lunes, 7 de julio de 2008

Padre nuestro (1). Mt 6, 9


A partir de hoy os voy a proponer como materia de oración el Padre nuestro… Es la principal oración del cristiano pues en ella se resume todo el mensaje de Jesús… (Mt 6,5-15) El Padre nuestro está en la mitad del Sermón del Monte… Anselm Grün comenta que “todas las exigencias del Sermón de la montaña están agrupadas en están agrupadas en esta oración central” (o.c. p. 32). Por eso, quien interioriza el sentido de esta plegaria, interioriza todo el evangelio y el modo de ser cristiano…
El contexto en el que Mateo introduce esta oración es el siguiente: Jesús está instruyendo a sus discípulos sobre el modo en que hay que orar… Previamente ha criticado el modo en que oran los hipócritas, sencillamente para ser vistos… Recomienda no hacer de la oración un espacio para hablar sin parar de nuestros problemas y preocupaciones… Si estamos llenos de palabras (verbales o en el pensamiento) es difícil escuchar, y la oración es, sobre todo, escuchar al Padre… lo que él tiene que decirnos sobre estas preocupaciones o problemas…
Jesús, consciente de la importancia de orar –Él mismo era un gran orante, se pasaba las noches enteras en compañía de su Padre– nos enseña como hacerlo, y es allí donde nos propone el Padre nuestro…
Lo primero que nos dice es que toda oración debe ser dirigida al Padre… Por eso empieza con esa invocación: “Padre”. La experiencia fundamental del cristiano es ésta: adoramos a un Dios que es, sobre todo, Padre… Un Padre que nos acoge, que nos ama incondicionalmente, en quien podemos descansar confiados… Antes que ser todopoderoso u omnipotente es todoternura… La oración es un gesto de confianza, de abandono en brazos del Padre/Madre que nos acoge, nos protege, nos da seguridad y protección… De esta experiencia brota todo lo demás… Porque experimentamos a Dios como Padre amoroso, vamos aprendiendo que nuestro modo de relacionarnos con los demás no puede ser más que éste: mostrar ternura, compasión, acogida, cercanía…
Repite a lo largo de tu jornada la palabra Padre, gustándola internamente, haciéndote consciente de que tu vida está en sus manos, en su regazo… Gusta de esos instantes de amor y de presencia… Y, si puedes, dedica unos minutos sencillamente a repetir y gustar esa palabra en tu interior, acogiendo todo el amor que el Padre está deseando comunicarte…

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