el "espíritu inmundo" considera al ser humano "su casa"… Es allí donde se siente a gusto, donde se siente acogido, y hará todo lo posible para volver a ella, para volver a someternos a su influencia.

«Y al llegar la encuentra desocupada, barrida y en orden…»

Con esta imagen, Jesús nos dice que el problema no es tanto que ese "espíritu inmundo" nos ronde para volver a habitarnos, sino que nuestra casa, es decir, nosotros, estamos "deshabitados"… ¿Qué quiere decir con esto? Realmente Jesús es un genio creando parábolas ricas en imágenes… Lo que nos dice es que de nada sirve que Él nos libere del mal si, al mismo tiempo, no acogemos su mensaje, su amor, su camino en nuestra vida… Y ésta es la segunda enseñanza… Nuestra "casa" no puede estar desocupada… O la habita el bien o la habita el mal… No hay medias tintas… O somos instrumentos de Dios, haciendo vida sus enseñanzas, acogiendo sus llamadas e inspiraciones; o somos mediación del mal… No hay posturas neutrales…

«Entonces va y toma consigo otros siete espíritus…»

La parábola termina con una advertencia dura… El mal está siempre al acecho e intenta apoderarse de nosotros cada vez con más fuerza, por eso tenemos que estar siempre vigilantes… No basta escuchar a Jesús, tenemos que dejar que realmente habite en nuestra vida…

Con esta parábola Jesús no busca "meternos miedo"… No se trata ahora de hablar de posesiones demoniacas, exorcismos, etc., como en las películas de terror… Es algo más sencillo aunque no menos importante… El mensaje de Jesús es: Todos pertenecemos a alguien, todos tenemos a algo o alguien que "gobierna" nuestra vida… Esto es así… Por eso, si me rechazáis a Mí, quedaréis a merced de otras voces, otras llamadas que no buscan vuestro bien y que terminarán dañándoos a vosotros y a quienes os rodean…

Insisto, no se trata de tener miedo, sino de abrirnos a la influencia de Dios en nosotros, acogerlo, seguirlo y dejar que nos inunde con su amor y con su vida…

1 comentario:

Anónimo dijo...

Buen comentario la vvd tienes la razón espero q dios te siga iluminando