sábado, 2 de octubre de 2010

“Pedro camina sobre las aguas” (Mt 14, 24-36)

Después de la multiplicación de los panes, Jesús ha mandado a sus discípulos a que atraviesen el lago y vayan por delante de Él a la otra orilla… (En el comentario anterior hemos dado algunas pinceladas sobre el significado de este relato…) Por tanto, nos situamos en aquella travesía…

Los discípulos están en medio del lago cuando se desata una tormenta y experimentan el viento en contra… Este episodio tiene un fuerte contenido simbólico… Ir a la otra orilla es ir más allá; en este caso concreto, suponía ir a tierra de paganos… y esto, para un judío, era casi temerario… Tal vez por eso, en el trayecto experimentan el viento en contra… Cuando queremos salir de lo ya conocido y explorar nuevos territorios, cuando queremos anunciar el Evangelio allí donde no se atreve a ir nadie, muchas veces experimentamos la oposición y la dificultad… Por tanto, en realidad, al contemplar a estos discípulos, nos podemos contemplar a nosotros mismos…

Aquellos pobres hombres son conscientes del peligro; algunos de ellos son pescadores… No es la primera vez que se enfrentan a una tormenta. Poco antes, se han enfrentado a una, pero Jesús iba con ellos y calmó el mar (Mt 8,23-27). Pero ahora están solos; el Maestro se ha quedado en la orilla… Cuando nos sentimos solos, todo se nos hace más difícil…

Pero Jesús los observa desde la orilla… Aunque muchas veces no lo sintamos a nuestro lado, está siempre acompañándonos, pendiente de lo que nos sucede… Y viene a su encuentro, a nuestro encuentro, caminando sobre el agua…

Caminar sobre el agua tiene un alto significado teológico… El agua, más aún, el mar, simboliza el mal con toda su fuerza incontrolable y destructiva… Y, según el Antiguo Testamento, ¡sólo Dios puede caminar sobre las aguas! Ellos se asustan, no lo reconocen… Pero Jesús rápidamente dice una frase inconfundible: “¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!” ¡Hermosa frase…! Estas palabras las tendríamos que tener grabadas en el corazón… Precisamente cuando atravesemos por momentos difíciles, escuchar en nuestro corazón al Señor que nos dice: “¡Ánimo, no tengas miedo, yo estoy contigo!”…

Entonces, Pedro le dice: “Si eres Tú, mándame a ir a ti andando sobre el agua”… Es una oración hermosa… Pedro no sólo quiere caminar sobre las aguas, sino que quiere ir hacia Jesús… Sin embargo, sabe que es imposible caminar sobre el agua, sabe que hay situaciones que le superan, pero ha experimentado ya que para Jesús, nada hay imposible, que con Él lo podemos todo… Y, efectivamente, Jesús le responde: “Ven”…

Lo que viene a continuación lo sabemos todos… Pedro salta de la barca, empieza a caminar sobre el agua, pero al ver la fuerza del viento, empieza a hundirse… ¡Vaya!... Cuando deja de mirar a Jesús y se centra en las dificultades, se hunde… Por eso Jesús le dirá: “¡Qué poca fe!”… Es un reproche que también el Señor nos dirige a cada uno de nosotros… ¡Cuántas veces también nosotros dudamos y, por eso, nos hundimos…! Y de Pedro sale otra oración: “¡Señor, sálvame!” Y Jesús lo toma de la mano y suben juntos a la barca…

Realmente es un episodio precioso… Es una invitación a confiar en el Señor, a creer que con Él podemos atravesar por “cañadas oscuras”, como dice el salmo 22… En este caso, lo más significativo no es que Jesús calme la tempestad, sino que Pedro es capaz de ir por encima de la tempestad… Es decir, no se trata de que el Señor elimine muchos de nuestros problemas, sino que, con Él y fiados de su Palabra, las dificultades no podrán vencernos…

1 comentario:

Anónimo dijo...

esta mui bueno