miércoles, 11 de junio de 2008

Jesús Maestro de la Felicidad (3). Mt 5, 7-12


Hace dos días hemos comenzado a hacer breves comentarios sobre el Sermón de la Montaña, concretamente sobre las Bienaventuranzas... Hoy os propongo considerar las últimas propuestas de Felicidad realizadas por Jesús: "Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán "los hijos de Dios". Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten, y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros".
La invitación a ser misericordiosos es una llamada a ser como Dios, que es bueno con todos, justos e injustos, agradecidos y desagradecidos... La misericordia es la actitud de quien tiene el corazón sensible ante la fragilidad y limitaciones de los demás; un corazón comprensivo y, por eso, condescendiente..., no porque todo le dé igual, sino porque comprende y espera, convencido que sólo la misericordia permite al otro ser mejor... La misericordia es lo contrario al juicio y la exigencia... Pero no es sólo eso, sino que se nos ofrece un regalo: quien sea misericordioso experimentará, a su vez, la mirada misericordiosa de Dios sobre su propia vida...

Felices los que tienen el corazón limpio, sin prejuicios... Un corazón agradecido, sencillo... Porque quien no tiene prejuicios y tiene los ojos abiertos, descubrirá las huellas de Dios en la vida: en las personas, en los acontecimientos, en todo lo que lo rodea, en su propio corazón... Y quien ve a Dios presente en todo y en todos, ¡es feliz!
Y, sí, felices los que trabajan por la paz... La paz ("shalom") es el conjunto de todos los bienes que permiten que una persona viva con la dignidad que le corresponde, todo aquello que le proporciona bienestar... Por eso el "shalom" es la bendición de Dios... Por eso, trabajar por la paz significa trabajar por el bienestar de los hermanos, por hacer un mundo más justo, más fraterno, según el corazón de Dios, pues con ello demuestran que son sus hijos pues actúan del mismo modo que actúa su Padre...
Y aunque parezca increíble, dichosos cuando experimentemos persecuciones por vivir de acuerdo al Evangelio (¡no cualquier persecución, claro!)... Sí, dichosos porque, aunque nos sintamos solos y abandonados a nuestra suerte, no es verdad, el Padre está de nuestra parte, Él velará por nuestra causa... igual que hizo con Jesús... Y seremos felices porque sabemos que el Padre está contento con nosotros pues buscamos agradarle a Él, sólo a Él...
Realmente las bienaventuranzas nos ofrecen pistas concretas para vivir la vida como Jesús... Son tan esenciales, que necesitamos dedicarles algunos días para interiorizarlas y asimilarlas...
Por eso, permitidme que no escriba este blog durante unos días, con el único deseo de que tengáis tiempo de orar lo que Jesús nos propone como camino de felicidad...
Toma cada una de las bienaventuranzas... Pregúntate cómo la entiendes, cómo la vives... y pídele al Padre descubrirlas como el camio de la felicidad...

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