lunes, 30 de junio de 2008

"Amad a vuestros enemigos..." (Mt 5,43-48)

Entre nosotros es común el modo de actuación al que alude Jesús: Saludamos a los que nos saludan, hacemos favores a nuestros amigos o a quienes nos caen bien; en cambio, evitamos a los que nos caen mal y, sinceramente, no solemos echar una mano a quien en algún momento nos ha podido perjudicar... más aún, ¿quién no se ha alegrado alguna vez de la desgracia de alguien que le ha hecho daño? (Mt 5,43-48).
Este modo de actuar lo consideramos "normal", es decir, espontáneo...; es lo que nos brota... y nadie lo considera criticable... pues aquel contra quien actuamos así se lo merece, se lo ha buscado...
Frente a este modo de reaccionar Jesús nos dice: "Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre..." Es decir, nuestro modelo de referencia es Dios, su modo de actuar, su modo de ver las cosas... Y Jesús nos pone un ejemplo: El Padre hace salir el sol sobre buenos y malos, y hace llover sobre justos e injustos...
Esta propuesta de Jesús supone una gran libertad interior pues implica que actuamos movidos por convicciones y no estamos a merced del contexto... Me explico...
Una persona que se relaciona con los demás en virtud del comportamiento que aquella otra persona tiene con ella, no es libre... Si yo saludo porque el otro me saluda, si yo le contesto mal porque aquella me ha tratado mal, es el otro quien determina mi modo de actuar, no yo... Jesús nos viene a decir que hacer el bien es una opción que brota de una decisión personal, independientemente de la respuesta que yo encuentre en el otro...
Seguramente conocéis el caso de un hombre que todas las mañanas saludaba muy cortésmente a un vendedor de periódicos que siempre lo trataba con desdén... Un amigo que iba con él todas la mañanas un día le dijo: "No entiendo porqué le hablas tan amablemente a ese hombre que te trata de manera tan grosera", a lo que su amigo le contestó: "Este hombre no va a decidir si yo soy amable o no..." Y, sí, así es el Padre... Dios es Amor y no puede ni sabe hacer otra cosa que amar, aunque nosotros no respondamos a su amor... Como dice un proverbio chino: "Ámame cuando menos lo merezca, ya que es cuando más lo necesito".
El distintivo de los primeros cristianos era el amor a todos, incluidos los enemigos que los perseguían para darles muerte, ¿es también el nuestro?

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